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Isabel Allende, escritora: “Siempre he creído que el amor se da a cualquier edad, si uno está abierto”

Isabel Allende, escritora: “Siempre he creído que el amor se da a cualquier edad, si uno está abierto”

El romance en la madurez y la migración son los temas que aborda en su última novela, Más allá del invierno, que llegará a librerías el 20 de junio. Además, la autora bestseller y Premio Nacional se refiere a la legalización de la marihuana y a su nueva relación, tras finalizar su matrimonio de 27 años.

Corre 2016 en Nueva York y la ciudad es declarada en estado de emergencia. El frío invierno y la cantidad de nieve caída se vuelven una pesadilla. Nadie puede moverse de su hogar. Lucía Maraz es una periodista chilena que vive una temporada como invitada en la Universidad de Nueva York. Pero pasará varios días encerrada por la tormenta. Lucía arrienda un pequeño departamento en el sótano de una antigua casona de ladrillos en Brooklyn. Su casero es su jefe de la universidad, Richard Bowmaster, quien habita el piso superior de la casona.

Lucía tenía “el carácter estoico de la gente de su país: estaba habituada a terremotos, inundaciones, tsunamis ocasionales y cataclismos políticos; si ninguna desgracia ocurría en un plazo prudente, se preocupaba”, se lee en Más allá del invierno, la nueva novela de la escritora Isabel Allende (75).

En cambio, Richard hace varios años “vivía en un entorno perfectamente controlado, sin sorpresas ni sobresaltos, pero no había olvidado del todo la fascinación de las pocas aventuras de su juventud…”, relata el ejemplar que llegará a librerías chilenas el próximo 20 de junio, editado por Plaza & Janés.

Lucía tenía 62 años y Richard, un año menos. Ambos enfrentaban la madurez en soledad, dedicados a sus labores profesionales. Ella venía saliendo de una desilusión amorosa, luego de su divorcio con Julián, quien le había sido infiel. Mientras que Richard se casó con “una joven voluptuosa”, y juntos vivieron en Brasil.

Los dos adultos deberán enfrentar el drama de Evelyn Ortega. La joven guatemalteca indocumentada se cruzó en sus vidas cuando en plena tormenta Richard tuvo que salir de urgencia en su auto. En una calle Evelyn asustada chocó el auto de Richard. Pocas horas más tarde ella termina en la casona ubicada en Brooklyn. Finalmente los tres, Lucía, Richard y Evelyn, no solo deberán superar juntos el paso de la tormenta, sino también una serie de desafíos que los obligará a salir a la carretera. La aventura arranca cuando un cadáver es encontrado en el automóvil que manejaba la joven migrante.

“El caso de Evelyn es como el de los muchos casos que me toca ver en la fundación que tengo, donde en diferentes programas ayudamos a los refugiados. Entonces no tuve que inventar al personaje, porque existe. Tal vez no igual, pero con otro nombre. Ella representa a los más vulnerados, los que no tienen derecho a nada, a los primeros que caen cuando hay un problema”, dice Isabel Allende, al teléfono desde California, donde vive hace más de 30 años. La conversación con Culto ocurrió antes de su viaje para presentar Más allá del invierno en la Feria del Libro de Madrid. De la novela se imprimieron 300 mil ejemplares para distribuirse en los países de habla hispana.

Ocurrió el lunes de la semana pasada en España. “Vestida con una casaca color mimosa y maquillada como para una boda”, describió el diario El País a la Premio Nacional de Literatura 2010, quien se presentó en la Casa América de Madrid. El títular de esa nota llamó la atención y fue replicado en la prensa de Latinoamérica: “Me he enamorado de nuevo a los 75. No hay amor sin riesgo”.

Mientras escribía su última novela, la autora más leída de la lengua española, con 67 millones de copias vendidas, encontró un nuevo amor. Su relación con Willie Gordon, tras 27 años de matrimonio, finalizó en 2015. Así es como Más allá del invierno está dedicada a Roger Cukras “por el amor inesperado”.

Al otro lado del teléfono Allende sonríe. Hablará del abogado que la tiene contenta y de sus planes en pareja. “Nos conocimos en junio del año pasado. El me escuchó en una entrevista por la radio y me escribió un mensaje a la oficina. Y al día siguiente me escribió de nuevo, al otro día también, y además me envío un ramo de flores… Y así estuvo un tiempo hasta que en octubre tuve que ir a Nueva York y lo conocí, y fue amor a primera vista. El tiene toda una vida de experiencias y mi vida, imagínate, es súper complicada. Pero cuando hay un corazón abierto uno corre el riesgo, ¡Qué vas a perder!”, expresa la autora de La casa de los espíritus.

En el transcurso del diálogo Allende pregunta por los candidatos presidenciales. “Me alegra que se haya aprobado el voto en el extranjero. Sin duda voy a votar. No sé por quién, hay tanto candidato que veré cómo se van definiendo. Ahora no sé qué cosa nueva puede estar ofreciendo Sebastián Piñera”, dice.

