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Culto
Des-pa-ci-to (o la paciencia como estrategia en la música de machos)

Des-pa-ci-to (o la paciencia como estrategia en la música de machos)

Aunque el pop es fantasía, algunas de sus canciones no dan lugar a que esa persona a quien cantan —la mujer— sea un individuo con sus propios deseos.

En febrero cerré Facebook, borré whatsapp y empecé a hacer ejercicio. Sé que suena a alguna clásica rehabilitación de quién sabe qué y sí. Era exacto eso. Una rehabilitación que me requería ser sistemática en la trivialidad que fuera. Por eso siempre hacía –aún hago- abdominales escuchando “Duele el corazón” de Enrique Iglesias. En un comienzo la canción me enternecía. “Con él te duele el corazón/Conmigo te duelen los pies”, me parecía –aún me parece- una frase adorable. Pero todos los que hacen ejercicio saben que (una vez superado el momento de esfuerzo horroroso) se alcanza un vaciamiento mental que permite tener La Revelación. A mí me tocó hace dos semanas. Me había entregado a la nada justo después de pensar que Alexis Sánchez hace 1000 abdominales diarios y que yo, cuando mucho, solo 100. Luego de eso vi todo con claridad. La adorable letra de la canción de Enrique Iglesias era, en realidad, extrañísima, al menos para cualquier persona que conozca la ansiedad amorosa. Hay un hombre y una mujer. En realidad: dos hombres y una mujer. Uno –quien canta- quiere estar con ella. Pero es el otro el hombre oficial. Quien canta, sin embargo, no se inquieta. Tiene una confianza radical en que ella lo ama a él. “A mí no me importa que vivas con él/ porque sé que sueñas con poderme ver mujer”, dice Enrique Iglesias, izando la banderita del país de los pacientes, uno al que no tengo acceso, pensé, echándole la culpa de mi desconcierto a esa imposibilidad.

Pero vinieron otros días, más ejercicio y luego de evocar a Alexis y sus mil abdominales, se me apareció una lista de canciones que utilizaban la paciencia como estrategia:



“Bien conocí a tu novio/ pequeño y no buen mozo/ Y sé que no te quiere/ por su forma de hablar/ Además tú no lo amas/ porque él no da la talla/ No sabe complacerte/ como lo haría yo” (“Obsesión”, Aventura)



“Obviamente fue otro quien ganó/ Y también con tu cuerpo y tu calor/ Sólo con eso/ Porque yo sigo en tu mente/ el dueño de tu corazón que late frecuentemente tus sentimientos/ van directo a la deriva y yo puedo salvarlos mantenerte viva” (“Me prefieres a mí”, Arcángel)



“Si conmigo tú te vas/ o con otro te quedas/ no me importa un carajo/ porque sé que volverás” (“Felices los 4”, Maluma)



“Si te pido un beso/ ven dámelo/ Yo sé que estás pensándolo/ Llevo tiempo intentándolo (…) Yo no tengo prisa, yo me quiero dar el viaje/ Empecemos lento/ Después salvaje/ Pasito a pasito/ Suave, suavecito/ Nos vamos pegando poquito a poquito (“Despacito”, Luis Fonsi)

Podría seguir. Pero basta con decir que “Des-pa-ci-to” es la actualización 2017 de la ética sintetizada en la frase “So-la va a ca-eeer”. Además que esto no se trata sólo de reguetón, sospeché. Y la Javiera Tapia (POTQ Magazine, Esmifiesta) me lo confirmó con este Fox Trot de 1930 en el que Abe Lyman, dice con toda la paciencia, la seguridad: “You Will Come Back To Me”:



Da igual si es 1930 o 2017. Aunque las canciones tienen variaciones, todas recurren a la paciencia como estrategia que se vuelve asfixiante: no da lugar a que esa persona a quien cantan –la mujer- sea un individuo con sus propios deseos. Esa otra volverá porque les pertenece. Con esta frase sueno más definitiva de lo que quisiera, de lo que me siento. Porque la verdad es que he tenido más preguntas que certezas. Voy a ponerlas en el orden que me han aparecido. Primero: ¿los hombres, los de la vida real, piensan así?

El pop es fantasía, me recordó la Javiera Tapia.

Cambio la pregunta: ¿por qué es ésta, entonces, la fantasía escogida?

Creo tener una respuesta. La fantasía no es recuperar el amor porque se ama demasiado. Se trata de vencer a otro —destino o rival— porque (ya sabemos) el hombre no llora, no pierde, la derrota no es un asunto de machos. La fantasía aquí no es nada más que la perpetuación de una imposición cultural.

Pero la paciencia no está perdida. Al menos si se renuncia a usarla como estrategia. Pienso en “Humanos a Marte”, de Chayanne –que no se sostiene en la agresividad del “sé que volverás”, si no en la aceptación de que la palabra paciencia puede implicar algo que nunca será. O “Ya no vivo por vivir”, de Juan Gabriel, quien celebra –sorprendido- el desarrollo de un amor que se da lento. Y, por último, mi favorita: “Otra cosa” de Julieta Venegas, “Contigo probaré/ ser sabia sin presionar/ dejar que sea lo que será/ sólo el tiempo dirá”.



Aunque a mi corazón ansioso le parece que ésta es otra frase inaccesible proveniente del país de quienes tienen paciencia, aquí sí quiero vivir. O, por lo pronto, sorprenderme con sus canciones.

Sobre el autor:

Camila Gutiérrez |
Es periodista y autora de las novelas Joven & alocada y No te ama.