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Culto
Me Llamo Sebastián: “El arma más potente de este patriarcado es la violencia de la imposición”

Me Llamo Sebastián: “El arma más potente de este patriarcado es la violencia de la imposición”

“Esa parada de la diversidad o lo no heterosexual, no sé cómo decirlo en realidad, pasa por épocas ¿o no? El glam, por ejemplo, tenía una estética súper gay. Puede ser que estemos viviendo uno de esos períodos en Chile”, dice Sebastián Sotomayor, más conocido como (Me Llamo) Sebastián, artista que lleva casi toda su vida en la música. O algo así.

Su papá lo escuchó cantar en la ducha y flipó al punto de llevarlo a programas de televisión donde nunca encajó. Muy-poco-flaco, muy-poco-“hombre”. Luego de pasar por estudios de música decidió olvidar la aspiración a ser el Luis Miguel chileno y se dedicó a mezclar todo lo que aprendió: teclados locos, gritos del estómago, harto teatro, y bajo esta tónica ya tiene cuatro discos y se alista para presentar el más oscuro y melancólico de todos, que antes de finalizar el año será lanzado con bombos y platillos como la radiografía de momentos sombríos.

Desde chico vio a referentes como Freddie Mercury, sin saber realmente que era tal. Le gustaba la balada de Laura Pausini y el discurso de Illapu. “Cosas de radio”, como dice él que bien temprano se dio cuenta que “no me gustaba lo mismo que a todo el mundo”, y no es una afirmación respecto a sus tendencias musicales, más bien personales. Poco le importa que lo vean como homo o hetero, tuvo pololas como pololos.

Que ser gay sea tema “es una cuestión de colegio. Llevo años asumiendo que lo soy”, dice el responsable de ‘Hijos del Peligro’, potente canción que con su respaldo visual dejó en claro las terribles y normalizadas acciones que pasan dentro de su comunidad. Eso sí, no es que quiera ser líder de alguien. “Soy un faro y hablo sobre lo que veo y me pasa”, y lo que ve y pasa son niños baleados en una discoteca sólo por besar a quienes “no deberían”.

El Pastor Soto una vez le mandó un tweet y lo encontró hasta chistoso. “Esas cosas tan homofóbicas (y sobre todo desde esa parte de la sociedad) ya no me violentan”, dice, aunque sí se siente agredido cuando los mismos discriminados, discriminan. “Hay otros gays que hablan de mi trabajo y dicen ‘tu banda le hace mal a la comunidad porque no todos somos colas, no todos somos afeminados’ y yo sólo me quedo con esta impotencia de pensar ‘amigo, has sido discriminado toda tu vida, desde chico, no puedes tener esa visión’. O sea, si tú quieres ser un gay Iguales (sin desmerecer) y casarte y tener un lugar en esta sociedad de mierda, bacán. Yo te voy a apañar y voy a firmar lo que tenga que firmar y si me pagai para tocar en tu matrimonio ahí voy a estar, pero no puedes pretender que todos queramos eso”.

Él no lo quiere, dice: “Yo apaño a que cada quien haga lo que quiera mientras sea feliz. Si te hace feliz la figura religiosa del matrimonio, ok. A mí no me define. Yo tengo relaciones largas, con tres personas y dudo que pronto exista una figura legal que ampare mi decisión”.

Sebastián practica el amor libre. “Hace ocho años abrí mi relación y tenemos vínculos paralelos. Hay que entender que los celos son inseguridad tuya, que esa volá de la exclusividad sexual no tiene relación con amar. Yo te amo, te cuido, te visito cuando estás enfermo, nos miramos y nos reímos y salen chispas, eso es amor”.

“No es un harem, que quede claro”, añade, y dice que sólo se trata de redes de gente que está dispuesta a aprender del otro y formar resistencia en un mundo peligroso. “Nadie quiere algo malo para quien ama”.

“Tu corazón es ultra ancho y nadie merece la culpa”, canta en ‘Las Polillas’. “Yo me acuerdo de la culpa que sentí cuando no me gustaban las niñas, cuando me empezaron a gustar otros hombres… Me sentí culpable toda la vida y eso no es vivir”.

¿Pero cómo llegar a ser tan antisistémico? Lo de la homosexualidad es tema casi de costumbre, lleva años haciéndose fuerte. Lo del amor libre es más complejo. Lucha con los celos pero siempre recuerda lo esencial: “Siento que el arma más potente de este patriarcado es la violencia de la imposición. Siento que la única forma de combatirlo es brillar como quieras brillar. Debe ser porque vi mucho Buffy, la cazavampiros cuando chico”, relata entre risas.

“Así de simple es. El género no existe. No hay nadie mejor que otro por el genital que tiene o por la cantidad de gente con la que se acuesta. Yo no ando imponiendo cosas a los demás en mi vida, espero que nadie lo haga conmigo”, remata.

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