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Culto
Los que sueñan despiertos: las noches sin final de Andrés Calamaro

Los que sueñan despiertos: las noches sin final de Andrés Calamaro

Dentro de su abultada discografía, El Salmón escribió varias canciones en donde confiesa su simpatía por las drogas duras. Lo siguiente es una revisión —letra por letra— de esos temas que alguna vez confesó “escribí para hablar de drogas sin que se notara”.

“En mi casa fui un león/ más allá de los horarios/ Rompí algunos records/ Varios tiempos coronarios/ pero fueron las canciones/ mi recompensa”, dice la letra de “Son las nueve”, uno de los buenos temas de Honestidad brutal, ese álbum sacado de las entrañas, sangrando, de 37 canciones ordenadas en uun disco doble.

Precisamente el momento donde comienza la escalada toxicológica de Calamaro, según anota el crítico musical Darío Manrique en Honestidad brutal o la huida hacia delante de Andrés Calamaro (Lengua de Trapo). Allí, el periodista español registra una conversación con la mánager del argentino, Olga Castreno:

Yo tenía a la policía a las cuatro de la mañana constantemente en su casa de Pacheco de Melo. ¿Cómo mantenés a alguien que está componiendo las veinticuatro horas, con gente llamando, entrando y saliendo todo el día? Fue todo muy difícil. Para que comiera le tenía que poner el sándwich en el teclado, porque no se iba a levantar a comer. Cuando llevaba tres días sin dormir, le podía decir: ‘Venga, Andrés, ve a dormir’, pero no estaba hablando con una persona, estaba en otro mundo por completo, no tenía las necesidades de una persona normal, como comer, ducharse o dormir. El mundo al que se había trasladado era él y la música. Y llega un momento en que me preocupa su salud, porque está pesando 49 kilos y usa pantalones de mujer, por la talla.



En otro pasaje de Honestidad brutal, el track “Veneno”, una perorata sobre el polvo blanco, Calamaro canta: “El vino no vino/ quiero veneno/ tengo algo de dinero/ y un amigo cocinero// Es temprano, pasaron días enteros/ no te quiero, pero ya te estoy queriendo/ Ya estoy volando, baby/ Y la alegría de compartir/ el buen malvivir”.

Si la principal tesis del libro de Manrique para explicar la fiebre creativa de Calamaro es la ruptura con su pareja de entonces. El gran combustible de esos días —y sobre todo noches—, como explican sus propias canciones, sería la cocaína. No por nada Calamaro bautizó a su departamento bonaerense como Deep Camboya.



En “Mil horas”, uno de sus primeros éxitos junto a Los Abuelos de la Nada, Calamaro canta sobre una estrella roja para hablar de su experiencia con el ácido, como aseguró al diario Página/12, donde también comentó la frase más evidente: “tengo un cohete en el pantalón”.

“Es el porro”, confesó el cantante.



En la letra de “Quién asó la manteca”, el tema bisagra del disco Alta suciedad —que divide al hit “Flaca” del resto del trabajo—, Calamaro resulta todavía más obvio: “Tengo adentro del pecho/ un solo presentimiento/ como de haberme tragado/ una bolsa de cemento”.



“Me estás atrapando otra vez” puede ser fácilmente la canción más turbulenta de Los Rodríguez. Pero según su creador, Ariel Rot, “es un texto desesperado. Habla del momento en que consigues superar una adicción pero eres consciente de tu debilidad y te das cuenta que estás volviendo a recaer en ella”, contó el músico argentino.

Los versos, que Calamaro repasa en cada uno de sus conciertos, hablan por sí mismos: “Eres un ángel maldito/ eres la dama más cruel /un arma de doble filo /contigo sólo puedo perder”.



En clave reggae, “Aquí no podemos hacerlo” tiene una letra más juguetona y fácil de desentrañar: “Nunca quise apurarte/ y que te quemes mal/ mis dedos solo sirven para tocarte a ti/ Un beso, otro beso y la pena se va con el humo/ y dicen que aquí no podemos hacerlo”.

Da para pensar que la musa de Calamaro podía no ser humana.



A la altura de El salmón, el disco más verborreico del argentino, un trabajo quíntuple, con 102 canciones, hay un tema llamado “Chocolate” que parece hablar de alguna sustancia.

“Me quedé sin chocolate/ y las noches parecen vacías/ Vienen poco las melodías a visitarme/ porque la tarde es gris y fría/ Espero que me llegue pronto/ el caramelo que estoy esperando/ vivo pendiente de la cosecha/ la fuerza de la costumbre/ Me late que se me acabó el chocolate/ el chocolate para usted que lo hará sentir mejor/ chocolate, porque los pulmones se merecen ese calor”, dice la letra.

La canción, que fue escrita en su etapa solista parece conversar perfecto con el tema de Los Rodríguez.



Coincidencias o no, la fase más prolífica de Calamaro ocurrió durante su etapa seminal como solista, cuando decía en sus entrevistas que las drogas duras “son momentos de la vida, unos para escribir, otros para aguantar la noche”.

Hoy, el músico que se presenta desde este fin de semana en Santiago, Valparaíso y luego en Concepción, ha dicho que está lejos de las drogas. “No tengo ningún drama personal con las sustancias”, dijo el año pasado en una entrevista con Clarín. “Forman parte lejana de mi vida”, agregó.

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