Justos por pecadores

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Lo de Tea Time y Los Tetas, que además es un divorcio definitivo en la interna, revive ese viejo dilema entre el autor y su obra ¿Se mancha la música?


Que no lo quieran ver ni en pintura, parece razonable a la luz de la contundente denuncia en su contra y su cobarde explicación posterior. Pero de ahí al veto de un proyecto que ha sido más bien sostenido por otros parece una exageración. La condena unánime a Tea Time (Camilo Castaldi), a partir de la denuncia de una ex novia por violencia física y sicológica y que apoyó su testimonio con un set de fotos indesmentibles, alimenta también una oleada de críticas contra la que fue hasta el lunes, el día de la denuncia, su banda madre, un grupo además integrado por dos que no han tenido ni tuvieron nada que ver con la agresión.

Cee-Funk (Cristián Moraga) y Rulo (David Eidelstein) han guardado silencio y apenas han esbozado un sentimiento de rabia y sorpresa frente a lo revelado. Que hayan compartido más de 20 años con el tipo en cuestión e incluso aunque supieran de algunos de sus demonios -no los de agresión contra mujeres, en todo caso-, no permite concluir que son cómplices pasivos o corresponsables de lo que se acaba de conocer. De ahí que las campañas en contra de la música de Los Tetas (llegando incluso a cuestionamientos sobre una eventual misoginia implícita en el nombre de la banda), parecen demasiado.

Una cosa es la prudencia de ciertos medios a la hora de cubrir el tema y la decisión hasta sensata de omitir por estos días ciertas piezas de su cancionero, especialmente donde el acusado tiene mayor protagonismo. Otra muy distinta es derechamente negarse a la posibilidad de contratar a un conjunto que, en una decisión pocas veces vista en otros ámbitos de la sociedad, desvinculó en menos de un día al acusado. Es cierto que su primer comunicado fue débil e insuficiente. Pero quizás sería bueno tratar de entenderlo con un mínimo de empatía. Al igual que el resto del país, los músicos se enteraban de la brutal agresión por las redes sociales. Pero no leían la historia de un desconocido. Leían la historia de un viejo amigo y compañero de banda. Uno con el que no vivían, aunque parezca de perogrullo decirlo, y al que solo veían para ensayar y tocar, como la mayoría de las bandas del mundo.

Peor aun, todo esto llegó en el momento en que la banda estaba a poco de publicar su primer disco inédito en años, un demorado trabajo que se iba a llamar Espíritu y que hoy no sólo está en proceso de guarda sino también de evaluación respecto de la participación ya grabada del ahora ex miembro. Mientras, Cee-Funk está pensando adelantar un nuevo disco solista y Rulo, que prefirió suspender el lanzamiento de su estupendo debut en solitario -Vendaval (2016)-, intentara seguir concentrado en lo suyo. Lo de Tea Time y Los Tetas, que además es un divorcio definitivo en la interna, revive ese viejo dilema entre el autor y su obra ¿Se mancha la música? Indesmentible que sí. Pero si fuera por inhabilitaciones morales o de conducta, no escucharíamos ni la mitad de los grupos y solistas que hoy suenan en radios. Que quede muy claro. Castaldi merece todas las penas posibles. Todas. Sus viejos compañeros no.

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