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Culto
Arte y política, la historia de las dos únicas visitas de Yoko Ono a Chile

Arte y política, la historia de las dos únicas visitas de Yoko Ono a Chile

Sin la presencia de la artista, acaba de inaugurarse Dream come true, su retrospectiva en el CA660. Hace casi 20 años, la viuda de John Lennon sí vino al país para apoyar la candidatura de Ricardo Lagos, y regresó un año más tarde para abrir una muestra doble en el MAC y el Museo de la Solidaridad.

Traer a Yoko Ono a Chile. La misión parecía precipitada y un tanto descabellada, pero de todas formas el hoy ministro Heraldo Muñoz, en ese momento ex embajador en Brasil, acató el encargo del candidato presidencial Ricardo Lagos. Era octubre de 1998 y la artista japonesa estaba al otro lado de la cordillera inaugurando una gran exposición en Buenos Aires. El ex presidente pensó que sería una buena idea invitarla al país para darle un realce cultural e internacional a su campaña, y de paso aprovechar las coincidencias políticas que ambos tenían, aunque nunca se habían visto en la vida.

“Había un contacto con una amiga española que andaba con Yoko”, recuerda hoy el Ministro de Relaciones Exteriores. “Pensé que era una voladura ir a Buenos Aires para que un desconocido, es decir yo, convenciera a Yoko Ono de viajar a Chile y tener una agenda cultural con Ricardo”, agrega.

Ya en Argentina, el cientista político logró colarse en la agenda de la artista y asistir a algunos eventos. “Conversé con Yoko en diversos momentos, hubo química personal y fui testigo cuando, en una cena muy desordenada, Charly García se arrodilló frente a Yoko y le rindió un humilde homenaje besándole las manos. Yoko me pregunto quién era ese señor, y le conté. Al final de dos días, la convencí de pasar por Chile”, relata Heraldo Muñoz.

El 17 de octubre de 1998, la viuda de John Lennon aterrizó en suelo chileno y todos los medios de comunicación la habrían esperado ansiosos de no ser porque algo inesperado pero crucial se cruzó en la agencia noticiosa. Ricardo Lagos lo recuerda hoy: “Estaba todo listo para la conferencia de prensa, que pensé sería el punto más álgido de la visita de ella, pero justo el día anterior, a las 8 de la noche, en Chile, tomaron preso a Pinochet en Londres, en The Clinic. Comprenderá que todos los periodistas estaban más interesados en preguntarme sobre eso y no sobre Yoko Ono”, dice Lagos.

Para Muñoz, la detención de Pinochet en Inglaterra desvió la atención. “Creo que no ayudó a la candidatura, pero su visita sí tuvo visibilidad, en todo caso nos preocupamos de protegerla de verse interrogada por el caso de la detención que le era totalmente ajeno”, explica el ministro, quien estrechó una amistad con la artista que de alguna forma hizo posible su exposición en Chile, un año más tarde. Además, Muñoz la seguiría visitando mientras era embajador en las Naciones Unidas en Nueva York. “Nos invitó varias veces a mi esposa y a mí a su departamento del edificio Dakota. Me habló de que a John le dolía Chile durante la dictadura. Y terminó teniendo gran simpatía personal por Tencha Bussi de Allende, pues ambas habían perdido a sus respectivos maridos en circunstancias de violencia. De allí su fuerte compromiso con la paz”, comenta.

Al igual que hace casi 20 años, Santiago recibe una muestra de la artista luego de haber pasado primero por Buenos Aires. Esta vez es Dream come true, retrospectiva que acaba de inaugurarse en el CA660 con la curatoría del director artístico del Malba, Agustín Pérez-Rubio, y de Gunnar Kvaran, director del Museo Astrup Fearnley, en Oslo. La gran diferencia es que en esta ocasión, Yoko Ono no está. Con 84 años, la japonesa -una de las pioneras del arte conceptual y la performance- está cada vez más retirada de la vida pública, aunque sigue atenta a cada detalle del periplo que hace su obra por el mundo.

Su visita en 1998, a pesar de las circunstancias políticas, no pasó desapercibida, sobre todo para la escena artística local que compartió con ella en algunas actividades. La más memorable fue un almuerzo en la Enoteca del Cerro San Cristóbal, donde se reunió con varias figuras de la cultura, como los pintores Samy Benmayor y Bororo, el crítico de arte Justo Pastor Mellado, la galerista Carmen Waugh, el director del Museo de Bellas Artes Milan Ivelic y el músico de Inti Illimani, Jorge Coulon.

Los recuerdos varían según el grado de cercanía que cada uno alcanzó con Ono en la mesa. Mellado, por ejemplo, no se llevó una gran impresión: “Fue muy simpático todo; mucha gente tomó más de la cuenta y hacía un calor horrible. Nadie habló de ningún tema relevante. Llegó Yoko Ono, muy amablemente saludó a todo el mundo y se sentó a la cabecera de la mesa y se puso a conversar con la gente que estaba cerca de ella”, dice. Uno de ellos fue Jorge Coulon, actual director del Parque Cultural Valparaíso: “Había muchos músicos ligados a la SCD y a mí me tocó sentame a su lado, así que conversamos harto. Estaba muy preocupada de los temas medioambientales, y yo le conté de la lucha que dábamos en Valparaíso para salvarla de las inmobiliarias; ella se mostró muy interesada en conocer la ciudad”, recuerda el músico.

