Culto

Ordenando la discografía de Kanye West: un ejercicio arbitrario

Un 8 de junio hace 40 años nació Kanye Omari West, uno de los artistas más comentados, debatidos y analizados en la cultura popular este milenio. El rapero y productor ha llamado tanto la atención por su siempre cambiante visión musical, como por su polémica actitud.

Ordenar su trabajo musical es un proceso complicado por dos razones: primero, su discografía carece de puntos bajos, con ocho discos habiendo conquistado a la crítica especializada –obviamente algunos más que otros-. Por ende, más que “de peor a mejor”, el orden es “de menos bueno a excelente”. Segundo, porque ordenar la discografía de un artista sí siempre es un ejercicio arbitrario –y por ende fútil-, dependiendo de quien lo haga. Sobre todo en un catálogo tan parejo, el resultado nunca será ni cerca de absoluto. De todas formas aquí va:


8.- Late Registration (2005)

El segundo disco de West aún lo encuentra en modo previo a “soy un Dios”, y volver a escucharlo siempre es un buen ejercicio para oír letras en las que el rapero y músico aún tenía una narrativa sencilla, que mezclan experiencias personales con ambición, referencias a la cultura pop y buen sentido del humor. Musicalmente, es un paso adelante de su debut, The College Dropout, asociándose con Jon Brion (el productor de Fiona Apple) para añadir arreglos orquestales a su sensibilidad soul. Y si bien tiene excelentes canciones como “Gold Digger”, “Hey Mama”, “Touch the Sky” y “Diamonds from Sierra Leone”, la sección media del álbum pasa sin penas ni gloria. Temas como “Drive Slow”, “Crack Music”, “Roses” y “Bring Me Down”, si bien no molestan, palidecen en comparación al resto del disco.

Mejor canción: “Gone”, probablemente la mejor muestra de técnica vocal en el comienzo de la carrera de West.



7.- Graduation (2007)

El disco que inició la era de Kanye West Superestrella, siendo no sólo un éxito en ventas, sino que además sonando más grande y épico que sus dos trabajos anteriores, gracias a una instrumentación influenciada por el synth-pop y la música electrónica, que permean todas las canciones. Pero, al igual que Late Registration, si bien un buen trabajo, le falta para ser redondo: temas que figuran en lo mejor del catálogo del rapero, como “Good Morning”, “Stronger”, “Can’t Tell Me Nothing” y “Homecoming” (hasta Chris Martin está bien ahí), se mezclan con “Barry Bonds”, “Drunk and Hot Girls” (quizás la peor canción de West) y “The Glory”. Aún así, pocos discos del oriundo de Chicago tienen más energía que este.

Mejor canción: “Stronger”, porque obvio que sí.



6.- The College Dropout (2004)

De aquí en adelante, todos los discos rozan o cruzan la barrera de la genialidad, por lo que son sólo detalles los que deciden que uno esté por sobre el otro. The College Dropout es más que hip-hop: es un cambio de paradigma. El género no volvería a ser lo mismo después de que West demostrara en su debut que las letras podían ser personales, vulnerables e inteligentes al mismo tiempo, sin perder esa actitud y exceso de confianza que han hecho tan atractivos a los mejores raperos. A nivel de producción, que mezclaba samples de soul y R&B recolectados de todos los rincones de la tradición afroamericana, el disco sería una Meca para toda una generación de músicos. “Jesus Walks”, “Slow Jamz”, “Never Let Me Down” y más posicionaron a West como uno de los cerebros más creativos del hip-hop del nuevo milenio. La única razón por la que no está más arriba es porque es sólo un ápice de lo que el músico demostraría en los diez años posteriores.

Mejor canción: “School Spirit”, una crítica al sistema educacional y sin ningún garabato de por medio.



5.- Watch the Throne (2011)

Luego de una época de experimentación, Watch the Throne significó volver a lo básico, y al sonido más directo –y menos abrumador- de sus primeros discos. También significó aliarse con su mentor, mejor amigo y a ratos rival: Jay-Z. El resultado son 46 minutos de ambos raperos dando lo mejor de sí mismos relatando la vida de lujos que llevan y los desafíos que debieron sortear para llegar a la cima. El hecho de que es probablemente la colección de canciones más accesibles en la carrera de West, y la frivolidad de las letras, pueden llevar a mirarlo en menos, pero el disco es como lo que The Avengers es para el cine: no será el proyecto más ambicioso del mundo, pero por Dios que es entretenido. Y probablemente la última vez que Jay-Z sonó relevante.

Mejor canción: “Niggas in Paris”. Se queda pegada en la cabeza.



