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Culto
Cuando Frank Zappa se burló del Sargento Pimienta

Cuando Frank Zappa se burló del Sargento Pimienta

Sólo nueve meses después de la salida de Sgt. Pepper, el cantautor junto a su banda, The Mothers of Invention, lanzó la más célebre y aguda sátira a la obra cumbre de The Beatles. Hasta terminó enfrentado con Paul McCartney a través del teléfono.

Toda contracultura tiene a su respectiva cultura oficial que escoge como enemigo y en el caso de Frank Zappa fue fácil dar con las víctimas adecuadas en los 60: The Beatles, la mayor fuerza de la cultura popular en el siglo XX, la máquina más millonaria de la industria de la música, el establishment más predecible al que desde esa época han acudido miles de músico para citar como influencia.

De alguna manera, los Fab Four representaban para el estadounidense no sólo la encarnación de todos los pecados posibles de cualquier expresión de arte; también eran los caudillos llamados a propagar el credo del flower power y el movimiento hippie, a los que siempre consideró subordinados a un discurso falso, vacío, obsoleto y comercial (“son unos estúpidos”, precisaba a fines de los 70).

Por eso, a mediados de 1967 se propuso dar el gran golpe a la cátedra al facturar la primera gran parodia de, obvio, Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band, la banda sonora del momento, con una respuesta que desde su título dejaba en evidencia su mensaje: We’re only in it for the money (Sólo estamos aquí por el dinero). Nada de indirectas.

Paradójicamente, Zappa fue un artista cuyos primeros años de trayectoria estuvieron determinados en gran porcentaje por la obra de los Fab Four, ya sea por influencia o por sátira, vínculo que mantuvo con matices hasta el final de sus días.



Amor y odio

En su primera gran entrevista, en 1966 y como parte de la promoción de su debut, el músico dijo que el álbum que más lo había impresionado durante esa temporada era Revolver. El anzuelo de tal seducción estaba claro: los ingleses habían empezado a experimentar con la edición de cintas –”Tomorrow never knows” es el caso más claro-, lo que también maravillaba a Zappa, partidario como pocos de las técnicas de vanguardia aplicadas al pop masivo.

En la otra trinchera, Paul McCartney, el Beatle más interesado por el avant-garde y los sonidos del underground, se pasó toda la última parte de 1966 escuchando Freak out!, el debut de Zappa y sus Mothers of invention. De hecho, gran parte de sus biografías cuentan que, en las primeras sesiones de Sgt. Pepper, Macca repetía que su gran ambición era que el cuarteto lograra su propio Freak out!, trabajo volcado casi en su totalidad a la experimentación y la provocación.

Eso sí, el artista fallecido en 1993, y etiquetado como uno de los más versátiles y prolíficos en la historia del rock, no concibió en un principio la idea de burlarse del Sargento Pimienta. Las grabaciones de lo que sería We’re only in it for money comenzaron en marzo de 1967, mucho antes del 1 de junio en que John, Paul, George y Ringo publicarían su obra cumbre.

En un comienzo, el disco sólo formaría parte de una saga de lanzamientos bautizada como No commercial potential, proyecto de inspiración política que intentaba combatir el pop corporativo de fines de esa década.

Pero cuando explotó el verano del amor y Sgt. Pepper se alzó como su santo patrono, el norteamericano comprendió que ahí estaba la materialización perfecta de todas sus pesadillas. Si un estado de la vida tan intenso y vital como la juventud se había vuelto un bien de consumo, era por culpa de esos melenudos que ahora, como él, lucían bigotes.

La frase más iracunda contra el cuarteto la lanzó mucho tiempo después, en 1984, cuando en una entrevista con el periódico The Columbus Dispatch, de Ohio, comentó: “Nunca los odié. En realidad me gustaban dos o tres de sus canciones. Lo que encontraba repugnante era la forma en que se consumían y se vendían. Ningún músico ha tenido éxito en América a menos que estuviera acompañado de buena ropa, algo para bailar o un buen peinado”.

Cuando el también realizador cinematográfico tuvo claro su objetivo, empezó a escribir decenas canciones a la usanza de los primeros Beatles, con melodías azucaradas, letras romanticonas y dulces juegos vocales. Pero, para que la ironía fuera efectiva, no las ensambló en el formato tradicional de un álbum, sino que realizó una suerte de montaje lleno de fragmentos, piezas breves, diálogos inconexos, temas que culminan en voces distorsionadas, ruidos y quiebres inesperados. Una experiencia sólo para oídos ya iniciados en el universo Zappa.

