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Culto
Jaime Lorca y sus muñecos vuelven a respirar

Jaime Lorca y sus muñecos vuelven a respirar

Mientras prepara una versión de El rey Lear para enero, el ex La Troppa repone hoy Chef y sale de gira con Otelo.

La pequeña carpa desafiaba la ventolera en la playa chica de Cartagena. Bajo las luces de colores y desde la gradería, hasta la costura más grosera del escenario sobre el que se presentaba una versión infantil de Caperucita roja lucía como paraje de un inmenso bosque ante los ojos del dramaturgo y director chileno Jaime Lorca. “Fue en 1966. Tenía 6 años y era la primera obra con marionetas que veía en mi vida. Debió ser mucho más precaria de lo que la recuerdo, pero siempre me quedé con la idea de que había presenciado un espectáculo notable”, recuerda. Desde luego, asumió después, la magia había hecho su efecto.

Pudo ser el comienzo de todo, cuenta: “Cada vez que pienso en una historia la llevo al plano del objeto, de la materialidad y la fantasía, aunque siempre desde lo real o lo que parece serlo. Nuestros muñecos respiran y oyen, lo cual es raro para el público. Era algo que sabía cuando fundé la compañía Viajeinmóvil (2005): nuestro lenguaje iba a ser muy pequeño, y por esa razón es que hacemos historias mínimas en las que no pasan cosas ni tan importantes como los mismos personajes a los que les ocurren”.

La de Chef, por ejemplo, el montaje que el ex La Troppa estrenó en 2010 basándose en el satírico ensayo Una modesta proposición del irlandés Jonathan Swift de 1729, narra el desesperado intento de un quebrado cocinero por enderezar su vida al decidirse a participar de un programa de televisión. Protagonizado por el propio Lorca, en escena se manipulan alimentos y aliños entre la humareda de una cocina en medio del set. Varios cobran vida “gracias a una especie de malabarismo culinario”, según el actor, mientras ayudan a develar la descabellada teoría de Swift: si los ricos no tienen problema en alimentarse de los pobres, ¿por qué no lo harían también a costa de los hijos de ellos?

“Chef es otra historia minúscula, y contada por un fracasado además, más minúsculo aún”, bromea. “Sin embargo, posee una doble resonancia hoy por todo lo ocurrido recientemente con el Sename y esos niños. Debe ser la prueba más clara de que la carta que Swift publicó en los años de hambruna en su país sigue latente a pesar del paso del tiempo”, agrega. A siete años de su debut, Chef tendrá dos nuevas funciones, hoy y mañana, en el Anfiteatro Bellas Artes, el mismo espacio que Lorca dirige desde fines de 2011.


A la gorra

Están en las esquinas del Parque Forestal, bajo los árboles o de cara al río Mapocho. Son las palomas mensajeras enviadas por el actor de 57 años para echar a correr la voz: en la sala aledaña al Museo de Bellas Artes está a punto de comenzar la función, y quien quiera puede ingresar, ver el espectáculo y, solo si lo desea y puede, depositar su aporte voluntario en la gorra que circula entre los presentes. “Desde que instauramos las funciones a la gorra en el anfiteatro hemos tenido un incremento en el público de un 120%. No da para costear el espacio sino para pagar algunas cuentas, es cierto, pero la relación con la gente es otra, más horizontal. Ya ni siquiera nos roban el confort, y puede que parezca un detalle ridículo, infame incluso, pero da señales de otro comportamiento”, opina.

Tras el reestreno de Chef, Lorca saldrá de gira con su versión de Otelo de Shakespeare; primero por Lima (18 y 19 de agosto) y luego Londres, entre el 24 y 30 de septiembre. “Después de 30 giras por 17 países, creo que hallamos un lenguaje muy cercano a lo que podríamos llamar universal”, dice. “No solo es una historia que saca el lado más animal y primitivo del hombre, sus celos y envidias, sino que está contada de tal forma que hasta un chino podría entenderla sin subtítulos. El año pasado dirigí junto a Aliocha de la Sotta la Muestra de Dramaturgia Nacional, y aunque aprendí muchísimo durante el proceso, creo que algunos creadores perdieron el olfato de lo que la gente quiere y necesita ver. En ese sentido sigo pensando el teatro como un servicio público que solo culmina una vez que se muestra a la gente. Son ellos quienes completan el círculo”, agrega.

En 2015, Lorca volvió a refugiarse en los brazos de Shakespeare al convertir Ricardo III en una historia actual sobre el bullyng en colegios. Para enero próximo, en tanto, estrenará en el mismo anfiteatro su propia versión de El rey Lear, que también recurrirá a la artesanía y lenguaje de la marioneta: “El gran escenario es el teatro, pues desde ahí está planteada la obra”, cuenta. “Esta vez indagaremos en la relación padre-hija, en la demencia senil de ese progenitor y en la herencia familiar material e inmaterial. Si Shakespeare se adelantó 400 años al femicidio con Otelo, y al bullyng en Ricardo III, en Lear fue aún más allá y nos miró a partir de quiénes somos y de todos los que vinieron antes que nosotros. En El rey Lear toda la tragedia se desata por una herencia, pero es otra cosa la que subyace”, concluye.

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