4.- 808s & Heartbreak (2008)

El momento Revolver de Kanye West: lo anterior era bueno, pero es aquí donde las cosas se ponen realmente interesantes. Tras haber conquistado el mundo con Graduation, el mundo del rapero se desmoronó: su madre murió en 2007 tras una bizarra complicación en una cirugía estética, y además el músico terminó con su novia de años. El resultado es un disco atípico, donde West no rapea en ningún momento –le deja esa labora a los artistas invitados- y en vez de eso canta a través del auto-tune, herramienta que alteraría todas sus herramientas musicales. Lúgubre y con la tristeza como foco, el disco es más electropop que hip-hop, y les abrió la puerta a múltiples artistas que transformaron la melancolía en la base de su carrera –James Blake, Drake, Bon Iver, Frank Ocean y The Weeknd han citado el trabajo como influencia-. El mismo West no volvería a ser el mismo tras descubrir todo un nuevo espectro de sonidos.

Mejor canción: “Welcome To Heartbreak”; desgarradora tanto lírica como musicalmente.



3.- Yeezus (2013)

Tras unos años transformado en un paria social debido a su arrogancia y comportamiento errático, en la época previa a Yeezus parecía que al fin las cosas iban bien para West. Al fin parecía ser reconocido dentro de la elite de la música moderna, se había casado recién y tuvo a su primera hija. Por eso fue sorpresivo cuando el disco terminó siendo un agresivo manifiesto de ira. Sí, las cosas estaban bien en su vida, pero dentro de su cabeza, West guardaba todo un mundo de rabia. Con una producción minimalista, sucia y abrumadora –al más puro estilo Nine Inch Nails-, West dispara contra el racismo, contra sus críticos y también contra sus más monstruosos impulsos. West y su música embisten como rinoceronte, y el resultado no es nada menos que fascinante.

Mejor canción: “Blood on the Leaves”. Sólo West puede comparar la esclavitud a una separación marital y salir airoso.



2.- The Life of Pablo (2016)

Las cosas sólo están bien por un tiempo en el mundo de Kanye West. Los elogios por Yeezus fueron quedando en el pasado, y su comportamiento comenzó a ser nuevamente errático y propenso a los escándalos. Dilató una y otra vez la espera por su octavo álbum de estudio, cambiándole de nombre cuatro veces, y en un movimiento inédito en el mundo de la música, incluso una vez publicado en febrero de 2016, The Life of Pablo siguió siendo modificado, con el artista relanzando el disco dos veces, acción que fue bastante criticada. El disco es inconexo, desenfocado y tiene algunas de las letras más insultantes del siempre polémico músico. Y quizás puede ser su mejor trabajo. The Life of Pablo es Kanye West en bruto, un álbum en donde vació la totalidad de sus pensamientos e ideas musicales, desde el minimalismo de Yeezus hasta los complicados arreglos de My Beautiful Dark Twisted Fantasy y la melancolía de 808s & Heartbreak. Es también probablemente su trabajo más revelador a nivel de letras. Con referencias constantes a su lucha con la depresión y sus demonios internos, West nunca se ha dejado ver tan vulnerable, y por eso mismo, empático como aquí. Una lista monumental y llena de calidad musical adorna las canciones: Chance the Rapper, Kendrick Lamar, Frank Ocean, Sampha y más. Pero, aunque quizás intervenga vocalmente menos que en todos sus trabajos anteriores, la estrella y el genio detrás de todas las canciones sigue siendo indudablemente West.

Mejor Canción: “Ultralight Beam”. El tema que abre el disco de paso transforma a Chance the Rapper en una estrella.



1.- My Beautiful Dark Twisted Fantasy (2010)

El sonido de un renacer. Muchas cosas son discutibles al momento de analizar los méritos y los matices de la discografía de Kanye West. Menos que My Beautiful Dark Twisted Fantasy es su mejor trabajo. No sólo eso, quizás es mejor que todos los trabajos de la mayoría de los artistas en los últimos diez años, y el mejor testimonio de que la egolatría y arrogancia de West vienen efectivamente de un genio. El álbum, como cualquier gran disco, tiene tantas capas que cuesta describirlo en palabras: es un auto-perfil, una historia de dolor, de auto odio, de celebración, de la fama y de la experiencia afroamericana en Estados Unidos. Recién salido del Taylor Swift-Gate que le significó el reproche del mundo del espectáculo, West decidió realizar el trabajo más grandilocuente, uno en que cada canción es una épica. Los temas son extensos, llenos de detalles musicales y pueden ser abrumadores. Pero hay una belleza presente en la honestidad con la que habla desde sus pensamientos de grandeza (“Power”), hasta sus peores instintos (“Monster”) y su remordimiento respecto a sus acciones (“Runaway”), que resulta única. Musical como líricamente es su trabajo más ambicioso, y uno que demuestra que el hip-hop puede ser toda una declaración artística.

Mejor canción: “Lost in the World/Who Will Survive In America”. Pocas veces un disco ha terminado mejor en el nuevo milenio.