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Culto
Spiderman, el travieso

Spiderman, el travieso

Prodigio de diseño demográfico y de ingeniera narrativa, esta película no pierde un segundo. No lo pierde en las correrías escolares ni en la competente espectacularidad de batallas, derrumbes y persecuciones.

Ya se cuentan seis largometrajes, en lo que va del siglo, con el protagonismo del arácnido enmascarado. Esto habla con elocuencia de lo redituable de la franquicia comiquera, pero no lo garantiza todo: la saga de Sam Raimi con Tobey Maguire a la cabeza, por ejemplo, fue una ágil y espectacular resurrección, que sin embargo debió desdecirse del anuncio de una cuarta parte. Por su lado, el reboot con Andrew Garfield ni siquiera llegó a ser trilogía.

Y he acá la sexta entrega, Spiderman: de regreso a casa, con nuevo director-guionista (Jon Watts) y nuevo protagónico (Tom Holland): un actor, bailarín y gimnasta británico que, aunque ya cumplió los 21, pasa sin problemas por quinceañero, que ésa es la idea de este reinvento. Una nueva aventura que saca partido a la pertenencia al team de Los Vengadores —en su momento veremos más— y que asume de buena gana su condición de comedia adolescente/colegial. Para beneficio de todo el mundo, partiendo por el espectador.

En esta pasada, Peter Parker no es el fotógrafo independiente que se come los regaños de JJ Jameson. Tampoco hizo falta recontar la historia de la araña que lo picó ni volver a sus amoríos con Mary Jane. En el momento en que nos encontramos, Parker ha sido “reclutado” por Tony Stark, el mismísimo Iron Man (Robert Downey Jr.) como un becario/aprendiz. Pero Peter, como perro nuevo, no tiene mucha dignidad y se la pasa esperando que lo convoquen para una misión. Dado que no lo convocan nunca y que el chico no es de tolerar mucho las frustraciones, termina él mismo asignándose tareas de superhéroe. Pero es torpe, cándido y ansioso, lo que deriva en todo tipo de chascarros que deberá superar si quiere atrapar al villano de turno (Michael Keaton). En ese tono de héroe acontecido e involuntariamente cómico, la cinta se juega exitosamente el pellejo.

Prodigio de diseño demográfico y de ingeniera narrativa, esta película no pierde un segundo. No lo pierde en las correrías escolares —apoyada como está en un sólido set de secundarios— ni en la competente espectacularidad de batallas, derrumbes y persecuciones, donde se muestra igual de expedita y cumplidora. Probablemente no sea la cumbre del entertainment que algunos están viendo, pero con lo que propone, ya estamos.



Spiderman: de regreso a casa. De Jon Watts. Con Tom Holland, Michael Keaton, Robert Downey Jr. EEUU, 2017. 133 minutos. Nota: 5

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