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Culto
Una estrella roja volando sobre Argentina: el abuelo Calamaro

Una estrella roja volando sobre Argentina: el abuelo Calamaro

Pudo ser un Soda, pero prefirió el ritual de leer El banquete de Severo Arcángelo: “padre de los piojos, abuelo de la nada”. En cuatro años regaló tres hits eternos, “Sin gamulán”, “Mil horas” y “Costumbres argentinas”, y cimentó el camino de una carrera incombustible.

Su prehistoria musical registra un precoz comienzo con presencia en efímeras bandas, hasta su llegada a The Morgan (1982), conjunto liderado por Zeta Bosio. Como tecladista, Calamaro sería parte de un segundo ciclo del proyecto new wave tras la salida de Osvaldo Kaplan. Renovación que también contó con el arribo de Gustavo Cerati. Sin embargo, la flamante formación, que incluso se dio el gustito de tocar en tevé, no duró más que un par de semanas. Ni siquiera un último intento, que buscaba gambetearle a la separación ensayando una variante bautizada como Proyecto Erekto, evitó que Andrés dijera adiós por un sueño mayor: lo vinieron a buscar de Los Abuelos de la Nada.

Cuenta Calamaro en su libro Paracaídas y vueltas (2015) que “estábamos escuchando Pat Metheny, tarde a la noche y en casa de Eduardo, cuando sonó el teléfono y atendí. Era Miguel Abuelo, recién llegado de España”.

Miguel Peralta pegaba la vuelta a la Argentina tras una década en Europa con sólo un objetivo en mente: sacar del olvido a su antigua banda, Los Abuelos de la Nada (su primera etapa data de 1967). En esa línea fue que Abuelo contactó a Alejandro Lerner para que fuera el tecladista de su nueva formación, pero éste lo rechazó privilegiando su carrera solista. Pese a la negativa, Lerner recomendó a un ignoto músico para el puesto: Andrés Calamaro. Pipo Lernoud secundó la sugerencia, convenciendo a Miguel.

“Los hilos telepáticos se conectaron y dos semanas más tarde, Miguel llamó a casa de los Calamaro. Nos encontramos los tres con Cachorro (López) una tarde en el piso 11. Les mostré algunas canciones e intenciones”, recuerda El Salmón.

El resto es historia conocida. Calamaro rápidamente se hizo un espacio, acaso un nombre dentro de una banda de pesos pesados: Miguel Abuelo, Cachorro López, Gustavo Bazterrica, Daniel Melingo y Polo Corbella completaban la mítica formación, bajo la producción de Charly García.

La reencarnación de Los Abuelos de la Nada pegó de entrada con un álbum homónimo (1982). La mayor sorpresa del trabajo, sin embargo, fue tenerlo a Calamaro cantando “Sin gamulán” y “Levantando la temperatura”. Escenario que se repetiría un año más tarde, en Vasos y Besos, con El Salmón interpretando “Así es el calor” y “Mil horas”, compuestas por él junto al Gringui Herrera y “El Cuino” Scornik.



Precisamente “Sin gamulán”, “Mil horas” y “Costumbres argentinas”, tres piezas imborrables, serían los principales regalos que dejó su paso por el grupo de Miguel. Pero Andrés no lo ve así. “Sé que formé parte de algo importante junto con monstruos, en el buen sentido, del rock y la música. Pero yo, personalmente, siento que no hice nada interesante”, señaló en una entrevista concedida a Página 12 en 1998.

Y dobló la apuesta: “Era muy joven y tal vez era apenas el mejor lugar en el que quería estar. Aunque hubiera preferido que Miguel Abuelo cantara “Mil Horas” y “Sin Gamulán”. De esa manera Los Abuelos de la Nada me parecerían el grupo perfecto”, aseguró.

Opinión que sostuvo en 2013. “Hubiera preferido que Miguel Abuelo cantara mis canciones en Los Abuelos De La Nada y hubiera esperado un poco más para grabar mis primeros discos”, explicó en conversación con el diario El País.


Abuelo gracias a él

“Vivimos cuatro años aventureros y musicales, le pusimos colores al país y a la música”. Así definió Calamaro su etapa como abuelo. Una que, pese a su innegable aporte, le valió despiadadas críticas: en un principio se lo señaló como ese novel músico que con su poesía simplista no hacía más que tapar al “poeta fértil de verdad”, Miguel Abuelo.

Escenario que se repitió en 1986, cuando decidió abandonar el grupo. Los fanáticos no lo perdonaron y se lo señaló como el culpable de la separación definitiva.

Fue tras el concierto de “Los Abuelos en el Ópera” cuando El Salmón dijo adiós. Pero su vínculo con Miguel se mantuvo inquebrantable con el paso del tiempo. A tal punto llegó la admiración de Andrés, que la canción que cierra el disco 1 de Honestidad Brutal (1999), “Con Abuelo”, es un sentido homenaje a la figura de Miguel Ángel Peralta, quien falleció en marzo de 1988.

En el documental dedicado a Abuelo realizado por Sergio “Cucho” Costantino y Eduardo Pintos, Buen día, día, Calamaro también dedicó palabras a su ex líder: “No era un diamante en bruto. Era un diamante, brutos eran los demás. Era el barro que se subleva”.



Una última reunión

El Personal Fest del 2016 albergó el regreso de Los Abuelos de la Nada a los escenarios. El Salmón llevaba tres años sin presentarse en Buenos Aires y quiso sorprender a sus fanáticos. Días antes había deslizado la opción.

“Va por vos, Miguel”, afirmó, tras reunir a Cachorro López, Daniel Melingo y Gustavo Bazterrica, sus ex compañeros, para interpretar “No te enamores nunca de aquel marinero bengalí” y “Costumbres argentinas”, himnos de la agrupación.


Sobre el autor:

Eduardo Ortega |
Periodista de La Tercera.