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Culto
Playa Gótica está listo para debutar

Playa Gótica está listo para debutar

Ni tan gótico ni tan pop, ni tan hombre ni tan mujer, ni tan Bar de Réne ni tan Loreto. La banda nacional que viene llamando la atención hace años, por fin lanza su primer disco, Amigurumi. Sobre ser o no ser, y sobre música, hablan con Culto.

Sticker de vivienda censada, sticker de Sailor Moon. Fanny Leona abre las puertas de su casa en polar. Perritos, dibujos, cables, estufa, más dibujos. No se parece mucho a lo que se puede ver en el video de ‘Reptil no Gentil’, ese que los llevó a la vitrina de bastantes actuales seguidores. En el fondo, nada se parece mucho a la imagen que se pueda tener de Playa Gótica.

El clip de agosto del 2015 retrata al cuarteto nacional en una habitación que se entremezcla con efectos y recortes de revistas, pero un año y un par de meses antes de eso, la historia recién se gestaba con la llegada de Leona a una banda que harto sabía de improvisación y punk. Se juntaron, arrendaron una sala de ensayo del porte de una caja de fósforos en pleno barrio universitario y empezaron a trabajar en el single que los llevó a grabar con Converse Rubber Tracks y a desembarcar en el radar de la capital.



Por esos tiempo eran más desordenados, tenían menos claro qué hacer y recién re-armaban una idea que debutó bajo el nombre de Diaguitas. “Teníamos que mandar la maqueta a un concurso y alguien la mandó como Diaguitas. Era fome, a nadie le gustaba así que después llamamos para pedir que, porfa, nos cambiaran a Playa Gótica”, dice Cristóbal Loader, el bajista de pañoleta nacido y criado en Los Andes, donde disfrutó de sus primeras bandas de covers de punk chileno. “Es provocador pero no, es casi humorístico. No tiene nada que ver con lo que hacemos como banda, en realidad”.

Saben que gótico evoca a una imagen que no concuerda tanto con lo que presentan, visual y sonoramente. Sí pueden ser una banda oscura a ratos, pero también están llenas de colores pasteles y sintetizadores sabrosos. Deliciosa mezcla que toma como inspiración a Arto Lindsay, quien se atrevió a dejar la distorsión en las guitarras dentro de piezas del funk más bailable.

“Nosotros conocemos a Milton -Mahan, de Dënver y productor de PG- hace rato. Él es de San Felipe, siempre nos invitábamos a tocar cuando éramos más chicos. Una vez fui a verlo a Subterráneo y le comenté que estaba armando algo que le podía tincar. Le conté de la Fanny, y le tiré estas maquetas medias Stereolab”, cuenta Loader sobre los primeros acercamientos al pop que tuvieron, y a Milton como productor, quien se ha encargado de todos sus singles, y ahora de su disco debut.

“Le mostramos un par de canciones y enganchó altiro con el Reptil, es la más pop de todas. Igual en ese tiempo estábamos haciendo algunas cosas más desordenadas”, relata Fanny, quien tuvo que desechar varias ideas de 8 minutos, pasadas de progresivo e imposibles de cantar. “Estábamos buscando una identidad”, comenta, y desde ahí parte ese trabajo por interiorizar el pop que siempre escucharon con la pesadez que habían aplicado en sus instrumentos a lo largo de la práctica.

Cristóbal llegó a Dënver y no le quedó otra que pulir su puñeta punk. Fanny se integró al proceso de composición. Andrés Ugarte, que ejerce como profesor de música, dejó el teclado que venía entrenando y desempolvó su guitarra para llenarla de pedales y efectos más cercanos al baile, sin perder el ruido. Y Pipa, que debutó en Sin perdón, ya ha sido parte de otros proyectos nacionales similares. Con el contexto personal de cada uno y las tardes de ensayo en la minúscula sala, terminaron de crear el mejunje que significa Playa Gótica.

Son un mix extraño, desde cómo se ven hasta el público al que han llegado. “A veces mis familiares me dicen ‘oye ¿y no les da miedo que la gente que llega por lo que ve online los vaya a ver y quede pa’ la cagá’?”, parte Leona. “Hay tres canciones en Youtube y te haces una imagen con eso y de pronto yo soy una camiona cantando como salvaje, y los cabros están pateando los pedales con el pelo en la cara…Hay gente que tal vez va a ver otra cosa pero casi todos quedan contentos con el vivo”, cuenta entre risas de sus compañeros. Playa Gótica es transversal: llegan a un sector más escolar por la estética japonesa que han presentado, llegan a los fanáticos de los efectos más cochinos. “La otra vez un metalero duro nos escribe ‘qué buena su música, son súper raros, les quiero comprar un vinilo’”, recuerda la vocalista.



Están resumiendo todos sus gustos en un disco debut que por estos días ve la luz tras largos años de sesiones, ensayos y arreglos. Amigurumi son trece canciones y cuatro trocitos, como dicen los integrantes, que logran combinar las dos perspectivas del proceso de armar el álbum. “Trabajamos como locos en la sala, armando canciones dos semanas antes de empezar a grabar, por eso algunas quedaban medias desordenadas así que el proceso de hermosear el trabajo fue igual de importante que armar las maquetas. Ese proceso fue eterno y en ese trayecto pudimos ir dándole la identidad que no encontrábamos en la sala”.

“Es un buen diario de vida de la banda”, cuentan. No podrían definirse, no tienen muchas ganas de hacerlo. Tal como Stereolab los acompaña desde el inicio de las primeras ideas, en Amigurumi hay referencias a Boy George, a Prince, a la música oriental, a toda la que ha pasado por sus reproductores. “No podemos definir el disco porque nuestra naturaleza es indefinida y siempre va a ser así. No podemos presionar lo que somos. A veces me dan ganas de andar peinada con gel y terno y al otro día cantar con falda y chapes. Y me importa un hoyo”, explica Leona que por estos días también trabaja en su proyecto solista. “El mundo me pone demasiadas cárceles como limitarme en mi banda”. Amigurumi es el nombre que reciben unos pequeños tejidos a crochet en la cultura Japonesa, y a pesar de que nació comprando empanadas cerca de San Diego, logra representar la construcción que han desarrollado en estos tres años y en el extenso estreno.

Las primeras pistas en forma de single con marca de por medio, las tocatas, y el público variado también los ha llevado a chocar con el resto de las bandas. “Hemos quedado aislados, no sé si creen que cobramos mucho o si es porque nos vinculan con Dënver, pero en ese sentido las bandas más jóvenes tienen prejuicios con nosotros”. Les cuestan las fechas porque han abarcado todo: telonearon a Alex, participaron de eventos del sello Cazador, salieron en el compilado NMC de Heyne junto a la nueva camada del pop de suburbio, tocan en el Bar de Réne. “La gente nos da bola pero las bandas no”, comenta el bajista. “Parece que cuesta que algo sea tan distinto o sea tan de todo, es medio ‘si no eres como nosotros no hay espacio para ti aquí’, como pasaba en el colegio. Es triste”, agrega Fanny.



Nada es como parece. La carrera de PG no sobrevive a marcas ni siempre es bonita como se ve en los clip debut. Nada es tan gótico ni tan pop, ni tan hombre ni tan mujer, ni tan Bar de Réne ni tan Loreto. Los nacionales vienen con mejunje sonoro a demostrar que para bailar y agitar la cabeza no es necesario una edad, ni un género, ni un look, ni una escena.


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