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Culto
Director ejecutivo Centro Cultural Estación Mapocho: “Una feria que capacita maestros de la construcción es cultura”

Director ejecutivo Centro Cultural Estación Mapocho: “Una feria que capacita maestros de la construcción es cultura”

El periodista y sociólogo Arturo Navarro, quien dirige el mismo espacio hace 23 años, se refiere a los hitos y desaciertos durante su gestión. Defiende su modelo de trabajo, que le otorga espacio al arte y sobre todo a eventos comerciales de carácter masivo.

1999 fue un año difícil, “de grandes dificultades económicas debido a la disminución de las actividades comerciales”, se lee en la memoria del Centro Cultural Estación Mapocho, el primero del país en su tipo y que en 2016 cumplió 25 años de vida. Así y todo hoy podría ser considerada como la época dorada de la institución refugiada en la ex estación ferroviaria diseñada por el arquitecto chileno Emilio Jecquier, que en 1976 fue declarada Monumento Nacional. Un total de 1.147 funciones de teatro, por ejemplo, y de recordados montajes además, como Gemelos de La Troppa, o Popol Vuh del Gran Circo Teatro de Andrés Pérez, se cruzaron con los masivos recitales de Red Hot Chili Peppers y la venida a Chile del mago David Copperfield.

Hoy, sin embargo, cuando una suave lluvia cae sobre Santiago, pasan recién de las 4 y media y al interior del imponente edificio ronda el silencio. Hasta el 2 de julio se mantendrán abiertas las dos exposiciones disponibles: una es Desarraigos, de Catalina González, una investigación sobre la extracción del alga huiro negro en el norte, y la otra, una muestra con fotografías de Diego Moreno titulada Guardianes de la memoria, que retratan el barrio de la Merced en San Cristóbal de las Casas, en Chiapas. Pero nadie deambula ahora por ninguna de las dos salas. Tampoco por el resto de la nave central, salvo funcionarios y un hombre que pinta una pared a lo lejos. La cafetería, en tanto, permanece cerrada.

Desde el segundo piso, lejos del ruido callejero, el periodista y sociólogo Arturo Navarro, director ejecutivo del recinto desde su apertura en 1994, muestra algunos de los reconocimientos que cuelgan de las paredes de su oficina, en particular uno: “El premio Reina Sofía de Conservación y Difusión Cultural que recibimos en 2008 (’Por su labor de preservación del patrimonio y difusión de la cultura’ ) debe ser el más grande hito en nuestra historia”, dice.

Sus actividades de más convocatoria en 2016 fueron las ferias, desde la Feria del Libro que organiza la cámara del gremio, la Pulsar a cargo de la SCD, MasDeco Market de La Tercera o la Expo Yoga.


—¿Qué balance hace Ud. de estos casi 25 años de gestión?

—Lo que aquí se construyó fue un modelo con todas sus letras. Un modelo exitoso, y me ha tocado ir a Harvard y otros lugares a darlo a conocer. O sea, hemos sido profetas dentro y fuera de nuestra tierra. Nunca hemos recibido recursos estatales, y aunque desde el punto de vista formal este edificio es de propiedad pública (entregado por 30 años en comodato a la corporación que lleva el mismo nombre hasta el 2027), la gestión es privada aunque de servicio público. Esa es la misión: preservar el edificio y difundir la cultura. Este ha sido siempre un espacio abierto a todo tipo de manifestaciones sin restricción. ¿Cuál sí sería una? Una actividad que no esté abierta a todos, por ejemplo un matrimonio.

—¿Se refiere a los eventos privados, que son la mayoría?

—Es más sutil la diferencia. Una convención de un partido político o una misa o ceremonia religiosa de un credo determinado podrían ser ejemplos de lo que digo. No es privada la palabra: si tú ves cómo ha sido el desarrollo cultural chileno, avanza hacia el protagonismo ciudadano, de grandes convocatorias, y eso hacemos. A ese concepto le llamamos “ciudadano céntrico”, pues todo gira en torno a ellos. Nosotros recibimos al año entre 800 mil y un millón de visitas…

—¿Pero esa cifra no detalla la asistencia a actividades externas de las que son de su programación?

—No, es que no hay eventos que sean gestados por nosotros, porque no somos productores. Lo que hacemos es recibir propuestas en teatro, arte y otra clase de actividades, y evaluamos si son de carácter cultural o no y si tienen cabida aquí o si idealmente vienen con fondos aprobados. Te doy otro ejemplo: la Feria Sodimac orientada a los maestros de la construcción. Conversando con ellos la convertimos en una instancia no solo de entretenimiento, como lo sería el arte y el teatro, sino también de capacitación. Eso también es de carácter cultural para un espacio como este.

—Algunos opinan que este lugar se convirtió más en un centro de eventos que en un recinto cultural, ¿qué piensa de eso?

—Quizás es cierto lo que dicen, no es una afirmación que desconozca lo que somos y hacemos. Esto es, por definición, un centro cultural y trabajamos bajo ese concepto. La Feria del Libro (que se realizará del 26 de octubre al 12 de noviembre), por ejemplo, o la Pulsar (24 al 26 de noviembre), convive con la feria Sodimac y lo que hacemos con Dinosaurios y Dragones gigantes (Agosin). Entendemos la cultura como una proyección de la vida de la gente, y no solo en entretenimiento sino en otras necesidades. Casapiedra sí sería un centro de eventos, pues quien tenga el dinero podría estar allí.

—¿Cuál sería la diferencia?

—Allá te dirían que sí de inmediato, aquí revisamos los proyectos y tratamos de buscarle el sentido cultural.

—Por concepto de arriendo, el centro recaudó $ 1.000 millones en 2016, ¿a qué los destinaron además de los costos operativos?

—Siempre reinvertimos ese dinero sobre todo en el mismo edificio. Lo que haría un teatro como cualquier otro, como camarines por ejemplo, o una sala climatizada en el caso de un museo, nosotros lo reinvertimos en arreglar los baños. En los últimos años también se hicieron los ascensores que no teníamos, y pronto echaremos mano a la calefacción. En resumen, todo está pensado para el público.

—¿Y no aspira a convertirse en productor de sus propias actividades?

—Sería contradictorio con nuestra misión y visión.

—Los grandes centros lo hacen…

—Pero nosotros no somos productores, y quizá por eso muchos no han vuelto a aparecerse por aquí. En este momento hay dos grupos (las compañías Carlos Huaico y Teatro del Terror) en residencia, y se les entregó no solo el espacio, sino todo lo que implica, desde la energía, el agua, el uso de los baños, etcétera. Y si deciden estrenar aquí los apoyamos con difusión, pero hasta ahí no más llegamos. Para eso están otros espacios, como Matucana 100 o el GAM.

—¿Cómo ve a la Estación Mapocho junto a esos y otros espacios?

—Para nosotros nunca fueron una amenaza, al contrario, solo nos dieron buenas noticias. La aparición de nuevos centros culturales, partiendo por lo que fue el Arena Santiago, solo nos quitó varias presiones de encima. Cuando partimos no había ningún otro lugar y tuvimos que dar conciertos, que al final eran más un cacho que ganancias para nosotros, aun cuando tuvimos a los Monstruos del Rock (Slayer, Kiss y Black Sabbath, en 1994). Después, el Centro Cultural La Moneda nos quitó la presión de las exposiciones largas. Por mucho que me gustaría, yo no podría tener aquí una muestra de Picasso u otra como la de los Guerreros de Terracota.

—¿Por los costos?

—No, porque resulta que la programación de ferias y festivales es anual. Yo no podría cambiar la Feria del Libro o la MasDeco por una muestra grande de Picasso, iría contra nuestro modelo de autofinanciamiento.

—¿Aun cuando una muestra así reforzaría el carácter cultural del centro?

—Ya hay otros espacios para eso, y los seguirá habiendo.

—Ud. lleva 23 años en la dirección de este lugar. ¿No ha pensado en suceder el cargo?

—El cargo depende de un directorio (encabezado por la Ministra de Educación, e integrado por el alcalde de Santiago, un representante de la U. de Chile y el director de la Corporación Cultural de Santiago, entre otros) que se ha renovado y ha ratificado mi nombre cada dos años, y nunca he recibido quejas. La estabilidad del centro no es casual y el directorio lo sabe: la formación de hábito es la base de la cultura, y si no tienes una continuidad en el tiempo es difícil evaluar proyectos y audiencias. Es un trabajo de largo tiempo.

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