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Culto
La reinvención post 40 del Teatro Imagen

La reinvención post 40 del Teatro Imagen

El grupo fundado en 1974 por Gustavo Meza alista una gira por los 20 años de La reina Isabel cantaba rancheras. Su mujer, en tanto, la actriz Elsa Poblete, inaugurará este 30 de junio una sala en las dependencias de la escuela.

Nada más cabían 40 personas en esa sala, pero tras la primera función de la obra Cartas de Jenny durante el invierno de 1989, el dramaturgo, director y uno de los fundadores del Teatro Imagen, Gustavo Meza (1938), supo que no faltaría el espectador inquieto que saliera a las calles a echar a correr la voz. Y así fue.

Escrito a partir de la correspondencia que la irlandesa residente en Chile Jenny Materson había enviado a su hermana en Dublín entre los años 1930 y 1950, el texto dirigido por él mismo y protagonizado por otra de sus integrantes históricas, la actriz Jael Unger, dio su salto maestro a los pocos meses. Tras una primera temporada a tablero vuelto, el montaje que con los años se volvió uno de los incombustibles del grupo que en 2014 celebró 40 años de vida, marcó presencia en festivales en Argentina, México, Estados Unidos, España y otros rincones de Europa.

“Fue la primera vez que utilizamos esa sala que históricamente ha pertenecido a la escuela como un espacio experimental, pero nunca habíamos tenido segundas intenciones con ella, y eso que nos había traído muy buena suerte”, comenta el Premio Nacional de Artes de la Representación 2007 a sus 79 años, y quien hoy prepara una gira nacional para octubre por los 20 años desde el estreno de La reina Isabel cantaba rancheras, de Hernán Rivera Letelier.

Sentado junto a él en el living de su casa, en Providencia, su mujer, la actriz Elsa Poblete (1952) se suma a sus palabras: “Para los 40 años la reabrimos fugazmente con una dirección mía de Osorno 1897: Murmuraciones acerca de la muerte de un juez, y desde entonces ha seguido cumpliendo su rol más académico, como un lugar de creación y ensayo para nuestros alumnos”, cuenta.

Casi sin darse cuenta y a poco de terminados los festejos por las cuatro décadas del grupo, a la actriz se le vino a la cabeza la idea de tener un espacio propio. “Uno pequeño eso sí, donde el público rodee a los actores y podamos compartir emociones, juegos, signos y gestos”, explica. “Quiero ver cómo sería hacerlo todo cada vez más natural, más puro e íntimo, pues a veces me molesta lo gritado del teatro que se hace en los grandes escenarios, y un día recordé que ese espacio aún estaba frente nuestras propias narices”, agrega.

El próximo viernes 30 de junio, Poblete reinaugurará la sala Imagen en la misma casona y sede de la escuela ubicada en calle Loreto 400, en el barrio Bellavista. Para la ocasión remontará la obra El deseo de toda ciudadana, de Marco Antonio de la Parra, un texto que fue estrenado en 1987 bajo la dirección de Ramón Griffero y que fue protagonizado precisamente por ella y el actor Alex Zisis.

“Esta vez la voy a dirigir con el grupo con el que venimos trabajando hace un tiempo, y que lo integran egresados de la escuela”, explica la actriz. Su nueva versión, siempre apegada al contexto en que fue escrita, narra la historia de una mujer sola que un día se topa con un desconocido que logra poner al fin su vida en jaque. Ahora los roles recaerán en Paula Ureta y José Pedraza, cuenta, dos intérpretes formados por ella y Meza: “Me interesó volver a traer este texto por todo el mundo que retrata. El de una mujer que no ha encontrado el amor ni la felicidad, y también por todo lo que gira en torno a ese hombre oscuro. Aun cuando los dos provienen de realidades casi paralelas, se involucran en una historia de amor y en tiempos en que el amor estaba en segundo plano”.

En principio, la reinaugurada sala Imagen solo acogerá montajes del mismo grupo, agrega Poblete, “pero quién sabe, hay muchas obras de otras salas que me encantaría que estuviesen allí. Pero eso lo veremos después”, afirma.


Resistir

Cien alumnos posee actualmente la escuela Teatro Imagen, dice Gustavo Meza, quien además preside la Sociedad de Autores Nacionales de Teatro, Cine y Audiovisuales (ATN), y es miembro de número de la Academia de Bellas Artes. “Casi siempre, desde 1983, cuando la abrí, han sido más o menos los mismos, pero cuando estalló todo el negocio universitario en los 2000 y se crearon nuevas escuelas de teatro, a la mía y a la de Fernando (González) no nos afectó en cantidad sino en la calidad de los alumnos”, opina. “Muchos desde luego aspiraron a ingresar a la universidad y casi porque había que hacerlo, y nos fuimos quedando medio guachos, sin muchas armas para hacerles frente”, agrega.

Aun así -comenta Meza- le atrae la idea de que su academia, de la que han egresado, entre otros, Roberto Farías, Antonia Zegers, Felipe Braun, Jorge Becker y Trinidad González, “siga siendo un lugar estrictamente de formación teatral y de resistencia además al mercado”, dice el director. “Para mí esta escuela nunca ha sido un negocio, sino un antídoto para sentir ganas de permanecer en esto, aunque sea una tosudez de mi parte. Cuando un actor asume que lo suyo no es una profesión cualquiera sino una enfermedad contagiosa, todo es más claro para ellos”, concluye.

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