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Culto
Trevor Pinnock: “Tocar a Haydn es como hablar con un viejo amigo”

Trevor Pinnock: “Tocar a Haydn es como hablar con un viejo amigo”

El conductor y clavecinista nominado a tres premios Grammy se presenta el próximo viernes en el CA 660.

Hubo un tiempo, antes de la revolución de la música en streaming, donde el disco compacto fue el mejor embajador del repertorio clásico. Compañías discográficas como Deutsche Grammophon se transformaron en máquinas de hacer dinero y el repertorio barroco fue el gran beneficiado a través de intérpretes que tocaban con instrumentos de época. El alemán Nikolaus Harnoncourt y los tres mosqueteros ingleses Christopher Hogwood, John Eliot Gardiner y Trevor Pinnock fueron el estandarte de aquel asalto discográfico. La próxima semana, nuestro país podrá escuchar en vivo y en directo al último de ellos, uno de los sobrevivientes de aquella época dorada.

Nacido en Canterbury en 1946, Trevor Pinnock se presentará en el Teatro del Centro de las Artes CA660 el viernes 9 de junio a las 20 horas junto a la Orquesta de Cámara de Potsdam (Alemania) y el flautista suizo Emmanuel Pahud (1970), el intérprete más mediático de tal instrumento y solista de la Filarmónica de Berlín. Al día siguiente y a las 19 horas, todos repetirán el mismo programa en el Teatro del Lago de Frutillar.

“Vengo tocando con Emmanuel Pahud por cerca de una década y ya hemos grabado discos con las Sonatas de Johann Sebastian Bach y los Conciertos de su hijo Carl Philipp Emanuel Bach , por ejemplo. A estas alturas la Orquesta de Cámara de Potsdam, Emmanuel y yo somos una familia”, comenta Pinnock al teléfono desde Londres.

Se trata de su primera visita a Chile y es la oportunidad de ver y escuchar a un director de orquesta y clavecinista que llevó la música de Bach, Vivaldi o Mozart a una nueva dimensión. A través de una discografía de más de 100 álbumes para Deutsche Grammophon, Pinnock le otorgó una vitalidad únicas a los grandes del período barroco y clásico. Lo hizo a través de sus interpretaciones dentro del movimiento “históricamente informado”, que privilegia el uso de instrumentos de la época del compositor, grupos reducidos y un ritmo y velocidad más rápidos.

Hoy, la interpretación histórica es la norma y la antigua versión sinfónica a lo Von Karajan está en extinción.

Su discografía es comandada, sobre todo, por The English Concert, el grupo que fundó en 1972 y que dirigió hasta el 2003, acumulando tres nominaciones al Grammy.


¿Por qué eligió tocar en Chile la Sinfonía N° 47 de Haydn, la Sinfonía N° 29 de Mozart, el Concierto para flauta N° 2 de Mozart y el Concierto para flauta N° 7 de François Devienne?

—Es un poco el retorno a obras que hace mucho no dirigía, al menos en el caso de las sinfonías. La Sinfonía N° 47 de Haydn es una obra maravillosa, fresca y llena de inventiva, con la que contrastamos la Sinfonía N° 29 de Mozart. Haydn influyó a Mozart, pero luego pasaría también lo contrario: el hombre joven influyó al viejo. Muchas de las sinfonías de Haydn tienen sobrenombres, algunos bastante particulares como La gallina, El oso o La sorpresa. A la número 47 la llaman El palíndromo, pues la segunda parte del minueto es igual a la primera, pero se toca al revés.

¿Cree que Haydn siempre tiene mucho humor en sus obras?

—Amo la música de Haydn. Para mí es como hablar con un amigo, como conversar con alguien que conozco desde hace mucho tiempo. Uno nunca se cansa de él. Es verdad, su música está llena de humor, pero al mismo tiempo hay sentimientos muy profundos. Llegó a ser muy serio en varias oportunidades, como en su oratorio Las estaciones, que sólo recientemente he podido dirigir.

¿Y qué hay de Mozart?

—La Sinfonía N° 29 de Mozart es una obra de juventud, compuesta a los 18 años. Fue la primera sinfonía de Mozart que escuché, a los 14 o 15 años, en una grabación de Bruno Walter. Luego, por supuesto, la toqué muchas veces con The English Concert y la grabé. Después la dejé y fue sólo a principios de este año que la empecé a dirigir de nuevo con la Orquesta de Cámara de Potsdam en nuestro tour europeo. Es única, como si hubiera sido escrita esta mañana.

Pero Bruno Walter pertenece a la vieja escuela de interpretación con orquesta sinfónica…

—No existe una manera específica de tocar la música y tendríamos que ser muy estrechos de mente si sólo pensáramos que se puede tocar a Haydn o a Mozart con los instrumentos de ellos. Básicamente hay que ser fiel al espíritu del compositor, más allá de nuestras teorías de cómo tocar.

¿Cómo describiría los conciertos que tocarán?

—El Concierto de Devienne es una obra de grandes gestos teatrales, muy viva, aunque quizás no tan profunda como Haydn o Mozart. Devienne era un músico francés de bastante ligereza y brillo y necesita a un maestro de la flauta del nivel de Emmanuel Pahud para sacarle el máximo provecho. Por el contrario, el Concierto de Mozart es mucho más formal, con un gran segundo movimiento.

¿Cómo recuerda sus años frente a The English Concert?

—Con una nostalgia muy afectuosa. Fueron 30 grandes años de mi vida, pero paré en 2003. Cuando recién empezamos en 1972 estábamos abriendo nuevos caminos de interpretación, iluminando sombras y señalando otras rutas para tocar a Bach o Mozart. Hoy las cosas han cambiado considerablemente. Creo que lo más positivo fue esa inquietud por hacer preguntas, por cuestionar y tener la mente abierta a escuchar la música de otra manera. Incluso orquestas tradicionales, como la Filarmónica de Berlín, han adoptado nuestras prácticas de interpretación.

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