*

Culto
La obra oscura y surreal de Roger Ballen está en Chile

La obra oscura y surreal de Roger Ballen está en Chile

El reconocido fotógrafo, de 67 años, radicado en Sudáfrica, exhibe en Matucana 100. Partió en el fotoperiodismo y derivó a escenas sombrías sobre la condición humana.

Más temprano que tarde, Roger Ballen (1959) comprendió que no bastaba con alcanzar el nivel técnico de los fotógrafos que había admirado toda la vida; la clave estaba en lograr imprimirle a la imagen un sello que la hiciera única. Algo que no naciera de sus manos, ni de sus ojos, sino de su propia mente. Para lograrlo, el neoyorquino debió abandonar su lugar de origen y lanzarse a un viaje más que geográfico, personal, al interior de sí mismo.

Hijo de Adrienne Ballen, quien fuese editora de la Agencia Magnum antes de abrir su propia galería en la Gran Manzana, el pequeño Ballen se crió rodeado de la élite fotográfica de la época y observó de cerca la obra de Edward Steichen, Henri Cartier-Bresson y Andre Kertész. Fueron esos vínculos, quizás, los que lo inclinaron inevitablemente al fotoperiodismo. Sus primeras imágenes de interés fueron las que hizo sobre las manifestaciones estudiantiles contra la Guerra de Vietnam.

Sin embargo, a inicios de los 70 y luego de la muerte de su madre, Ballen ya sabía que ser fotógrafo le iba a significar más que simplemente disparar la cámara frente a un hecho sorprendente.

Viajó por El Cairo, Grecia, Nepal e Israel, hasta que en 1982 decidió instalarse en Johannesburgo, donde concibió el libro que lo hizo conocido: Dorps, pequeños pueblos de Sudáfrica, que le valió varios elogios, entre ellos los de Susan Sontag: “La secuencia más impresionante de retratos que he visto en años”, dijo la ensayista.

En los años venideros, Ballen cambiaría completamente el foco. En un lugar del viaje encontró lo que buscaba y comenzó a producir imágenes cada vez más personales, desligándose de lo documental para acercarse cada vez más al arte.

Ballen elabora perturbadores bodegones, usando de protagonistas a los mismos personajes marginales con los que traba amistad, además de animales, esculturas improvisadas, muñecos y máscaras. Son estas fotos la que lo han hecho aún más reconocido como autor: en 2001 gana el premio a mejor libro fotográfico en PhotoEspaña por Outland, y en 2002, el Festival Reencontres d’Arles lo elige Fotógrafo del año.


Blinded, 2005.

Esta última producción es la que ahora se puede ver en The Place of Ballesque, la muestra que lo trae a Chile y que se despliega hasta el 3 de septiembre en Matucana 100. Son 40 fotografías, siempre análogas y en blanco y negro, que van desde 1999 a 2012 y que reflejan su trabajo más genuino. “Las personas me comparan constantemente con Diane Arbus, pero creo que Samuel Beckett es la influencia clave en mi trabajo. Mis fotografías evocan el absurdo de la condición humana, pero también son reflejo de un viaje sicológico personal. Para mí la fotografía es una forma de mirarme en el espejo”, le dijo el fotógrafo al diario The Guardian, en 2015.

Darle la vuelta

Las primeras señas que tuvo Montserrat Rojas Corradi de Roger Ballen provinieron de él mismo. En 2010 la curadora lo contactó luego de enterarse de que el fotógrafo quería exponer en Chile. “El ya había tenido una muestra importante en Argentina y con su agente pensaron que sería fácil cruzar la cordillera. La verdad es que él ha tenido una paciencia infinita para esperar y preparar esta muestra que al final pudimos concretar este año”, cuenta Rojas Corradi, a cargo de la curatoría de la muestra. “Tenerlo aquí es realmente un privilegio, porque hoy él ya es una figura de talla internacional. Ahora, en julio tendrá una gran muestra en el Festival de Arles, donde hará una instalación en una casa abandonada, y en paralelo está aquí en Matucana 100”, agrega la curadora.

Desde mediados de 2006 Ballen empezó a ampliar su registro a partir de la colaboración mutua con el grupo de rap sudafricano Die Antwoord. La pareja de músicos participó en sus fotos, y Ballen dirigió el videoclip de la canción “I Fink UFreekly”, que alcanzó más de 76 millones de visitas en Youtube. Además, en los últimos años el fotógrafo ha comenzado a elaborar instalaciones que mezclan fotografía y arquitectura con inquietantes resultados.



“Él está constantemente reestructurándose y reformulándose, pero siempre manteniendo su línea estética, eso es notable”, dice Rojas. “Creo que él tiene una obsesión por la acumulación, lo residual, las cosas abandonadas y de alguna forma las personas a las que retrata son también un residuo de la sociedad. Muchos han tildado su fotografía de morbosa, pero la diferencia es que él entabla relaciones con las personas que fotografía. No es que los lleve a un estudio, ellos son parte de su vida y en ellos se ve él mismo”, resume la curadora.

Sobre el autor: