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Culto
A favor de Amnesiac

A favor de Amnesiac

Lanzado hace dieciséis años, a la sombra de OK Computer y Kid A, Amnesiac demostró que Radiohead estaba para correr riesgos y mover los límites de su propia música.

Fue leído como el hermano raro de Kid A, un disco que soportó la estatura de su predecesor, OK Computer, pero que —más importante todavía— vino a perseverar en el estadio electrónico y experimental del sonido de Radiohead.

Amnesiac, el disco aparecido un 5 de junio de 2001, el quinto álbum de estudio de los de Oxford, vino a intensificar el trabajo de la banda con un cancionero profundo y con identidad propia, y demostró que Radiohead estaba para correr riesgos y mover los límites de su música.

Compuesto en su mayoría por el tridente formado por los hermanos Colin y Jonny Greenwood y el baterista Phil Selway, el álbum toma elementos electrónicos para macerarlos con pasajes orgánicos guiados por las reglas del jazz, una mezcla entre la instrumentación clásica y una selva de sonidos sintetizados.

Se trata de un un viaje melancólico y a ratos perturbador e incluso aterrador de casi 44 minutos, con una paleta mayormente oscura y onírica. Eso es: Amnesiac es un disco hecho del material de los sueños. Ahí están el instrumental de guitarras híper procesadas, “Hunting bears”, y el cierre con la delirante “Life in a glasshouse”, donde la Humphrey Lyttelton Band evoca al Miles Davis más experimental, como un buen botón del tono tan abstracto y vanguardista del álbum.

Así como la monótona y asfixiante “Pulk/Pull revolving doors”, que discurre entre el budismo y las ideas de Stephen Hawking, es el pasaje más débil del disco; tal vez el punto más alto aparece en “Pyramid”, que arranca como una balada de piano hasta alcanzar el dramatismo que imponen las cuerdas de la Orquesta de St. John’s, y la paranoica y agobiante “Knives out”, reforzada por un impecable video del director francés Michel Gondry.



El arte es otro punto alto del disco, que muestra a un minotauro llorar desde la ilustración de Stanley Donwood, el responsable de que los discos de Radiohead luzcan como objetos únicos.

A nivel de letras, Amnesiac, por así decirlo, es un disco conceptual, en el sentido de que está compuesto por pequeños momentos reconocibles en la vida de cualquiera. Es el talle y detalle de episodios significativos, dolorosos o confusos, de esos que cambian o sacuden a las personas y sus destinos.

Amnesiac, por lo visto, toca la tecla del existencialismo.

“Packt like sardines in a crushed tin box” y “Morning bell/Amnesiac” hablan del divorcio, mientras que “Pyramid song” lo hace con la muerte, “You and whose army?” va sobre el desencanto del sistema, “Dollars and cents” discurre sobre las corporaciones, y el poderoso final de “Life in a glasshouse” va sobre la vida privada cuando es invadida.

Amnesiac debiera ser leído como una pieza única, como un trabajo lleno de detalles enormes, que imploran más de una escucha para desenrollar la madeja que forman sus letras tan crípticas y el dramatismo de un trabajo pletórico de creatividad, que reforzó el período más pleno de la banda, cuando demostraron su capacidad de rehacerse y sorprender.



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