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Culto
Raros: el cine chileno y las minorías sexuales

Raros: el cine chileno y las minorías sexuales

En El diablo es magnífico, que se estrena mañana, una transexual chilena en París busca la horma de su zapato, pero no la encuentra. Tal como sucedía en Una mujer fantástica, la ciudad no comprende a los diferentes y el resultado puede ser una golpiza brutal como en Nunca vas a estar solo o la incomprensión familiar como en Rara.

Caminar por un callejón del centro de París a altas horas de la noche puede ser tan hostil como recorrer después de las 12 AM la población La Victoria con varios centímetros cúbicos de alcohol en la sangre. En rigor, puede ser peor: para Manu Guevara en la capital de Francia no hay conocidos, mientras que Yermén en La Victoria sólo se encuentra con los vecinos de siempre. En algún momento de la película El diablo es magnífico, Manu se siente tan extranjera en París como Yermén en Santiago. Ambas son chilenas, transexuales y protagonizan los dos largometrajes que hasta ahora ha dirigido Nicolás Videla: Naomi Campbel (sic), donde además participó Camila José Donoso en la realización, y El diablo es magnífico, que se estrena mañana en salas chilenas.

Con una duración que no va más allá de los 70 minutos, El diablo es magnífico apuesta toda su narrativa a su protagonista, una mujer en cuerpo de hombre que aparece en cada una de las tomas del largometraje. En su camino se relaciona afectiva y sexualmente con dos hombres, Mathias (Vicktor Philip) y Daniel (Daniel Larrieu), pero siempre son meros satélites en su torbellino de emociones.

“Hay cosas en común entre Naomi Campbel (sin doble l) y El diablo es magnífico, pero también hay diferencias, por supuesto”, afirma Nicolás Videla (28). “Ambos personajes, Manu y Yermén, me son muy cercanos, para empezar. Aunque provienen de realidades diferentes y poseen discursos distintos, ambos se encuentran en una búsqueda personal y en un contexto adverso”, reflexiona el director egresado de la UC. Las dos cintas operan con el mismo dispositivo narrativo, fundiendo las líneas del documental y la ficción. En otras palabras, sus protagonistas actúan su propia vida.

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Gran parte del conflicto de El diablo es magnífico tiene que ver con la inflexión que provoca su decisión de dejar París, una ciudad que en la superficie parece el ideal, pero que a la larga es tan ancha y ajena como cualquiera. “París fue construida en el imaginario por los latinoamericanos, y Francia ha sido vista como la cuna de las libertades, pero todo eso corresponde a una ilusión romántica, a un país que es más bien cinematográfico”, dice de la cinta rodada enteramente en la capital francesa, Premio Especial del Jurado en el Festival de Valdivia 2016.


Disidencias fílmicas

Paralelamente a lo que Videla hacía en París con Manu Guevara, su ex compañera de dirección en Naomi Campbel (2013) desarrollaba Casa Roshell, que este año se estrenó en el Festival de de Berlín. El largometraje se interna otra vez en el terreno de las minorías sexuales y, como El diablo es magnífico, la cámara está lejos de Chile: transcurre entre las paredes de un club transgénero de Ciudad de México, la Casa Roshell del título.

Formalmente la cinta es un híbrido de documental y ficción como Naomi Campbel y El diablo es magnífico, pero las similitudes acaban ahí. Si en la cinta de Videla París es la escenografía emocional y física de todo, acá el mandato es no salirse del club. En Casa Roshell, un espacio de diversión y relajo administrado por Roshell Terranova y Liliana Alba hace 15 años, la historia transcurre en una noche. Cada cliente tiene derecho a maquillarse, a vestirse de mujer, a ser lo que no se atreve allá afuera y a conversar y charlar con las transexuales.

Ambos filmes son sólo el último eslabón en un grupo de producciones nacionales que pone la mirada en las minorías sexuales, a veces como motor de la historia y otras como ineludible paisaje de fondo. “Hay diferentes casos. Algunas películas están hechas directamente desde la disidencia sexual, desde adentro. Otras son historias de cineastas que observan desde afuera. Pero me parece positivo que las minorías sexuales se visibilicen en el cine”, dice Nicolás Videla.

Al respecto cabe considerar que casi al mismo tiempo hubo dos trabajos que fueron parcialmente gatillados por el mismo hecho: el asesinato del joven gay Daniel Zamudio en 2012. El primero en llegar a salas, el año pasado, fue Nunca vas a estar solo, cinta de Alex Anwandter que describía las relaciones entre un adolescente homosexual brutalmente golpeado (Andrew Bargsted) y su padre (Sergio Hernández). El otro es Jesús, de Fernando Guzzoni, filme que se estrenará el 21 de septiembre y cuya trama es aún más oblicua en relación a la tragedia de Zamudio: se interna en los lazos que unen o desunen a un padre (Alejandro Goic) y su hijo (Nicolás Durán) después de que éste último participa en una paliza mortal a un muchacho.

2017 tuvo también el estreno de Una mujer fantástica, la película de Sebastián Lelio protagonizada por Daniela Vega acerca de Marina, una transexual humillada una y otra vez por la conservadora familia de su ex pareja. Ganadora del Oso de Plata al Mejor Guión en Berlín, la cinta logró elogiosas críticas en la prensa internacional y fue una de las grandes representantes de Chile en la Berlinale, encuentro de vocación militante donde el cine de disidencias sexuales siempre tendrá alto apoyo.

Sólo en el 2016, aparte de Nunca vas a estar solo, se mostraron Las plantas, de Roberto Doveris, y Rara, la cinta de María José San Martín basada libremente en el caso de la jueza Karen Atala. Protagonizado por Julia Lübbert y Mariana Loyola, Rara fue en opinión de los críticos una de las mejores cintas de 2016: no sólo contaba la situación de una mujer homosexual que no podía remar contra las imposiciones judiciales; también era una historia de crecimiento adolescente.

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