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Culto
Rock, alcohol y literatura: las primeras batallas de Knausgård

Rock, alcohol y literatura: las primeras batallas de Knausgård

Se acaba de publicar en español Tiene que llover, la quinta parte de las seis de la saga Mi lucha, del autor noruego convertido en fenómeno literario. Son sus años de formación como escritor, cuando siente la derrota, crea canciones y poemas y publica su primera novela.

Fuma mucho y lee vorazmente. Descubre autores y los estudia y relee. También escribe. “Estuve escribiendo toda la noche, con la lluvia golpeando en la ventana a mis espaldas”, cuenta Karl Ove Knausgård (1968) en la penúltima entrega de su saga autobiográfica, Mi lucha, compuesta de seis volúmenes.

Titulada Tiene que llover, en ella el escritor noruego recuerda cuando era un veinteañero alumno de la Academia de Escritura de Berger. Tiene hambre de convertirse en un escritor de verdad, mientras tropieza con fallidas relaciones amorosas, publica su primera novela, muestra su amor por el arte, se emborracha y duda, sobre todo duda.

“Escribir significa derrota, humillaciones, encontrarse a uno mismo y reconocer que no se era lo bastante bueno”, señala en el ejemplar de más de 600 páginas que acaba de publicar editorial Anagrama en España. Una serie de copias deberían llegar a Chile a fines de junio. El título reproduce poemas y canciones compuestas por el narrador, traducido a 22 idiomas y convertido en el gran fenómeno literario del siglo XXI.

“Se lee como el origen de la lucha de Knausgård: el paisaje lluvioso en el que se libra su combate con la identidad, el arte, la familia, el sexo y el conocimiento de uno mismo. Algunas escenas están entre las mejores y las más desafiantes de la obra hasta ahora”, apuntó el diario británico The Guardian de la monumental empresa de 3.600 páginas conformada por las novelas La muerte del padre, Un hombre enamorado, La isla de la infancia, Bailando en la oscuridad, Tiene que llover, además del sexto tomo inédito en español.


El vacío

Sus padres ya están separados. Finaliza la década de los 80 y el alumno más joven de la Academia de Escritura, Karl Ove Knausgård, se instala en un departamento cerca de su hermano mayor, Yngve. A él le escribe letras de canciones para su banda de rock (“Era liberador como hacer un crucigrama”) y lee con fervor ejemplares de Bukowski y Knut Hamsun. Escucha a Duran Duran, Bob Dylan y The Cure.

Había leído a García Márquez, pero un compañero le presenta un libro de Julio Cortázar. Otros le dicen que siga las obras de Bret Easton Ellis y John Irving. Rápidamente el alumno escala a lecturas de formación, clásicos y en su primera compra de libros incluye Diario del ladrón, de Jean Genet y G, de John Berger. Luego suma su interés por Thomas Bernhard, V.S. Naipaul y Thomas Mann, y tiene como referente la escritura de su compatriota Kjartan Fløgstad.

En Tiene que llover -que abarca un periodo de 15 años- como en las otras novelas, las descripciones de sus recuerdos se extienden por varias páginas. Como ocurre cuando hacía “autostop” para recorrer ciudades de Europa como Florencia, Atenas y Viena, con poca comida y dinero. En un momento apunta cuando está en una isla griega en el Mediterráneo escribiendo su primera novela: “El vacío que eso significaba no lo sentí hasta que lo invadió todo”.

Sueña con vivir en Estambul. Sin embargo, el estudiante comenzó a adquirir “mala fama” por sus borracheras. Causa desordenes públicos. Sobre el consumo de alcohol, escribe que era “lo único capaz de elevarme e introducirme en algo distinto y más libre”, y concluye que lo mejor era fumar hachís.

En su cuarto reciclaba las colillas de cigarrillos para seguir fumando. “Fue una época horrible”, anota Knausgård, quien entonces escribe en una máquina Olivetti. Los fines de semana visita a su abuelo enfermo, quien termina internado. “Los hospitales existían para curarnos, pero si se le daba la vuelta y se veía desde el punto de vista del hospital, era como si se nutriera de nosotros. (…) Para el hospital todos los corazones son iguales”, escribe.

Ya llevaba escritos un par de inicios de novelas y varios cuentos. Y durante medio año vive en Islandia. Se dedica a vender artículos sobre música a los periódicos. Un día asiste a un concierto de The Sugarcubes, grupo que integraba Björk. Luego termina bebiendo con los músicos en el departamento de la cantautora.

Tiene algunas novias, pero su relación más importante por entonces es Tonje Aursland. El tiene 25 años, ha retomado la carrera de Historia del Arte en la universidad, y se van a vivir juntos para comenzar “nuestra primera vida real en común”, escribe. Mientras tanto continúa creando nuevas historias: “No podía seguir por mucho tiempo siendo un tipo que escribía, pero al que no publicaban, tanto por razones prácticas como por lo que tenía que ver con mi dignidad”. Más tarde vivirá en Estocolmo, Suecia. Ya lejos de Tonje conocerá a Linda, su futura esposa, con la que tiene tres hijos.

En Tiene que llover llega el esperado día para Knausgård. Con 30 años publica su primera novela, titulada Un tiempo para todo. Las ventas son pésimas. Da su primera entrevista a la televisión y obtiene una sola crítica que lo anima. Para Knausgård el invierno y la lluvia están en retirada.


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