Pero quienes más sacaron provecho de la visita fueron la fallecida galerista Carmen Waugh, quien estaba a cargo del Museo de la Solidaridad Salvador Allende (MSSA), y Francisco Brugnoli, recién nombrado director del Museo de Arte Contemporáneo. Ambos lograron amarrar una exposición doble con ella, En Trance y Ex It, la misma que se estaba presentando en Buenos Aires y que al año siguiente aterrizaría en Santiago.

“Al principio la idea era que se exhibiera en el Museo de Bellas Artes, el MAC no figuraba para nada”, recuerda Brugnoli. “Pero me senté muy cerca de ella en ese almuerzo y le conté del museo que en ese momento estaba casi en ruinas, porque no se había terminado de remodelar del todo después del terremoto del 85. Ella me miró y me dijo: ‘Me gustaría pasar a verlo ahora’. Te imaginas, yo bajé del cerro corriendo al museo para arreglar todo. Unas horas después ella llegó, caminando desde el Parque Forestal, entró al hall, se detuvo largo rato y dijo ‘Quiero hacer mi muestra aquí’. Yo quedé estupefacto”, recuerda el director del MAC.


Ataúdes y deseos

Menos de un año después de esa primera visita, en septiembre de 1999, el MAC y el MSSA se alistaban para recibir las instalaciones En Trance y Ex It de Yoko Ono. Aunque venían de Argentina, las exposiciones habían sido creadas especialmente para ser exhibidas en Alicante y Valencia, estaba financiadas por la Generalitat Valenciana y curadas por el español Pablo Rico.

En el MAC se desplegaría En Trance, con siete obras, y en el MSSA, Ex It, instalación de 100 ataúdes de madera con un árbol de canelo sobresaliendo de cada uno. “La obra vino tal cual en barco desde Montevideo, donde estuvo antes”, recuerda Carolina Herrera, en ese entonces asistente de Carmen Waugh, directora del MSSA. “En ese entonces el museo estaba en calle Herrera y la instalamos en el segundo piso, donde estaba la capilla de la casona, un lugar precioso”, agrega. A cargo de la producción estaba además la hija de Waugh, María José Fontecilla, hoy agregada cultural de Chile en Buenos Aires. “Simbólicamente y por estar en este museo, la obra se nos cargaba mucho de la historia política, ver esos ataúdes allí era impactante”, agrega Herrera.

En el caso de En Trance, la producción completa estuvo a cargo del MAC: se construyó cada pieza e incluso se consiguió un árbol de peumo para elaborar la obra Arbol de los deseos, que tiene una nueva versión en el CA660. La productora era entonces María Elena del Valle, quien hoy desempeña esa función en el Centro Cultural La Moneda. “Desde España nos mandaron los planos de cómo se debían armar todas las piezas, fue un trabajo duro y súper riguroso. Lo más difícil fue encontrar este árbol grande, que fue una de sus piezas más emblemáticas; luego de la exposición lo plantamos en el Parque Forestal”, recuerda hoy la productora.

Al igual que entonces, ahora se espera que Arbol de los deseos sea una de las piezas más exitosas entre la audiencia, quienes deberán escribir sus peticiones en un papelito y luego colgarlo de una de las ramas. En ese entonces fue también una catarsis: “Reconciliación para Chile”, escribió Ricardo Lagos, mientras que entre los mensajes del público hubo deseos de todo tipo: “Colo Colo campeón 1999”; “Deseo ir a la universidad”; o “Que alguien me quiera”.

Yoko Ono arribó a Chile unos días antes de la inauguración, y a diferencia de la primera vez se enfocó en el trabajo. Revisó todos los detalles de la muestra y escribió de puño y letra en las murallas del MAC. “Era una persona muy silenciosa, totalmente oriental, se movía con mucha delicadeza y hablaba con muy poca gente, era más bien una presencia”, dice María Elena del Valle.

Otra pieza importante en el MAC fue Juega en confianza (1997), una serie de mesas donde la gente se podía sentar a jugar ajedrez, con un tablero totalmente blanco. En cierto punto, las piezas se confundían y la disputa se hacía imposible. Una de las mesas fue donada por Ono al MSSA. Mientras que el MAC recibió Memory box, una obra con instrucciones que permanece en los depósitos desde esa época y que Brugnoli espera algún día volver a montar.

Para el director, la muestra de Yoko Ono le dio un impulso de energía al MAC y a su propio cargo. “En 1998 yo recién había asumido, y conseguir una muestra de Yoko Ono era sorprendente. Estaba feliz, además, de tener a una artista del grupo Fluxus, que es la corriente que más me interesaba. El día de la inauguración el museo se repletó como nunca, había personas de todo tipo, no solo del arte. Creo que esta muestra le dio una visibilidad al museo que nunca había tenido antes”, concluye Brugnoli.

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