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Culto
Hilda Mundy: cuando lo breve se hace inabarcable

Hilda Mundy: cuando lo breve se hace inabarcable

Cómo se puede, a corta edad y en una época contraria a las mujeres, llegar a ser una periodista y escritora tan audaz, y más inexplicable aún, una mujer con un sentido del humor negro e irónico. Es lo mejor de Laura Villanueva Rocabado, el verdadero nombre de la escritora boliviana Hilda Mundy.

En todas las referencias de su vida no puede faltar su risa, su humor agudo y contestatario, no ofensivo ni menos delicado, sino que preciso. Una ironía que se refleja a través de todo lo que escribió, pero en particular en Pirotecnia, ensayo miedoso de poesía ultraísta publicado originalmente en La Paz en 1936. Un libro maravilloso de principio a fin, la única obra que publicó en vida.

En Pirotecnia vemos cómo la poetisa se ríe de la sociedad de su época, de las mujeres, pero sobre todo se refleja un incuestionable don de la escritura, ese que toca a pocos y que sin mayor esfuerzo (aparente) logra conmover con un lenguaje tan simple, pero que, a la vez, tiene tantas capas que son imposibles de contar, ni siquiera de imaginar.

Es la poesía de Hilda la que te sostiene frente a un texto dedicado a la bombilla de luz de un poste o a los adoquines, como si estuvieses leyendo la biblia o el Corán —con más interpretaciones que religiones—.

La magia de lo inabarcable se cuela en cada uno de sus breves textos y los hace infinitos, quizás por eso, a pesar del corto tiempo en que escribió, su obra sea tan consistente, tan pesada como todo el mineral de las minas de Oruro. Esa fue la ciudad donde nació y se crió hasta ser “exiliada” a La Paz, luego de escribir columnas sobre la Guerra del Chaco, en el diario La Patria, y la aparición de su columna “Brandy Cocktail”, donde criticaba a la sociedad y a la guerra que tanto le molestaba.

Dicen que si no fuera por la influencia de su padre, el arquitecto Emilio Villanueva, la hubiesen mandado más lejos aún, a un lugar desconocido.


Dieciséis

El gigantón-poste ha florecido en una bombilla eléctrica por milagro de la Empresa de Luz…

Ascendida sobre la vulgaridad achatada de la ciudad,
la orgullosa contempla embebida el damero “derrengado” de las cuadras con una atención insólita…

Todo el barrio se imanta a su visual…

Está contagiada irremisiblemente de la maledicencia,
la procacidad, grosería callejera.

Ella sabe lo que ocultan los antetechos trasteros de
las casas del barrio…los repliegues postreros de las
construcciones…los jardines interiores…o el encanto
ventilado de las azoteas…

En la ociosidad de todos los días , atisba cómo van de
desvestidas y ligeras las mujeres en su desperezo matinal,
cuando los patios recogen sus primeras tonadillas
despiertas…

Ella sacia su curiosidad femenina con un sentido
recóndito y entrañable de todas las pequeñeces del
barrio.

En tanto que su tallo, el fiel madero-poste como un
Amante resignado, continúa sosteniéndola con su
resistencia cuerpilarga y desgarbada…


Fueron las minas las que llevaron a su padre a Oruro y las que permitieron que la ciudad creciera en cantidad de bancos y librerías, lo que sería la clave de su conocimiento del mundo: el padre viajaba a Chile, a París y ahí hay una muestra de las ganas de Laura de comunicarse a través del arte de la escritura y también de su excepcionalidad para la época.

En paralelo, Hilda Mundy es una actriz de radioteatro en Londres, conocida en la escena cultural de Europa, recién un año después de que Laura tomara prestado su nombre. Otro de los misterios del mundo Mundy.

Algunos dicen que su padre pudo haber llevado uno de los discos de Mundy, otros simplemente se lo explican por la capacidad de conocimiento global de la joven en un mundo desglobalizado. A pesar de sus ganas de mundo, a los 23 años estaba preocupada de su tierra, de su país y de la Guerra del Chaco. La contienda bélica contra Paraguay, entre septiembre de 1932 y junio de 1935, por el territorio llamado Chaco Boreal. Finalmente, tras la intervención de Estados Unidos y más de 100.000 muertos y desaparecidos de ambos bandos, Bolivia se quedó con la cuarta parte del terreno en disputa (perdiendo la salida al mar) y Paraguay con el resto.

Tanto así que la columna de Laura, “Dum Dum” (onomatopeya del sonido de las balas paraguayas), publicada en la sección humorística del diario La Patria, servía como escaparate para disparar a políticos, militares y burócratas, una de las razones de su exilio a La Paz.

Era sin duda una mujer corajuda, inteligente y rebelde como la describen sus pares de la época. Hay relatos sobre hombres perplejos ante la fascinante escritora, una excepción en su generación, una de las pocas que fue miembro del movimiento literario de vanguardia denominado “Ultraísmo” (España, 1918).

Hilda se salta el amor, lo suyo es la ironía, el rechazo que representa esta frase: “El asco que dá tu sociedad, ¿por el pelo de hoy cuánto gastaste?”, dice “La rubia tarada” de Sumo; el poema “XXV” de la Mundy, la misma cosa, 49 años antes: el vanguardismo en su máxima expresión.


XXV

La mujer felinamente bella,—-por un atávico resto de
sadismo—colora sus uñas de un cutex sangriento que
va tiñendo de rojo el aura donde juegan sus dedos.

Es distinguida, pero parece que los circunstantes
estuviésemos
calados por dos minutos de tragedia intensa:
en el epílogo de un crimen o de un rito religioso, en el
que se hubiese sacrificado un inocente corderito.

Las uñas rodenas, furiosamente rodenas, como reflectores
de caucho escalofrían a los que están próximos y
todos, por un enlace de ideas, evocan la representación
total de unas manos fantasmales revolviendo el laberinto
rojo de unas vísceras…de unas entrañas…

Los bordes se muestran por el contraste, verdosos o
amarillentos como…(perdonad el intento de engarzar
una metáfora antihigiénica).

Muchas veces he pensado en la posibilidad de mutilar
los dedos a las mujeres que atentan contra la tranquilidad
ciudadana con el cutex criminalmente rojo de
sus uñas felinas.


Ya en La Paz, Laura —que antes de ser Hilda fue Anna Massina, María D’aguileff, Madame Adrianne y Jeannete— volvió a ser Laura cuando se casó con el poeta Antonio Ávila Jiménez, dejando de publicar para dedicarse por completo a la compilación y difusión de la obra de su esposo. Otro misterio Mundy: hay quienes dicen que nunca dejó de escribir.

Tras su muerte en 1989, se publica, impulsado por su hija, Silvia Ávila Villanueva, Cosas de fondo, impresiones de la Guerra del Chaco y otros escritos con textos inéditos como “El Mensajero”, “Amigo Pintor”, “Las Señoritas Anafractarias”, “Agavilla”, “Tu sangre de la Tierra”, “Amigo Diablo” y “La Subasta: un cuento humorístico”.

Laura Rocabado Villanueva es autora de una obra breve pero (metafísicamente) tan extensa y profunda que no veremos todo su alcance, ya que se reedita cada día como una profecía que se va cumpliendo luego de quedar plasmada en sus textos, fuera de toda razón de tiempo-espacio. Hay que leerla.


El 2015, la editorial chilena Los libros de La Mujer Rota publicó Pirotecnia, ensayo miedoso de literatura ultraísta, tercera edición —la primera fuera de Bolivia— del libro al que pertenecen los dos poemas transcritos más arriba.


Sobre el autor: