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Culto
Juan Morris, biógrafo de Cerati: la literatura de los muertos

Juan Morris, biógrafo de Cerati: la literatura de los muertos

Juan Morris se llama el autor de la investigación más acabada sobre Cerati, un libro que revisa su historia familiar, amorosa y musical, que arranca en la historia de sus padres y se detiene en el colapso que acabó con la vida del líder de Soda Stereo.

Había un hijo de un guitarrista de Virus, un concierto de despedida de Soda Stereo y otro chico —compañero de colegio— que por edad empezó a escuchar a Gustavo Cerati cuando ya era solista.

—Era un momento donde Gustavo era mal visto, un momento en los 2000 en que dejó de ser cool y pasó a ser un personaje al cual no se le prestaba mucha atención en Buenos Aires—, dice el periodista de Rolling Stone Juan Morris, autor de Cerati, la biografía (Sudamericana).

—Eso es a la altura de Bocanada…

—Entre Bocanada y Siempre es hoy, que ahora me parece la etapa más interesante de su carrera. Fue un momento en Argentina donde casi no se le prestaba atención porque el rock nacional en las radios sonaba de otra manera: Los Redondos, Los Piojos, La Renga, Bersuit; rock barrial, más conservador desde el sonido y las letras tenían un discurso más político.


Desde que en 2010 sufrió un accidente cerebrovascular, después de dar un concierto en Caracas, Gustavo Cerati estuvo cuatro años y cuatro meses en coma hasta que murió en 2014.

Todo ese lapso de incertidumbre, de limbo terrible, Juan Morris —el chico que llegó tarde a la Sodamanía— lo ocupó en encontrar y unir las piezas de la historia del músico.

El resultado es Cerati, la biografía (Sudamericana), un paseo por la vida y obra de un artista que escribió discos como una autopsia pop sobre el cadáver de sus relaciones amorosas.


—Después vi shows de él solista, fui al regreso de Soda Stereo y lo escuché muchísimo cuando salió Fuerza natural—, dice Morris en un piso con vista al Parque Forestal. —Me acuerdo que iba a un gimnasio a correr a una cinta y escuchaba Fuerza natural.

En el despacho donde conversamos, hay una biblioteca, un escritorio blanco y algunas sillas. Morris dice que Cerati fue alguien talentoso y ultra perfeccionista, una combinación imbatible.

—Cuando está grabando “Fuerza natural”, la intro del tema que es una guitarra que dura veinte segundos, Gustavo se pasa ocho horas probando qué guitarras usar, cómo pulsar las cuerdas, y después se queda toda la noche moviendo las perillas en el programa afinando y poniendo las notas en su lugar. Gonzalo Córdoba, que fue quien grabó la guitarra, pensaba que ya estaba listo hace tres horas pero Gustavo lo mira y le dice: “disculpame, pero me encanta la perfección”. Esa escena lo define mucho. Era alguien muy talentoso pero a la vez súper obsesivo y disfrutaba mucho su obsesión, porque podría haberla padecido. Yo soy medio obsesivo para escribir, lo padezco un poco, porque me torturo y la paso mal, pero creo que él vivía su obsesión con felicidad.


Me gustaban esos raros peinados nuevos

Que es argentino, que nació en 1959 y que es zurdo. Que es guitarrista, que alguna vez armó Soda Stereo y los deshizo para convertirse en un jinete solitario antes de fugarse hacia demasiadas partes (Cecilia Amenábar, Santiago, Vichuquén, Punta del Este, las drogas, la música electrónica, las modelos con la mitad de su edad). Todas esas cosas se saben de Gustavo Cerati. Estas otras se saben un poco menos: que, en la época de los “raros peinados nuevos”, se levantaba los pelos con huevos, limón y mayonesa; que sus padres vivieron un año y medio en una pensión después de casarse; que sobre la repisa del baño desplegaba todos los frascos de shampoo que usaba en su tratamiento para que no se le cayera el pelo como a su padre; que usaba talco compulsivamente (“estaba obsesionado con su olor a pata”) y varias veces por día se cambiaba las medias y se echaba talco en los pies, las medias y las zapatillas; que su mayor conflicto era el humo: Gustavo prendía el primer cigarrillo del día cuando terminaba de desayunar y no paraba hasta acabar con dos atados diarios.

En Virus (Planeta), Marcelo Moura escribe que el francés Cyril Blaise, estilista de la banda de “Pronta entrega” fue el creador de los “raros peinados nuevos”. Morris explica en Cerati, la biografía que Soda Stereo toma el look de una chica de 15 años que había regresado desde Bélgica y que conocieron en uno de sus primeros conciertos.


