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Culto
White Pony: apuntes del disco que definió a Deftones

White Pony: apuntes del disco que definió a Deftones

Un 20 de junio, hace exactos 17 años, el tercer disco de la banda de Sacramento cabalgó la era del new metal gracias a su mezcla de shoegaze con porciones de new wave, trip hop y elementos del glitch.

UNO
En la era del plástico la novedad abre paso a la siguiente novedad. Las cosas —las personas, los objetos, los afectos— se usan y se descartan. Pero hay unos cuantos que arriesgan y persisten, haciendo recircular el tiempo en lugar de avanzar en forma lineal. Entre esos menos esta banda, que desde Saturday night wrist (2006) entró en un limbo de doble filo: Deftones tan cerca de romperse para siempre como de, al mismo tiempo, publicar el disco perfecto.

En 1998, la revista Pinkpop le preguntó a Camilo “Chino” Moreno dónde te ves en diez o veinte años más. El cantante y guitarrista había dejado atrás las uñas pintadas y los dreadlocks decolorados para pararse los pelos y subirse a una tabla. El registro captura tal vez la mejor etapa de la banda de Sacramento: después de publicar Around the fur (1997) y justo antes de encerrarse a grabar White pony (2000), tal vez sus dos discos más importantes.



Aparecidos a comienzos los 90, en una escena dominada por Red Hot Chili Peppers y Rage Against the Machine, el quinteto se había colado en MTV en días de headbangers en los conciertos y los primeros registros de la etiqueta aggro metal.

“No sé si voy a estar en esta banda o en otra, pero definitivamente estaré haciendo algo que tenga que ver con música”, dijo Chino Moreno.

“El amor de mi vida es la música. Tanto la amo que siempre voy a estar haciendo algo que tenga que ver con ella, aunque eso sea trabajar en una tienda de discos. La música me inspira para vivir. Entonces haré música para siempre, hasta el día de mi muerte”, respondió el cantante hace diecinueve años, trazando una hoja de ruta: si alguna vez el plástico se asoció a la producción en serie de cultura, también debería serlo para las formas efímeras.



DOS
Zombis. El EPK de White Pony, una especie de adelanto para la prensa del disco, muestra a la banda tocando las canciones de ese trabajo en medio de un apocalipsis zombi, donde todo parece plástico y a punto de romperse.

Deftones declaró hace un tiempo que fue en White Pony cuando algunos de sus integrantes comenzaron el consumo de cocaína. De hecho, ese es el significado del título del álbum. “Vivíamos como si no hubiese mañana”, contó el guitarrista Stephen Carpenter a la revista Kerrang! Ese período marcó el despegue global de la banda, pero también, en paralelo, lo que ellos llamaron “los días oscuros”, un período marcado por colapsos, divorcios y drogas duras, que abarca los discos que vinieron más adelante: Deftones (2003) y Saturday night wrist. “Casi echamos a Chino de la banda en ese disco”, contó el guitarrista.



TRES
En su última visita a Santiago, cuando sonaron “Diamond eyes” y “Rocket skates” en medio de un descampado en Cerrillos, Deftones demostró a diecisiete años de White pony que todavía es una banda que sigue sacando discos y tocando en vivo como prueba de que no hay plástico en los materiales de su música.

El festival Santiago Gets Louder, un pequeño Lollapalooza de poleras negras, dio cuenta de la importancia de ese disco en la actualidad de la banda. Por algo repasaron canciones como “Feiticeira”, “Digital bath” y “Knife prty”, donde los gritos agresivos de la mayoría de las bandas producidas por Terry Date se mezclan con las melodías tan oscuras.



En Deftones, tanto las letras como los discos pasaron del desencanto al hermetismo, con Stephen Carpenter desatado y Moreno gritando muy alto. Pero hay una marca de estilo cuando el vocalista canta relajado y suave en “Change (in the house of flies)” o “Passenger”, dos canciones perfectas.

Qué es lo que las hace una canción perfecta es algo difícil de precisar. Podría decirse algo muy técnico y quedaría muy frío. Podría hablarse del color de la voz de Maynard James Keenan, que colabora en el disco, pero no es tan así. Podría afirmarse que se trata de una banda que vimos crecer y sobrevivir a los asuntos que suelen desordenar las tramas (como ese capítulo llamado Chi Cheng), pero sería parcial, injusto. Podría ser el tedio: las letras como la solución líquida en que la música revela estados de ánimo. O la imagen de una frase como “Toma el arma/ llévame lejos” y “Espejos laterales/ a quién le importa lo que hay detrás”. O, mejor: “Change (in the house of flies)” y “Passenger” como versiones insospechadas de un disco como You’d prefer an astronaut (1995), de Hum, o una versión concentrada y espesa del shoegaze de Loveless (1991), de My Bloody Valentine. Todo eso es y no es Deftones, y sobre todo White Pony, un que alcanzó a tener tres ediciones distintas con canciones inéditas como “Back to school”, “Pink maggit”, “The boys republic” y “Teething”. Un disco importante, que en pena era new metal se atrevió a introducir elementos del new wave, el trip hop y hasta el glitch electrónico. Un verdadero disco de culto.


Sobre el autor:

Alejandro Jofré |
Editor de Culto. En Twitter es @rebobinars