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Culto
Los sonidos de Juan Pablo Abalo

Los sonidos de Juan Pablo Abalo

El músico nacional regresa a su música en solitario para explorar el ruido de las redes sociales. En conversación con Culto, analiza su último trabajo, Música Ambiental.

La mente de Juan Pablo Abalo siempre está girando en torno a la música, un arte que ha decidido explorar de cada manera posible. No es sólo compositor y arreglista, sino también productor, crítico y académico. Y quienes han tenido la oportunidad de conocer su trabajo, el que realiza de forma independiente, silenciosa y, sobre todo, constante, saben que tiene una de las visiones musicales más interesantes de la escena nacional. Es de esas personas con las que se podría hablar de música toda una tarde, y nunca quedar corto de aristas que explorar.

A tres años de su último trabajo como solista, el excelente Como Un Animal, Abalo volvió a la música en solitario con Música Ambiental, un trabajo de ocho canciones publicado en mayo (disponible en las principales plataformas de streaming). No significa que haya estado alejado de la composición: entre medio publicó dos discos más como parte de proyectos colaborativos, incluyendo el grupo Los Días Contados. Pero en su nuevo disco deja atrás los tintes más pop y electrónicos de sus últimos trabajos, privilegiando canciones que se construyen en torno al piano y observaciones respecto a las redes sociales. Pero el nombre es engañoso. Si bien las melodías son más reflexivas, Abalo no se dedica a explorar el género que popularizó Brian Eno. Sus canciones no están para pasar desapercibidas; tienen bastante que decir. “Creo que el nombre es algo contrario a lo que es realmente el disco”, dice a Culto.


—¿Por qué elegiste el nombre Música Ambiental?
—Tiene que ver más con el concepto de “ruido ambiental”, como las conversaciones que andan dando vueltas. Pero a su vez claro juega con el género de la música ambiental, que a veces es muy mal visto, como si fuera una música para decorar nomás. Pero la única canción del género en verdad es la última (que le da nombre al disco). Creo que habría sido demasiado directo ponerle Música Ambiental a un disco de música ambiental.

—Es un disco bastante distinto a tus trabajos anteriores, Como Un Animal y con el grupo Los Días Contados. ¿Te propusiste lograr eso?
—No, fue más espontáneo el proceso en verdad. No hago muchos cálculos respecto a esas cosas. Creo que se conecta más con el Canciones de Misa, que publiqué antes de esos. No por la temática, que es distinta, pero es más íntimo y más… Claudio Ruiz me decía que era “político”. Y es que son canciones salidas de muchas discusiones y conversaciones, fotos y posteos. Pero no era la idea que fuera distinto, sólo me salió así. Le he estado dando muy fuerte al piano, y como que desde allí se construyeron las canciones.

—¿En qué minuto comenzaste a trabajar estas canciones?
—Las comenzamos a trabajar con Felipe Castro en su estudio desde diciembre. Fuimos a paso tranquilo, y terminamos hace un mes más o menos. Pero fue muy bueno el trabajo con él. Yo grabé casi todos los instrumentos y Felipe aportó con algunas cosas, además de mezclarlo. Se trabajó con un grupo cerrado y chiquitito.

—¿No habías trabajado con él antes?
—Habíamos coincidido en una cosa nada que ver. Yo asistí en la producción de un disco y él lo estaba grabando. Creo que es bueno trabajar con diferentes productores y gente en cada disco. Me suele hacer bien, ya que soy un poco más encerrado con mi música. Tuve la tincada de que Felipe me podía ayudar con un disco así y el trabajo con él fue muy expedito.

—Las canciones tienen hartas observaciones sobre el mundo de hoy, sobre todo de las redes sociales. ¿Cómo fue el proceso creativo para dar con las letras?
—Tienen que ver como con la saturación de conversaciones que tenemos hoy en día. El otro día leía una entrevista con (Michael) Haneke, el director, y hablaba sobre la frivolidad de las redes sociales. Y yo participo de ellas, no me quiero poner como por encima de ellas. Yo participo y a ratos me he dado vergüenza (se ríe). Pero la cosa es que ahí se da una forma de relaciones humanas muy rara; peleadora, enjuiciadora, hedonista. De todo eso comenzaron a salir las letras. La Foto tiene mucho que ver con eso, y la cantidad de imágenes que uno ve en redes. Festivales de Música también está en esa línea, en cómo vivimos sacando fotos y generando conversaciones en torno a festivales. Y también se discute de todo en las redes sociales, desde política hasta la tele. Es un disco que sale un poco de Facebook.

—Hay una canción distinta, que es Gas Propano, que pareciera tener que ver con algo más concreto…
—Es un caso del SENAME, de una noticia con la que me encontré en algún lado, que era bien impresionante. Era una niña de 16 años que se murió junto a una amiga tras haber consumido mucho gas propano y butano. Era tristísima la historia, y además estaba muy bien escrita entonces como que te tomaba. Una cabra así de joven metida en gas propano, no es algo que uno se encuentre. Es una realidad distinta. De todas formas siempre me he sentido interesado en temáticas así; en Como Un Animal también había canciones sobre asesinatos y cosas por el estilo. Me gusta un poco transformar la noticia amarillista en canciones. Es algo que me cautivó desde que leí Crónicas de Bob Dylan, que contaba cómo transformaba noticias del diario en música.

—Como decías, es un disco bastante de piano, de hecho prácticamente no tiene percusión. ¿Por qué lo centraste de esa forma?
—Ahí hay algo también de música ambiental, de canciones que están como suspendidas, como flotando. El piano creo que siempre ha sido el instrumento que más me gusta. Coincidió además este período con la llegada de un piano muy rico que conseguí, un piano suizo, al que le he dado como caja. Y ahí empecé con estas canciones. Hace tiempo tengo ganas de hacer un disco de piano solo, pero como que se me adelantó este. Como que se me metió un poco en el medio. Pero estoy muy fascinado nuevamente con el piano. He vuelto al instrumento con mucha obsesión.

—Este es tu primer disco como solista en tres años, tras algunos proyectos colaborativos. ¿Por qué fue este el momento de volver a trabajar en canciones en solitario?
—Ese tiempo estuve componiendo para otros lados, principalmente, y después sacamos un disco con Pablo Muñoz y Motivado, con un proyecto que se llama Estancia La Mar, que era de música más electrónica, de canciones largas, y lo sacamos a través de un sello danés. El disco se llama Sesiones de Panamá. Y claro, también estuvo lo de Tocaciones, con Los Días Contados. Pero he estado metido harto en producción también; probando nuevas cosas. Pero claro, como había estado en otras cosas, no se me había dado lo de componer de nuevo solo.

—¿Qué te pasa como músico cuando tus canciones ya están publicadas? ¿Le sigues dando vueltas o te separas un poco de ellas?
—Me desprendo casi totalmente. De hecho, me pasa que quizás me desprendo mucho. Me canso un poco de escucharlas. No me molesta tanto tocarlas, pero tengo un gran desprendimiento con todo lo que hago. Me dan ganas de hacer otras cosas, empiezo a pensar ya en el próximo disco. Lo que más me gusta es el antes y el durante; el después es lo que menos me atrae de todo el proceso creativo. Lo que me interesa es obviamente que la gente los escuche, pero eso no está en las manos de uno.

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