—La canción de Charly se refiere a la escena, pero dentro de la escena los emblemas de los “raros peinados nuevos” eran Soda Stereo. Además, Soda Stereo en ese momento era un grupo medio extraño dentro del rock nacional, eran como los raros, gente que todavía no tenía relación con Charly en esa época. La música que hacían no mostraba influencias del rock nacional, entonces eran como la cosa nueva. Igual, cuando pasan esas cosas viste que no hay un solo elemento, pasan en distintos lugares a la vez, pero el emblema fue Soda Stereo.

—Si el baño era el espacio que contenía sus traumas, ¿dónde queda el Cerati metafísico que descubres en el libro?

—Tenía sus búsquedas espirituales que fueron adquiriendo distintas formas: la astrología, algún planeta en particular, la cábala, probó ayahuasca, los mayas. Como que su búsqueda de entender un poco la existencia, de encontrar una teoría que lo calmara o que le explicara las cosas o le dieran sentido, fue variando entre objetos. No sé si fue alguien que encontró algo en qué creer, pero lo buscó. Fue alguien que siempre estuvo buscando, en el tarot, no sé. Tenía una vida espiritual intensa, pero no sé si había llegado a algo a qué aferrarse.
Traductor, seductor, sobreviviente.


Artaud, Clics modernos, Canción animal

Si en los 60 Sandro tradujo los movimientos pélvicos de Elvis en Argentina, Soda Stereo fue un grupo que en los 80 también miraba mucho hacia afuera.

—¿Cómo se entiende la Sodamanía, esa fiebre de alcance regional por Soda Stereo, considerando que antes de Canción animal Cerati era solo un buen traductor?

—Es ahí, justo donde decís vos, que hay un cambio y se descubre como artista definitivamente. Hay destellos en los otros discos de Soda Stereo, hay grandes temas pero si escuchás los discos no sé si ves a un gran artista o una gran estrella de rock .Y en Canción animal creo que hay algo dentro de él que se destraba y va en busca de sus raíces de rock nacional, lo que había escuchado en su adolescencia. Ya había tenido una crisis con Soda en Doble vida, cuando se separa y vuelve a vivir a la casa de los padres. Ya llevaba muchos años de gira con Soda y estaba medio harto, así que se encierra y algo pasa en él, algo se rompe y ahí se convierte en el gran artista del rock latino.


Morris dice que la Sodamanía se explica porque es la primera banda que hace rock en español de una forma masiva. Por un lado porque cantaban en español, que eso fue clave, después por el look que tenían y porque coincidió la época, una donde todavía no había una gran banda de rock en español. Después porque era un sonido que venía a romper y eso a los jóvenes les interesó. Y luego porque tenían un nivel de profesionalismo que hacía que sonaran como un grupo de afuera. Tenían una imagen de grupo de afuera, parecían un grupo de afuera, pero cantaban en español. El rock en Argentina pasaba por el rock nacional que venía de una tradición más antigua y sofisticada que ya tenía sus grandes ídolos y leyendas, pero que no tenía ese nivel de profesionalismo o de concepción pop del rock, que es el audio, el look, el escenario.


—También coincidió con la ruptura que significaba la vuelta a la democracia y que fueron un grupo que sintonizó muy bien con el despertar democrático porque eran chicos que no tenían ningún tipo de relación con los 70, no tenían ni siquiera opiniones políticas, eran naíf en ese sentido. Y era una época donde se necesitaba recuperar esa inocencia y coincidió con juventudes criadas en dictadura a las que esa inocencia y esa frescura les resultaba oxigenante.

—Revisando los 80 en el rock argentino, da la impresión de que Cerati siempre fue un sobreviviente en una época donde nadie lograba morir de viejo. Los cantantes de Sumo, Virus y Los Abuelos de la Nada no alcanzaron ni siquiera a pisar los 90. ¿Fue una coincidencia?

—Sin duda fue un sobreviviente y por otro lado no era un artista que tuviera una concepción del rock tan existencial como Luca Prodan de Sumo. Luca entendía el rock de otra manera, es lo que lo diferencia a Cerati, lo que lo convierte en un artista pop que entiende que ser una estrella de rock es de otra manera. Él venía de un hogar bien formado, tenía otros intereses. Luca era un chico que se había criado en la alta burguesía europea, en un colegio de príncipes, pero era un yonki, era un adicto que vino a la Argentina a escapar de su adicción y no pudo escapar pero armó un grupo brillante. Federico Moura enfermó de HIV y Miguel Abuelo también era un personaje más oscuro. En ese sentido Gustavo no tenía nada que ver con ellos: era un chico de familia de barrio, que se había criado en un colegio parroquial, que había tocado en misa, y que había ido a la universidad y había encontrado ahí su grupo de amigos. No tenía como esa vida más rota, era como de otro entorno. Creo que en ese sentido no se parecía a ninguno de los tres.

—¿Y en los excesos? En el retorno a la democracia parece que hay una suerte de destape en Argentina.

—Sin duda, en los 80 todos tomaban mucha cocaína, todos se drogaban mucho y no había conciencia del daño que se estaban haciendo. Pero al mismo tiempo Miguel Abuelo, Federico Moura y creo que Luca eran más grandes que él. Llevaban más años de reviente. Él recién estaba empezando en eso, era muy joven todavía y también era alguien muy medido. Podía tener un ritmo de grabación y de consumo de drogas, pero no era un adicto ni era alguien que perdiera el control exactamente. La época de Signos y Ruido blanco tal vez es la más descontrolada. Gustavo tenía algunos episodios pero no es alguien que termina perdiendo el control, que pasa tres años sin salir de la casa drogándose.

—En un capítulo pones a Canción animal de Soda Stereo a la par de clásicos como Clics modernos y Artaud. ¿Por qué te parece tan importante ese disco?

—Me parece que es como el gran disco clásico del rock latino. Ocupa ese lugar si hay que pensar en lo que significó el rock latino y cómo impactó en la cultura. Me parece que es el gran disco de Soda Stereo, por más que a mí por ahí me gusta más Dynamo y me interesa más la carrera solista de Cerati. Además es el disco con que Soda Stereo conecta con sus raíces de rock nacional, está Pescado Rabioso, Spinetta, entonces me parece que por un lado termina de construir a Soda como la gran banda de rock latino. Antes había sido una banda que fue evolucionando en distintos estilos: el primer disco es casi ska en un punto, el segundo es pop un poco más oscuro, el tercer disco es más dark, el cuarto suena un poco más funk y el quinto es rock nacional para lo que es Argentina. Por eso lo pongo. Tal vez Artaud y Clics modernos tienen importancia particular en las obras de Spinetta y Charly García, y me parece que Canción animal tiene una importancia igual de crucial en la obra de Soda Stereo y en la época.

—¿Si tuvieras que elegir un disco suyo de cualquier época, con cuál te quedas?

Bocanada me parece que tiene de todo.

—¿Cómo piensas que Cerati usaba a la música: como un arma de seducción, esto de que le gustaba gustar, o como un antídoto para bajar el volumen de su vida privada?

—La música era su vida claramente, era donde él ponía su talento, su líbido, su profesionalismo. Creo que había un principio de seducción en su música, que era lo que la llevó tan lejos, pero también había como un canal emocional muy fuerte en lo que hacía y más sofisticado que en el rock nacional. Porque no era alguien que en su discurso lírico fuera explícito. Todo su discurso está más en la música que en las letras, y eso a mí me parece súper interesante: el dramatismo, la época, todo está codificado en la música.
»Otra cosa interesante es que desde el principio tuvo clara la importancia del audio, no eran solo las canciones sino que el audio, cómo iban a sonar. En el disco MTV Unplugged Comfort y música para volar está muy claro cómo esos temas flotan. Hay seducción, que es una parte importante del pop, pero también están sus entrañas, más o menos mostradas, pero están. Me parece que en Siempre es hoy aparecen muy a la vista; o en Dynamo, que lo graba tras la muerte del padre y es un disco ensordecedor y al mismo tiempo muy interesante. Es una de sus mejores obras.

—¿Por qué crees que cada cierto tiempo volvía a la habitación de su infancia en casa de sus padres?

—Tenía una relación muy intensa con sus padres, iba todos los domingos a comer donde la madre. Eran muy importantes y me parece que se sentía contenido. La madre fue la mujer de su vida sin duda, le contaba si estaba triste o no, los problemas con las mujeres. Ahí llevaba a las mujeres con que salía, llevaba a todas a comer donde la madre, era su lugar, era el lugar al que volvía siempre.


Hacer que las palabras suenen

Apenas se supo del ACV de Cerati, la periodista argentina Maitena Aboitiz publicó Cerati en primera persona (Ediciones B), una recopilación de entrevistas que el músico dio en distintos medios de la región. Un poco después, su compatriota Gustavo Bove escogió tres de sus entrevistas con el autor de “Música ligera” en distintos momentos de su carrera para armar Cerati, conversaciones íntimas (Planeta). Morris, que es periodista de la edición argentina de Rolling Stone y cubrió los movimientos alrededor del músico en 2010, decidió investigar a fondo la biografía del cantante.

Cerati, la biografía demoró cuatro años y reconstruye la vida completa del líder de Soda Stereo, una cruza de obsesiones, amores, crisis, éxitos y los momentos claves de su vida que de alguna forma explican la naturaleza de su música.


—Es una historia muy grande para contar, había mucha gente para entrevistar. También es como medio a ciegas, uno puede saber qué historia quiere contar pero después se van abriendo puertas inesperadas. Para mí era muy importante entender dónde me pegaba Cerati, cuáles eran las zonas, las virtudes, los defectos, las características que me resultaban más atractivas, y por otro lado, también me parecía muy importante ser muy visual en la escritura. Es una historia que necesita ser vista: los micros cruzando el desierto mexicano, el asedio de las fans en los hoteles, los raros peinados nuevos, me parece una historia que tenía que ser casi cinematográfica. Y eso requiere miles de horas de trabajo, recolectar detalles, hacer que las palabras suenen, etcétera.

—Cuando pensabas esta biografía, en este libro, ¿qué biografías y qué libros miraste?

—Leí varios, la de Kurt Cobain, de Charles R. Cross (Heavier than heaven), y hay una de Lord Byron que me encanta, de André Maurois (Lord Byron). Leí también de Steve Jobs (Steve Jobs, la biografía, de Walter Isaacson), leí mucho para reconstruir la infancia y encontrar el tono La fortaleza de la soledad, de Jonathan Lethem. Hay todo un comienzo de la infancia del personaje que me interesaba poder capturar cómo él construía ese clima de infancia, ese olor a infancia. Después me interesaba El juego favorito, de Leonard Cohen, que es como una historia medio de aprendizaje y me interesaba tener algo de ese tono. Leí un libro sobre Soda Stereo que escribió Marcelo Fernández Bitar (Soda Stereo, la biografía), que fue como una guía importante porque tenía muchos datos que me permitían chequear y tengo dos pilas —que si las pongo de alto les saco dos metros— de papeles, archivos, revistas viejas, muchas cosas.


Perdí una batalla

Para la grabación de Signos con Soda Stereo, Cerati sintió que las drogas le habían acelerado tanto el pulso que era como si tuviera una batería en el pecho. Empezó a sentir que iba a colapsar. Estaba enloquecido, salió a la calle a tomar un taxi y se dio golpes en el pecho para despertar al músculo. Cuando regresó del servicio médico esa noche, terminó en la casa de sus padres en una tina fría para que el agua helada lo tranquilizara y los efectos de la cocaína se diluyeran. Veinte años después, en medio de la grabación del video de “Crimen”, Cerati fue internado en una cama de terapia intensiva, con doctores diciéndole que la cantidad de vuelos que tomaba en las giras era un factor de riesgo muy grande para su sistema circulatorio, que el humo de los cigarrillos le quitaba oxígeno a la sangre aumentando la coagulación, que la adrenalina y la deshidratación que sufría en los shows también podían haberlo matado. Le diagnosticaron una trombosis en las piernas. Ese mismo coágulo viajando al corazón podía provocar un infarto y en el cerebro un ACV.

En Caracas, cuando Cerati dio su último concierto de la gira “Fuerza natural” vestido con un traje blanco que lo hacía ver como el general de un ejército glam, Morris enciende su radar y captura cada segundo del músico como una secuencia filmada. Es el capítulo más logrado del libro, la últimas horas de Cerati antes y después del coma, en un trabajo de alta joyería que acaba con la muerte del músico.


—En el libro iluminas algunos hechos que pueden explicar su accidente cerebrovascular: La herencia del problema circulatorio del abuelo, la negligencia del sistema de salud venezolano, los excesos de un rockstar de cincuenta años. ¿Por qué piensas que se produjo?

—La verdad es que no me animo a opinar, ni los neurólogos se animan a decir qué puede haber sido. No hay como una cuenta de cosas que se puedan sacar para entender por qué sucede lo que pasó. Sí tenía un ritmo de vida muy intenso, sí te diría que había una especie de negación en él. No estaba muy dispuesto a dejar de ser joven incluso a los cincuenta años. Tenía una especie de complejo de Peter Pan. A mí me cuesta pensar cómo podía envejecer él, y creo que a él también le costaba pensar en eso, sobre todo porque una estrella pop tiene una imagen y es una imagen que en general transmite juventud. De hecho, él a los cincuenta años todavía parecía muy joven. Entre la familia y los amigos nadie dice ‘fue tal cosa’. Todos se lo han preguntado mucho. Sí lo habían visto más acelerado últimamente, lo habían visto poco porque estaba mucho con su novia, pero él había tenido la trombosis en 2006 y entonces era un antecedente grave. Lo que sí me dijeron es que últimamente lo habían visto cuidarse poco, que les llamó la atención porque él se había asustado realmente y había dejado de fumar y empezado a hacer ejercicio. Tal vez se había relajado en cuanto a cuidarse y ya el cuerpo no era el de un joven de veintipico años o treinta. Ya tenía cincuenta y no se cuidaba lo suficiente. Pero es imposible saber si fue determinante, aunque era algo que sobrevolaba a su alrededor.

Sobre el autor:

Alejandro Jofré |
Periodista de La Tercera y editor de paniko.cl