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Culto
Mario Siperman, tecladista y fundador de los Cadillacs: “Aunque sea para disimular, la industria no debería premiar sólo reggaetón”

Mario Siperman, tecladista y fundador de los Cadillacs: “Aunque sea para disimular, la industria no debería premiar sólo reggaetón”

El músico cuenta cómo la banda se renueva para tocar en países como Chile, donde vuelven para hacer dos shows. Además, habla de cómo sobrevivir a la adultez en una banda de espíritu juvenil y cómo hacer frente al reggaetón.

El tecladista Mario Siperman siempre es el primero en ser enviado al frente de batalla. Aunque es probable que nadie reconozca de inmediato su rostro y su nombre, es la voz de una parte importante de las entrevistas de Los Fabulosos Cadillacs, mientras la figura más popular y visible del conjunto, Vicentico, se resta con frecuencia de las grabadoras para remitir su protagonismo al escenario.

“Es el rostro más conocido, pero yo soy la voz más conocida. Como grupo somos muchos y tratamos de repartirnos. El hace muchas más cosas que yo, la tarea del cantante es mucho más desgastante que la del tecladista, así que está bueno darnos una mano mutuamente. Nos conocemos hace 35 años, cada uno puede hablar en nombre de la banda y los otros van a estar de acuerdo”, dice el músico, al teléfono desde Buenos Aires.

Son los métodos que han adoptado los argentinos para sobrevivir por más de tres décadas y, sobre todo, para enfrentar su segunda vida como agrupación, inaugurada en 2008 con un retorno que ya es permanente y que el año pasado concibió el aplaudido disco conceptual La salvación de Solo y Juan. Pero distribuir la vocería no es la única estrategia de supervivencia establecida en el último tiempo.

“Por ejemplo, también desterramos la palabra ‘carrera’”, subraya Siperman, como una suerte de determinación extrema que suena mejor cuando se ejecuta en la práctica: los músicos han optado por impulsar un presente sin las urgencias ni las presiones de antaño, calibrando sus propios plazos y dando aire a sus inquietudes solistas, en un estilo propio de la vida adulta, cuando las responsabilidades artísticas también deben compartir prioridades con la familia.

El tecladista sigue: “Con la adultez aprendimos a llevar los tiempos que de verdad son placenteros. Sacamos el concepto de ‘carrera’ con ese sentido de algo vertiginoso, ya no tiene sentido que sea así. Ya no tienes que decir ‘sí’ a todo lo que te ofrecen o hacer algo rápido porque te da miedo que se puedan olvidar de ti”.

Bajo esa mirada, las visitas a Chile han adquirido una frecuencia altísima, conforme con esa intención de marchar sin mayores apuros, presentándose cada vez ante un público que les garantiza la ovación, la fiesta y la reverencia. Probablemente no hay hinchada en Latinoamérica tan entregada al credo de Los Cadillacs.

Un reencuentro que esta vez sucederá en septiembre, con shows el 13 en Movistar Arena y el 16 en el Gran Arena Monticello. “Siempre va a estar bueno ir a Chile dos veces al año”, expresa.


-Su último disco ganó dos Grammy Latinos y fue elogiado por la crítica. Esos logros, van en sincronía con la recepción del público de los nuevos temas?

-Sí, en algún sentido, y no también. Hicimos un álbum en un momento en que está volviendo la cultura de hacer sólo temas sueltos, por lo que fuimos en contra de la corriente. Mucha gente se sentó a escucharlo y se sumergió en la historia. Son desafíos menos masivos, pero tampoco pretendíamos tener súper canciones súper famosas en todas las radios.

-Los Grammy que ganaron eran de la categoría Rock. ¿Qué le dice eso? ¿Es un estilo que sigue atado a bandas clásicas, sin existir renovación?

-No quiero pecar de soberbios, porque capaz que lo nuestro no sea mejor, aunque yo creo que sí, pero no soy quién para decirlo. Esa entrega de los Grammy fue la cosa más aburrida del mundo, sólo se escuchaba reggaetón. El único oasis de algo distinto fue lo nuestro, pero el resto era todo reggaetón, más reggaetón, más reggaetón. Por lo menos marcamos una diferencia. Aunque sea para disimular, la industria debería estar premiando otras cosas: música brasileña, folclor de algún país, tango. O sea, si vos vas a robar un banco, cuando entras estás tratando de pasar inadvertido, no vas a entrar con un cartel que diga “ladrón de bancos”. Aquí es igual: aunque sea para disimular hipócritamente, la industria no debería premiar sólo reggaetón.

-¿Es más difícil hacerse un espacio hoy, en comparación con los 80 o los 90?

-Sí, aunque siento que para el rock hay una vuelta al espíritu de principios de los 60, donde crecía como algo independiente, fuera de las multinacionales. Hoy existe muchísima música buena en Argentina, lo que pasa es que hay que salir a encontrarla y descubrirla, no esperar que te la muestren. Hay grupos independientes que llenan estadios y la gente ni los conoce. Hoy se mueve todo en nichos.

-¿Cómo se motivan para seguir tocando en un lugar que conocen tanto como Chile?

-Vamos a renovar un poquito la lista de temas, porque los clásicos de siempre tienen que estar. Eso es lo malo del mundo de hoy, la gente te recrimina que hiciste la misma lista hace dos días en Colombia, pero bueno, yo les digo: ‘¡pero vos no estuviste en Colombia!”.

-¿Tiene alguna opinión de lo sucedido en marzo en un show del Indio Solari, donde falló la seguridad y hubo muertos?

-Pienso que cuando los recitales son tan masivos hay que hacerlos en lugares más preparados. En Chile nos pasó algo parecido, es complicado mover gente dentro de ámbitos preparados, imagino en los lugares que no. Nosotros aprendimos de algunos errores que tuvimos, aunque igualmente la cantidad de gente que llevaba el Indio a Olavarría es algo que nosotros nunca llevamos.

Sobre el autor:

Claudio Vergara |
Subeditor de Espectáculos de La Tercera y periodista especializado en música popular.