Un buen ejemplo es “What’s the ugliest part of your body?” (¿Cuál es la parte más fea de tu cuerpo?), el track donde imita el timbre meloso que explotaba John Lennon en sus primeros años para interpretar composiciones como “Baby it’s you”. En contrapunto, la letra posee nula candidez: “Todos tus hijos/ son pobres víctimas de desgraciados sistemas más allá de su control/ Una plaga sobre su ignorancia/ y la gris desesperación de sus aborrecibles vidas”.



Cuando tuvo las canciones resueltas, se enfocó sobre la imagen de portada, la referencia natural si el propósito era mofarse del Sargento Pimienta, el álbum que había hecho de la estética un aspecto tan esencial como la música. Para ello, invitó al proyecto al fotógrafo e ilustrador estadounidense Cal Schenkel –posteriormente uno de sus colaboradores históricos-, quien le sugirió reemplazar el cielo azulado de la tapa Beatle por otro más tétrico, sacudido por rayos y tormentas.

Además, las estilizadas flores de Pepper serían desplazadas por un suelo de tierra donde, en vez de Beatles, se podía leer “Mothers”.

ero lo más complejo era sustituir al puñado de personajes que aparecían detrás de los Fab Four, una de las marcas registradas del disco. Para eso, Zappa y Schenkel dispusieron de una serie de imágenes de monstruos, figuras deformes y hasta el propio artista vestido de mujer, además de sumar a Jimi Hendrix, el guitarrista que voluntariamente quiso participar en la aventura. Curioso: Hendrix, el primer artista que realizó un homenaje a Sgt. Pepper, cuando tocó un cover del tema que abre el álbum a sólo tres días de su estreno, ahora se convertía en un cómplice entusiasta de su sátira más mordaz.




Ni tan dioses

Con el diseño listo, Zappa telefoneó a McCartney con el fin de solicitarle una autorización formal para comercializar una portada repleta de guiños al trabajo de los británicos. Según diversos libros, el hombre de “Yesterday” le habría dicho que hablara con los agentes del sello EMI y con los responsables legales de la producción. De lo contrario, todo podía terminar en tribunales.

Al otro lado de la línea, el estadounidense sólo se habría limitado a contestar que le parecía impresentable que no tuviera capacidad de decisión sobre su propia obra. Además, le habría comentado a sus cercanos que confiaba en que, tratándose de McCartney -un Beatle, quizás junto a Lennon el músico más poderoso del planeta en esa década-, el permiso sería sólo cuestión de tiempo. “Ellos son dioses. Los ejecutivos obedecerían cualquier cosa que ellos ordenaran”, fue la frase lanzada por el instrumentista, según recogen algunos de los libros consagrados a su biografía.

Para evitar conflictos con la justicia, y luego de postergar la salida de We’re only in it for the money por casi cuatro meses, Zappa decidió finalmente invertir el diseño, situando la portada como arte interior, mientras que las imágenes destinadas para la parte interna quedarían como protagonistas de la tapa.

Fue finalmente un triunfo de los Beatles, aunque a medias: lo que se veía en la tapa era el cantante junto a su banda con un fondo amarillo, tal como se habían mostrado los Fab Four en las fotografías que acompañaban Pepper. La burla igual había cumplido su misión.

Zappa siguió vinculando parte importante de su carrera a esos hombres alguna vez apuntados como su némesis. Por ejemplo, en 1969 dijo que Lennon tenía razón cuando dijo que los Beatles eran más populares que Jesucristo y elogió al disco Abbey Road, aunque más por su trabajo de ingeniera en sonido que por sus composiciones. Con el propio John terminó tocando en vivo en 1971, además de invitar a Ringo a ser parte de su película 200 moteles.

Con los años, transparentó además su aprecio por sus contemporáneos y reveló finalmente que sus tres temas favoritos del conjunto eran “I am the walrus”, “Paperback writer” y “Strawberry fields forever”. Porque, como había dicho mucho antes, amaba a los Beatles… pero sólo por tres canciones.

Sobre el autor:

Claudio Vergara |
Subeditor de Espectáculos de La Tercera y periodista especializado en música popular.