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Culto
20 años de Alta Suciedad: Calamaro en estado de gracia

20 años de Alta Suciedad: Calamaro en estado de gracia

Tras bajar el telón de Los Rodríguez, El Salmón retomó su carrera en solitario. Alta Suciedad sería la consagración de un compositor que atravesaba seguramente el período creativo más importante de su carrera, un disco sin desperdicio.

Fue en 1986 cuando Andrés Calamaro decidió abandonar el nido. Con 24 años, renunció al éxito que había cosechado en Los Abuelos de la Nada para embarcarse en un nuevo desafío, esta vez como solista. Así nacieron Por Mirarte (1988) y Nadie sale vivo de aquí (1989), discos que se sumaron a Hotel Calamaro (1984) y Vida cruel (1985), trabajos muy íntimos y experimentales que grabó mientras aún pertenecía a la banda encabezada por Miguel Ángel Peralta.

Pero la apuesta no funcionó. Si bien el propio Calamaro aseguró que con Nadie sale vivo de aquí consiguió “el sonido que seguimos usando en vivo y en grabaciones por mucho tiempo”, en esta nueva etapa fue castigado por el fracaso. Años más tarde, en la revista Rolling Stone, lo definiría como “un disco que gustó sin lograr nada”. El resultado, por supuesto, lo obligó a buscar otro camino, encontrando a Ariel Rot y Los Rodríguez.

Pero como sucediera una década antes con Los Abuelos de la Nada, el cantautor bonaerense dio por concluida su etapa en el conjunto español/argentino en 1996. Para instalarse en el olimpo de los grandes compositores del rock trasandino necesitaba un disco que confirmara su madurez musical.

Así, comenzó una nueva etapa como solista, buscando el triunfo que le había sido esquivo hacía diez años. Viajó a Estados Unidos, a las ciudades de Miami y New York, y contrató a músicos que habían trabajado, entre otros, con Steely Dan, Johnny Cash, Tom Waits y Keith Richards. Su idea era encontrar un sonido más suyo, volver a sus bases, alejándose del rock rumbero que había experimentado con Los Rodríguez. Y también de la armonía simple en la que asomaba ese estilo rolinga, tan propio de los argentinos, que marcó el último trabajo que había grabado en su tierra natal.



El resultado fue Alta Suciedad (1997), álbum de quince canciones, lanzado el 9 de septiembre y producido por Joe Blaney. Y de su mano, la consagración. Clásicos instantáneos como “Flaca”, “Loco” y “Crímenes perfectos”, la rebeldía que exhiben “¿Quién asó la manteca?” y “Media Verónica” y un himno de la insatisfacción como “Donde manda marinero” daban cuenta de un solista más adulto, un Calamaro capaz de componer canciones con mucha llegada sin perder su esencia.


La importancia de “Flaca”

Conversando con Jaime Bayly, Calamaro definió “Flaca” como “la sarta de mentiras ‘inocentes’ que uno dice por amor, querer decir una y terminar diciendo todo lo contrario”.

La quinta canción del disco fue clave en su éxito. Una letra que habla de ese amor que duele tanto como reconforta y una melodía monótona pero implacable la transformaron en un emblema de El Salmón. Se puede confirmar en YouTube: con más de 70 millones de reproducciones, se erigió como el tema más visto y representativo del argentino.



“Me gustaron “Flaca” y “Loco” como emblemas de la pareja normal de la calle, como unos Adán y Eva posibles”, explicaría tiempo después en Rolling Stone.

El éxito también se reflejó en los números: Alta Suciedad se convirtió en el segundo disco más vendido en la historia de la Argentina, tras El amor después del amor de Fito Páez. También se lo ubicó como el décimo mejor álbum en la historia del rock argentino, de acuerdo a la lista que realizó la revista Rolling Stone.

Para Martín Pérez, periodista especializado en cultura popular y, precisamente, autor de Las mejores entrevistas de Rolling Stone (2006), el disco actuó como el “catalizador” de la obra de Calamaro: con Alta Suciedad, la música de El Salmón llegó a todos los hogares.

Sobre el autor:

Eduardo Ortega |
Periodista de La Tercera.