Otras aventuras

Lucía Maraz, la protagonista de la novela, y su hermano mayor, Enrique, crecieron en ausencia paterna. Fueron criados por su madre Lena. Los hermanos participaron en los movimientos sociales del Chile de los 60. Pero el Golpe de Estado de 1973 los separó para siempre. Lucía partió al exilio en Venezuela y de Enrique no se supo más tras haber sido acusado “de ser guerrillero”.

En tanto Richard Bowmaster, de origen alemán, tenía un carnet con el que compraba marihuana para uso medicinal. Con la yerba preparaba queques, ya que padecía de úlcera y dolores de cabeza. Y Evelyn, la más joven de los tres, tenía experiencias más radicales. La chica tímida, que cuidaba a un niño con parálisis cerebral de una familia neoyorquina, había sufrido la violencia de las pandillas criminales: su hermano Gregorio fue asesinado por los Maras. Ahora, a los tres personajes los unirá el ser extranjeros en Norteamérica.

Para Allende, el epígrafe de su libro guía la historia y la de su vida actual. La cita es de Albert Camus: “En medio del invierno aprendí por fin que había en mí un verano invencible”.


—¿Cuánto de su biografía hay en la novela?

—El libro es autobiográfico con respecto al amor maduro, que es lo que me está pasando a mí ahora. Yo me separé de mi marido muy tarde y luego viene la pregunta lógica: ¿Uno es capaz de enamorarse en la vejez? Con respecto a la novela, yo soy mucho más vieja que la protagonista del libro (se ríe)… Pero lo cierto es que yo siempre he creído que el amor se da a cualquier edad si uno está abierto. Esta novela viene de la cita de Camus, que de alguna manera me dio la estructura del libro. La idea de que todos pasan el invierno real, y que también es el invierno metafórico de las vidas de estas tres personas de la novela, que están como detenidas en un momento invernal. Y bueno, luego hay una circunstancia que los saca de allí y los tres descubren que hay en ellos un verano invencible, que todos tenemos, que es la capacidad de alegría y de conectarse con el corazón.

—¿Qué sabía de pandillas como los Maras?

—Esas pandillas partieron en Los Angeles. Después fueron deportados y volvieron a El Salvador, Honduras, Guatemala y formaron allá nuevas pandillas, y ahora son una red internacional. Son más de 70 mil pandilleros que cometen las atrocidades más grandes, que incluyen violaciones, secuestros, asesinatos, y el liderazgo del narcotráfico. De todas ellas la peor es la MS-13, la Salvatrucha. Y conozco víctimas de esas pandillas, que reclutan a los muchachos. Nadie emigra por gusto. La gente se convierte en refugiado o exiliado porque viene escapando de algo. La gente llega a EEUU escapando de la pobreza, pero también del crimen, la violencia y la corrupción. Además, las mujeres son víctimas también por el solo hecho de ser mujeres.

—¿Es más complejo con Donald Trump?

—Lo que ha disminuido es el número de refugiados que quieren entrar. La deportación no resuelve el problema, sino la causa por el que se produce y eso está en los países de origen, donde hay una desigualdad tremenda.

—Richard consume marihuana como uso medicinal ¿Qué opina de su legalización?

—Aquí ya hay varios Estados que tienen aceptado su uso medicinal que sirve, por ejemplo, para combatir el insomnio como para aplacar el dolor. Yo no fumo porque me hace pésimo, pero conozco a muchas personas que fuman y eso no te convierte en un adicto. Yo creo que la legalización permitiría el pago de impuestos y un mayor control. Creo que hay todo un mito con respecto a la marihuana, hay gente que le da terror la pura palabra. Mi ex marido me cuenta que en California cuando él tenía 10 años, la gente plantaba marihuana en el jardín y que era más fácil conseguir en el colegio un pito de marihuana que un cigarrillo. También está la satanización de la marihuana, de que es una droga que abre la puerta a otras drogas más fuertes. Y el problema de las drogas lo he vivido de cerca: los tres hijos de Willy eran drogadictos, dos de ellos murieron y el otro no tiene vida por la droga.

—¿Se proyecta con su nueva pareja?

—Bueno él ahora está planeando venir a vivirse conmigo a California (se ríe). Y no es que yo ande apurada, pero a la edad que tengo ¿Cuántos años más me quedan por vivir? No sé… Ahora él es abogado y trabaja a tiempo completo. El dice que puede hacer una parte del trabajo a distancia porque no va mucho a tribunales. Ya estuve con él en Chile. Se los presenté a mis viejos. Mi padrastro, el tío Ramón, tiene 101 años y mi madre 96 años. Y al tío Ramón le dije: “Le presento mi nuevo pololo”. Y me dijo: “¿Cómo? ¡Otro más!” (Se ríe). Pero le cayó bien a todo el mundo, lo llevé al desierto de Atacama. Fue una bella experiencia.

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