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Culto
Kurt íntimo

Kurt íntimo

Diarios, de reciente publicación en Chile, no aclara los abismos existenciales del líder de Nirvana, pero los condimenta con historias y pensamientos que muestran de primera mano a un Cobain lúcido, raro, enfermo y furioso.

En una primera lectura, Diarios, publicado originalmente en inglés en 2002, no corresponde en rigor a los diarios de Kurt Cobain. Más bien se trata de un libro de recortes, de una serie de cartas no enviadas, notas a modo de borradores sin fechar, ideas sueltas, listas, reseñas inventadas y viñetas; la escritura de la vida íntima del líder de Nirvana, que ofrece respuestas a quienes buscan los motivos del suicidio, de la tristeza del autor de “Smells like teen spirit”, entre asuntos de diverso interés como las ideas tras sus canciones, su adicción a la heroína y sus problemas estomacales.

Lanzado a comienzos de mes en Chile por Reservoir Books, en una edición de 315 páginas, el libro incluye escritos ordenados cronológicamente entre los años 1988 y 1994 con las intimidades más polémicas de la historia del grunge:

Me gusta la sinceridad. Carezco de sinceridad. Esto no son opiniones. Esto no son palabras sabias, esto es una exoneración por mi falta de educación, por mi pérdida de inspiración, por mi desconcertante búsqueda de afecto y por la vergüenza instintiva que siento hacia muchos que tienen más o menos mi edad. Ni siquiera es un poema. Sólo es un montón de mierda. Como yo.

Tal vez el material más interesante para sus seguidores guarda relación con los comentarios de las canciones de In utero y Nevermind, y los momentos en que las anotaciones del músico perfilan a los demonios que lo atormentaban:

Me gusta seguir la carrera de los artistas en sus inicios, cuando luchan por conseguir el éxito. Me gusta el punk. Me gustan las chicas con los ojos raros. Me gustan las drogas (pero ni mi cuerpo ni mi mente me permiten tomarlas). Me gusta la pasión. Me gustan las cosas bien hechas. Me gusta la inocencia. Me gusta la clase obrera y le estoy agradecido por permitir con su existencia que los artistas no tengan que trabajar en empleos de baja categoría. Me gusta nadar. Me gusta estar con mis amigos. Me gusta estar solo. Me gusta sentirme culpable por ser un macho blanco americano.

Así desfilamos ante los episodios retorcidos de su adolescencia, como cuando fue acusado de mantener relaciones sexuales con una adolescente con retraso mental, hasta su relación con su estatura de estrella de rock, una luz que lo encandiló y de la que nunca pudo ocultarse:

Después de todo el bombo publicitario y la atención que nos han prestado este último año, he llegado a dos conclusiones: 1) Hemos hecho un disco comercial mucho mejor que el de Poison. 2) Hay el cuádruple de periodistas de rock pésimos que de bandas de rock pésimas.

Me siento como un cretino escribiendo sobre mí mismo como si fuera un icono semidivino del pop rock americano o un producto confeso de una rebelión de elaboración corporativista, pero es que he oído tantas historias y declaraciones de mis amigos disparatadamente exageradas y leído tantas interpretaciones freudianas mediocres y patéticas basadas en entrevistas que hablan de mí, desde mi infancia hasta el estado actual de mi personalidad y de mi fama de heroinómano perdido, alcohólico, autodestructivo, aunque abiertamente sensible y delicado, frágil, sosegado, narcoléptico, neurótico, un pobre diablo dispuesto en cualquier momento a matarse de sobredosis, tirarse de un techo, volarse la tapa de los sesos o las tres cosas a la vez. ¡Dios, no soporto el éxito! ¡Y me siento tan culpable!

En 2001, Charles Cross, autor de la biografía Heavier than heaven, había revelado algunos pasajes de estos escritos en su monumental perfil del músico. Luego, en el documental Montage of heck de 2015, Brett Morgen convirtió los dibujos y anotaciones del autor de “Come as you are” en la columna vertebral de su narración, elevando el legado de Nirvana hasta un nuevo nivel.

Ahora, la aparición de Diarios —disponible por primera vez en español en la región— supone la ampliación definitiva del patrimonio cultural de la intimidad de Cobain, gracias a los escritos cedidos por Courtney Love a cambio de cuatro millones de dólares.


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