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Culto
Espermatozoides de auriculares entrando en parlantes: el último disco de Soda Stereo

Espermatozoides de auriculares entrando en parlantes: el último disco de Soda Stereo

Las canciones de Sueño Stereo, el séptimo trabajo de estudio de la banda, dan la sensación de flotar. Como la distancia entre un sueño y una pesadilla, Soda Stereo nunca había sonado tan bien y nunca había estado tan cerca de la desintegración.

No es un secreto que Gustavo Cerati, acaso la antena del rock argentino más atenta y mejor informada de los sonidos extranjeros, se dedicó durante buena parte de los 90 a ensombrecer y estirar las posibilidades del pop. Tal vez por eso Soda Stereo, su banda matriz significó durante mucho tiempo una alternativa para la gente que no escuchaba la música que sobrevive en las radios. Fue el propio autor de “Zoom” quien confesó que se sujetaron a esa idea para hacer Sueño Stereo, el séptimo y último disco de estudio de la banda, un álbum grabado y mezclado en Londres que comienza con el sonido de un metal golpeando el agua y avanza como una especie de satélite receptor de un sonido perdido en el espacio.

Soda Stereo venía de finalizar su vínculo con Sony Music y de recibir una cifra sin antecedentes en el rock argentino al fichar por BMG. La voz de Soda Stereo había vuelto de Santiago a Buenos Aires fanatizado con el acid house y el ambient, y esa música contaminó lo que la banda hacía en ese momento: experimentos con samplers, loops y acoples.


Viaje a la meca

El regreso, después de la breve gira de presentación de Dynamo, comenzó a tomar forma a mediados de 1994 y en enero de 1995, cuando Soda Stereo se reunió en los estudios Supersónico para tocar y recuperar su memoria muscular.

En algunas entrevistas de la época, el bajista Zeta Bosio comentaba que “volver a juntarse por primera vez después de dos años es un gran momento. No sabés qué va a pasar, hay mucha ansiedad y hay expectativa por parte nuestra. Sin embargo el primer momento no fue de lo mejor. Fue acomodarse y fue llevando su tiempo”.

“Yo al principio pensaba que la historia no tenía salida, pero un día tomamos cierta perspectiva de lo que habíamos hecho y comenzamos a ver que era un punto de partida valioso”, contaba Cerati en la misma época.

Así fue como el 24 de abril viajaron a Inglaterra y comenzaron las sesiones con Clive Goddard (a cargo de This is hardcore de Pulp, Without you I’m nothing de Placebo y Bocanada de Cerati) en los estudios Matrix, donde se grabaron discos con un sonido de vanguardia como el Blue line de Massive Attack y parte de Debut, el segundo trabajo de Björk.

De alguna manera, para un grupo que desde sus comienzos había tenido como guía el sonido del rock-pop inglés, era un viaje hacia la meca.

“Primero pensamos en Italia porque nos llegaron fotos de un estudio donde veías el Mediterráneo, pero después pensamos que nos íbamos a volver demasiado gordos por toda la pasta que íbamos a comer, y nos asustaba no tener conexión de ningún tipo y terminar odiándonos, como buenos italianos”, contó Cerati.

Según el cantante, guitarrista y principal compositor de Soda, fue el baterista Charly Alberti quien propuso Londres, “donde también podíamos ver bandas. Al principio tuvimos un poco de resistencia porque pensamos que íbamos a cagar todo por ver demasiadas bandas, pero también pensamos que ahí podíamos tener la oportunidad de conectarnos con gente, y empezó a ser cada vez más interesante”, comentó el autor de “Crema de estrellas”, mientras el trío se paseaba entre conciertos de Plastikman, Orbital y Paul Oakenfold.


Ojo de la tormenta

A mitad de año las paredes de Buenos Aires amanecieron empapeladas con afiches que anunciaban un disco nuevo después de tres años de silencio.

“El disco salió el 21 de junio de 1995 y fue presentado con un raid de nueve shows en el teatro Gran Rex durante septiembre”, escribe el el periodista Juan Morris en Cerati, la biografía (Sudamericana).

“Como si fuera una película con perfecto dominio del ritmo, el clima y el relato, el trío presentó desde un plano general con cuarteto de cuerdas y tecladista invitado, hasta una variedad de planos cortos y zooms con acercamientos a cada uno”, describió Marcelo Fernández Bitar en una edición especial del disco.

“En momentos de incertidumbre y supervivencia, Soda Stereo atraviesa la híperhistoria desde el ojo de la tormenta, como una piedra en el agua. No promueve frívolamente el merchandising revolucionario en boga, remera del Che Guevara mediante. No ofrece falsas resoluciones para los males de este mundo. No arenga. Prefiere los zooms anatómicos que solo la experiencia poética es capaz de aportarle al pop”, escribió Pablo Schanton en el programa de los Gran Rex.

En lo musical, Sueño Stereo resultó un trabajo mucho más pop respecto que Dynamo, pero sin abusar de la clave estrofa-estribillo-estrofa. De hecho, según Cerati, el disco “casi adolece de estribillos”.

El esqueleto del disco integra instrumentos clásicos de cuerda con formas híbridas de electrónica y samplers. Por ahí suena un piano Rhodes y hay canciones como “X-playo”, donde todas las percusiones son guitarras.

En la interna, Morris explica que a fines de 1995 Cecilia Amenábar, la pareja de Cerati, quedó otra vez embarazada y junto al cantante decidieron volver a instalarse en Santiago. “Para él instalarse en Santiago no suponía más de dos horas de avión desde Buenos Aires, pero hacia dentro del grupo el viaje de vuelta a Chile fue una señal de que Gustavo no había vuelto del todo a Soda Stereo: seguía viviendo en otro país”, escribe el biógrafo.

El sonido de la banda, que parecía cada vez más obsesionada con el audio, hizo que las canciones dieran la sensación de flotar. Cerati se escuchaba a miles de kilómetros del bajo de Zeta Bosio y los platillos de Charly Alberti. Soda Stereo nunca había sonado tan bien y nunca había estado tan cerca de la desintegración, que finalmente ocurrió el 1 de mayo de 1997. Para Cerati, que era el cantante y el motor creativo, el grupo se había transformado en un peso que no entendía por qué tenía que cargar.


Sobre el autor:

Alejandro Jofré |
Periodista de La Tercera y editor de paniko.cl