*

Culto
Ela Minus trae a Chile su tiny dance análogo listo para iluminar al mundo

Ela Minus trae a Chile su tiny dance análogo listo para iluminar al mundo

La colombiana será la telonera del show de Juana Molina. Aquí, habla de su carrera, de su relación con Chile, de música pequeñita y más.

Hay todo un mundo tras Ela Minus. Su nombre de pila es Gabriela Jimeno y lleva casi dos décadas involucrada en la música desde distintas aristas. Tocó la batería en Ratón Pérez, banda originaria de su natal Colombia, y tras partir a Boston a perfeccionar sus estudios musicales, decidió ampliar la gama de sonidos que iban desde el punk al metal, y aventurarse en Balancer, un proyecto compuesto por colombianos y un puertorriqueño en el que comenzó a conocer de cerca sonidos como la psicodelia y el indie.

Luego de pasar por estudios de percusión en el Berkeley College of Music, sumó una nueva carrera que termina por definir la vereda que pisa por estos días como Ela Minus.

Ahora vive en Nueva York, tiene una cartera de cortos experimentales, y volverá a Santiago de Chile para abrir el agotado primer show de Juana Molina. Está emocionada con regresar a la ciudad que la fascinó musicalmente cuando recién trabajaba en su epé debut. “Astro era de las bandas que más admiraba en Latinoamérica y por eso me acerqué a Andrés Nusser para trabajar”, dice sobre la colaboración y apoyo que encontró en el productor y en Pol Infante. “Me encantó trabajar con ambos, son músicos y personas increíbles. A Andrés le agradezco cuánto me empujó a los lugares a los que yo no sabía que podía llegar. Su producción y su trabajo de voces fue muy importante para que yo me atreviera a cantar en la manera en que lo hice, sin miedo y sin ego”, cuenta sobre el proceso que tuvo Grow, su segundo corto trabajado en la capital chilena donde, por fin, encontró en Nusser una persona que entendiera la afinidad al hardware y el rechazo a las laptops.

Su voz es parte importante de los tres cortos que ha entregado. Es, tal vez, el instrumento más relevante de la música que ha tildado orgánicamente como Tiny Dance, un recorrido corto pero cargado de cambios. “Los nombres describen el trabajo bastante literalmente, tanto personal como musicalmente. Ela Minus fue como un re-nacimiento muy personal y se puede aplicar la metáfora de un bebé: Dijo sus primeras palabras (First Words), después le tomé una foto mientras crecía (Grow) y terminó por adaptarse (Adapt)”

En las tres entregas, la artista descubrió que el término que más le acomodaba era esto de la “música chiquita”. “Cuando describía lo que estaba haciendo, la imagen de una pareja de abuelitos bailando “chiquito” era una referencia visual muy clara para mí”, comenta sobre la etiqueta que acompaña sus tracks en plataformas como Soundcloud o Bandcamp. Ese mismo aliento es el que busca retratar Minus en su obra que hoy nace y se desarrolla desde Nueva York.

“Hay que ser honestos: Estados Unidos solía ser mucho más progresista, más tolerante, y mucho más inteligente en temas como sus políticas de género y de inmigración, precisamente por eso es que tantos migramos hacia el norte. Que no se nos olvide eso, que la historia reciente no borre al resto, no nos podemos dejar convencer que esta oscuridad es normal y que las cosas como están ahora es como han sido siempre”, relata reflexionando su situación de Colombiana en el país del norte. “Mi arte ha sido afectado por el escenario actual del planeta entero. Y claro, el de Estados Unidos y de Colombia. Son tiempos muy cargados de cambios y de oscuridad (la oscuridad entendida también como metáfora de ignorancia). Todos estamos corriendo en un cuarto oscuro, intentando agarrarnos de cualquier cosa que encontremos para sentir un poco de certeza y paz. Lo que yo quiero hacer con mi arte es prender una luz dentro de ese cuarto oscuro para que nos podamos ver los unos a los otros y solucionar cómo salir de ahí, juntos”.

Algo así como “prender esta luz” es lo que sintió cuando escuchó a Juana Molina. “Me enamoró desde que escuché “Un Día”, hace muchos años”, recuerda. “‘Un día voy a ser otra distinta’, canta con esa voz y esa melodía poderosísima que se repite en mi cabeza bastante seguido. Siempre vuelvo a esa canción cuando leo su nombre. La admiro muchísimo, como ser humano, como música, como mujer. Ella es uno de los modelos a seguir más poderosos de la música latina y es un honor volver a abrirle un concierto”.

No es menor, sabe que la condición de mujer está llena obstáculos. “Están en todos los contextos y en todos los sentidos”, parte. “Últimamente lo que más me ha costado es darme cuenta qué tanta presión siento de verme bien. La presión estética. Me he dado cuenta del peso que tiene mi imagen comparada a mi trabajo. Es como si todas las mujeres del entretenimiento tuvieramos que vernos como modelos y yo soy música, no modelo. Y aún así, siento la presión de cuidarme como modelo. Esa no soy yo y no me gusta sentirme mal al respecto o sentirme presionada, cosa que no creo que le pase a los hombres”. Es un mundo de chicos, lo sabe, y es directa con ellos: “hombres, atrévanse a apoyar a mujeres a las cuales no se sientan atraídos físicamente”, pero también con las mujeres, a quienes llama a atreverse a no apoyarse en su belleza física para validar su trabajo.

Su voz y capacidad de iluminar espacios son sólo alguna de sus armas. Tiene otras un poco más técnicas y exquisitas como es trabajar análogamente todos sus trabajos. “Todos son análogos pero en Adapt la mezcla también lo fue. Fueron muchos desafíos técnicos”, comenta sobre un proceso que tuvo que deconstruir y empezar a ver desde la parte de diseño más que de la post-producción. También fue gratificante, se atrevió y aprendió. “El reto era volver a las raíces de la música electrónica, improvisada, sin tanto control, sin tanta atención al detalle, dejar que las máquinas respiren, cometer errores, glitchear, que los clocks se muevan, que el low end se salga de control… Me encanta lo natural de crear un sistema que prácticamente tiene vida propia”, remata. Así es como Ela Minus le da las herramientas a sus obras para que ellas emigren y lleguen a iluminar los espacios más oscuros, como Molina la iluminó a ella con su poder, las mismas fuerzas que decorarán el Teatro San Ginés este próximo 12 de agosto.

Sobre el autor: