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Culto
El rock del bigote

El rock del bigote

Fome, el título en cuestión, no fue el más vendido de su catálogo (ahí el “desenchufado” de 1995 campea hasta hoy), ni el que tenía sus canciones más célebres, categoría donde se imponen el debut de 1991 y "La espada y la pared", de 1995. Pero sí el que mejor sintetizó sus capacidades propias.

Pudieron separarse, porque básicamente era lo que les quedaba en el contexto de una interna que se hacía insostenible por allá por 1997. Pero en vez de eso decidieron hacer un disco y poner todo lo que tenían ahí. Quizás ya no como un conjunto, como una fuerza colectiva, pero sí por separado, con lo mejor de cada uno. Como un Álbum blanco, pero a la chilena. Y lo fueron a grabar a Estados Unidos y pensaron que era buena idea “trajearse” y dejarse bigotes. Ir a trabajar vestidos como caballeros antiguos e insinuar de ese modo que el cambio sonora iba a ser profundo y que había llegado la adultez creativa.

Y cuando lo tuvieron listo y todos pensaban que se venía algo así como la segunda parte de “Quien es la que viene allí”, porque venían de un unplugged súper ventas y una primera versión de la Yein Fonda que los tenía convertidos en la banda más importante de Chile, Los Tres desafió el temple de sus seguidores y el juicio de los programadores con “Bolsa de mareo”, una canción de guitarras distorsionadas con un video grabado en altura y en cámara lenta y que tenía una letra que anticipaba el tono del mejor disco de Los Tres y quizás del rock chileno de los últimos 20 años: “te di, te doy todo, no vuelvas a pedir más”.

Fome, el título en cuestión, no fue el más vendido de su catálogo (ahí el “desenchufado” de 1995 campea hasta hoy), ni el que tenía sus canciones más célebres, categoría donde se imponen el debut de 1991 y La espada y la pared, de 1995. Pero sí el que mejor sintetizó sus capacidades propias, las de Henríquez como letrista y del resto como instrumentistas de excepción, y las de su entorno: junto a Ser hümano!!, de los hip hoperos Tiro de Gracia, lanzado el mismo año, son los álbumes chilenos que mejor describieron la incertidumbre país en un contexto de falso exitismo y crisis de identidad. Álbumes que más que colección de canciones, funcionan como retratos de época.

Musicalmente, han dicho que pensaban en la eficacia melódica de un grupo como los británicos The Kinks, pero en Fome también se filtró cierta melancolía tan de esta parte del mundo como la que se oye en “Me arrendé”, “Pancho” y “Toco fondo”. Rabia, traición y metáfora popular también se escucharon en “Antes”, “Jarabe para la tos” y “La torre de Babel”, parte de un catálogo que simbólicamente también cerró una etapa que nunca más se volvería a repetir. Pocos lo recuerdan, pero en ese 1997 salió un box set, una caja de lujo, que compilaba los cuatro primeros discos de la banda, aunque bien sabemos vendría uno más con material inédito –La sangre en el cuerpo (1999)- antes de la separación de 2000. Nada más simbólico: Fome fue el punto más alto y el comienzo del final de una banda como pocas en la historia de la música chilena. Una que cantando sus peores penas se atrevió a ironizar con el título del último clásico del rock local.

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