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Culto
Daniel “Pipi” Piazzolla, baterista y nieto de Astor Piazzolla: “Astor Piazzolla se transformó en una eminencia mundial y se universalizó”

Daniel “Pipi” Piazzolla, baterista y nieto de Astor Piazzolla: “Astor Piazzolla se transformó en una eminencia mundial y se universalizó”

El líder del sexteto Escalandrum llega a Chile para presentar este domingo 3001 Proyecto Piazzolla en el Teatro Nescafé de las Artes.

Todos los pronósticos apuntaban a que Daniel, o “Pipi” como todos lo llaman, el nieto del revolucionario del tango Astor Piazzolla, siguiera los pasos de su abuelo. Había empezado a aprender piano de niño; pero un día, en plena adolescencia, descubrió la percusión y se enamoró para siempre de ella. Y toda su pasión por la música la volcó en la batería. Se corrió del ritmo del 2×4 y se metió de lleno en el jazz. Lejos de convencerlo de tocar otro instrumento, Astor le regaló su primera batería, y le dio un sabio consejo. “Me dijo que escuche mucho jazz, que vaya con los mejores maestros y que me mate estudiando”, recuerda su nieto.

Hoy Pipi Piazzolla es considerado uno de los bateristas más importantes de Argentina, reconocido a nivel internacional. Además es el líder del sexteto de jazz Escalandrum. En pocos días llegarán a Chile, para ofrecer el domingo un concierto en el teatro Nescafé de la Artes. A las 19.30, presentarán su último disco 3001 Proyecto Piazzolla, el primero en colaboración con Elena Roger, que además de poner la voz está a cargo de la dirección. Las entradas van de $ 17.500 a $ 54.000.

El disco propone una recreación de las piezas más significativas de la obra de Astor, con arreglos del pianista Nicolás Guerschberg, incluye clásicos como Chiquilín de Bachín, Balada para mi muerte, Balada para un loco, y Vuelvo al sur, entre otros. Completan el grupo: Mariano Sívori, en contrabajo; Damián Fogiel, saxo tenor; Gustavo Musso, saxo alto y soprano; y Martín Pantyrer, clarinete bajo.

El pasado 4 de julio se cumplieron 25 años de la muerte de Astor, y podría pensarse que el lanzamiento del disco fue un homenaje del nieto a su abuelo, pero Pipi asegura que fue casualidad, con un argumento muy fuerte: “No le haría un homenaje a mi abuelo por un aniversario de su muerte, prefiero hacerle uno por los 100 años de su nacimiento, que será en 1921. Si no sacábamos el disco el año pasado, se pinchaba el proyecto. Es así, los discos los tenés que sacar cuando están ahí”.


—Ya diste conciertos en Chile y participaste del Festival de Jazz de Providencia. ¿Qué expectativas te genera este regreso a Chile?

—La verdad es que la mejor. Siempre el público chileno fue muy generoso con nosotros, siempre aceptaron las propuestas. La vez anterior que estuvimos con Elena fue impresionante, y creo que ahora va a estar muy bueno, porque el grupo está mucho más afinado. Con ella ya nos conocemos de memoria, ya hicimos como cincuenta shows en menos de cuatro meses. Así, que nos encuentra en un muy buen momento con el grupo muy unido y sonando cada vez mejor.

—¿Por qué el nombre 3001 Proyecto Piazzolla?

—Porque hay un tema de mi abuelo que se llama Preludio para el año 3001. Básicamente, viene de ahí y, también, un poco inspirado en sus palabras sobre que “él escribía música para el futuro”. Y como nosotros encaramos este proyecto con el sexteto Escalandrum, con instrumentos, pero donde no hay bandoneón, no hay violín, y con Elena Roger, cantante actual, joven, que la está rompiendo por el mundo, decidimos utilizar ese número como visión de futuro.

—Y el futuro le dio la razón a Astor Piazzolla…

—Sí, mi abuelo se transformó en una eminencia mundial, se universalizó. Y creo que la gente lo disfruta mucho, y cada vez su música pega más fuerte.

—¿Llegaste a tocar con él?

—No, nunca tocamos juntos. Porque yo estaba haciendo mis primeras armas, y lo veía una o dos veces por año, en un clima distendido en un té o acompañándolo a un concierto.
Siempre tuviste mucho respeto para interpretar sus temas. Debe ser muy emocionante llevar estos conciertos por todo el mundo…

Es un show muy emotivo con melodías de mi abuelo que perforan el corazón, y además con la fuerza de las letras de Horacio Ferrer. La gente llora todo el show. Tocar este repertorio es muy fuerte, porque la música es increíble, las letras son increíbles. Tiene improvisaciones y la voz de Elena le pone un contenido emotivo, así que la verdad que estoy feliz de estar tocando una música de alta gama. Increíble e histórica. Haremos una gira por Barcelona, Israel, París, Londres, Estonia, Holanda, Noruega, y cerramos el año en el Teatro Colón de Buenos Aires.

—Cuando defines el estilo del sexteto dices que hacen “jazz argentino”, ¿por qué no latino?

—El jazz latino tiene la influencia de los ritmos latinos, como la salsa, la música brasileña, el candombe, el merengue. Y nosotros somos un país que tal vez tiene más influencia europea. El tango es un ritmo de raza negra, pero también muy influenciado por la música clásica europea. Todos los tangueros tienen formación clásica, leen perfectamente las partituras, tocan sus instrumentos de manera magistral. Lo más latino que tenemos es la música folclórica, como la chacarera, la zamba, pero más ligado a lo que es África, no a Latinoamérica. Escalandrum hace “jazz argentino”: jazz con climas, de tango moderno, a lo Piazzolla, o si lo hacés más folclórico es a lo Cuchi Leguizamón, a lo Ginastera (Alberto). Es otra onda completamente distinta. Hay necesidad de la gente de escuchar cosas nuevas, y me parece que decir “jazz argentino” te puede dar ganas de ver qué es.

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