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Culto
Fakie: buenas noches hasta siempre

Fakie: buenas noches hasta siempre

Esta es la crónica de la noche de despedida de una banda que, con unas maquetas grabadas en dudosa calidad llamadas Demo, se convirtieron en el sonido de la generación fotolog.

“Me fui altiro al 2004, caminando por fuera de la Quinta, escuchando Fakie con un mp3 de 128 mb”, dice uno de los tantos comentarios que tiene el álbum Demo, de Fakie, en Youtube, una de las agrupaciones chilenas que acompañó el adolecer de un montón de jóvenes de todo el país a punta de tragedias amorosas, distancia, y relaciones que se sienten infinitas. Tal como se sentía Fakie a comienzos del 2000, cuando los compañeros de colegio, Jorge y Alejandro Vásquez, se reunieron en torno a la música para cumplir el sueño: “Bajamos a la tierra una idea, una imagen, una historia que teníamos en nuestras mentes. Yo nunca imaginé que íbamos a acompañar a tanta gente en lo que era nuestra propia liberación”.

Con Gonzalo, Seba y Andrés la historia se completó, y de pronto el quinceañero chileno tuvo su propio Rufio, su propio intento de Millencolin con menos tabla y más pena. Y de ahí la historia no paró de tomar vuelo. Con tan sólo un par de presentaciones en colegios de la capital, Ale y compañía se encierran a grabar esos casi treinta minutos que quedaron grabados en la piel de un montón de saltarines ex adolescentes que el pasado viernes 19 en el Club Chocolate, ex Rockola para los nuevos nostálgicos que alcanzaron a ver a Peor es Nada o Shaila en ese mismo recinto, acompañaron a la banda en su despedida.

Por esos tiempos Facebook era Fotolog, Spotify era Myspace y el boca a boca era algo más que un “compartir” en algún teléfono inteligente. “Con 19 años cómo voy a saber si estoy bien”, canta Alejandro en “Día tras Día”, pero mirando para atrás desde el 2017 hasta el 2002, el vocalista de Fakie parece tener todo un poco más claro. “En esos tiempos todo era más casero, ahora cambiaron las reglas del juego, pero tuvimos lo más importante: buenas canciones, que se lograron difundir por sí solas, y la gente las agarró y las hizo suyas. Eso trasciende en el tiempo, eso pasó con el Demo”.



Fakie despidió su formación original hace una semana y los cientos de asistentes confirmaron que canciones como ‘Viernes de Nuevo’ van a quedar albergadas en una parte de su recuerdo junto a los primeros amores, licores, y tocatas. “Yo nunca pensé que Fakie iba a trascender en el tiempo. Sólo estaba haciendo música para impresionarme, para estar a gusto, para escuchar cosas que tenía ganas y no existían. Yo fui mi fan número uno todo el tiempo, y desde esa posición es un honor y un orgullo poder ser parte de la historia de la música chilena y haber aportado con un grano de arena al punk, y al rock, y al indie”, dice Vásquez sobre la influencia de la agrupación que hasta hace unos meses llenaba sus filas con personas que optaron por concentrar sus proyectos fuera de la música.

Por esta razón es que los reyes del emo chileno, que triunfaron en Brasil y deleitaron en Argentina, tienen que poner fin a la historia de esta forma. “Yo era el único que podía dar un paso más adelante. Mis compañeros tienen muchas pegas que escapan de la música. De hecho, hace rato que yo estaba tocando solo, a veces acústico, los temas de Fakie, y hace unas semanas salió un unplugged: le comenté a los chicos y prendieron, así que decidimos montarle equipo y hacer oficial la despedida con esta formación”, cuenta el vocalista, quien tiene planes a futuro con las canciones que le pertenecen desde hace más de diez años.

Club Chocolate a tope. Chaquetas con parches de Fun People, algunos -pocos- peinados extraños, pero más que nada cientos de abrigos sobrios, decorando los brazos de ex-escolares que se dieron permiso por una noche para disfrutar el recuerdo lejano. “Cuando algo se te pega en el corazón, es probable que no quieras soltarlo más. Yo me siento orgulloso de haber encantado a la gente, de haberme casado con los fans a través de mis canciones. Esto es un compromiso, el músico tiene que dar, y el fan recibe y devuelve, tiene que ser una relación sana, donde estemos todos contentos, y yo creo que eso logró la banda”.

De tocatas de colegio, a giras que comprendieron ciudades como Villarrica, Concepción, Rancagua, Viña, Iquique y Antofagasta, a significar más de lo que imaginaron para tantos. Y la influencia va más allá de la historia de plaza. Entre los asistentes a la jornada del adiós que tuvo Fakie, gritando en primeras filas se podía ver a integrantes de bandas que hoy planean revivir y madurar géneros, como Animales Extintos, Caminos o Planetario. El encuentro no discriminó, poco importó el sonido y la masa se volvió a transformar en esa familia que se reunía los sábados por la tarde en algún pequeño bar. “Esto es para ustedes, por ustedes”, dice una de las piezas de la banda invitada, Eimy. “Al final ustedes lograron que esta escena significara algo, que se hiciera esta familia. Es muy lindo ver a viejos amigos cantando, como en los buenos tiempos”, dice apuntando al público que no tiene ningún pudor en mostrar su emoción, como cuando tenían Fotolog y harta, harta pena.

“Fakie es mi vida, es mi salvación, me liberó la mente, me sanó, es mi médico, mi padre y mi madre, y es la plataforma que usamos con mis amigos para decir lo que sentíamos, y logramos decírselo a todo el mundo”, concluye Vásquez, que espera que la verdadera evolución para la banda venga ahora, con él como protagonista. Sandro Miller es el nuevo sueño del músico que, en sus la palabras, logró mestizar sonidos más duros como Face to Face, con la melodía de The Juliana Theory. “Son las canciones de siempre, más algunas nuevas que fueron hechas para Fakie. Es la misma voz, la misma temática, pero quiero que sea más moderno, que tenga más bases, pero siguiendo la línea de la guitarra con distorsión. Quiero que esté al nivel de las grandes bandas de ahora”, dice. Está confiado con lo que viene, y sabe por qué: “Sigue siendo Fakie”.


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