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Culto
Sofía Coppola lleva a Cannes las vírgenes de Mississippi

Sofía Coppola lleva a Cannes las vírgenes de Mississippi

El seductor, su mejor cinta desde Perdidos en Tokio, es una historia feminista en la Guerra de Secesión. También se mostró La cordillera, filme político argentino con Ricardo Darín y Paulina García.

En el año 1971, Clint Eastwood protagonizó dos películas diametralmente opuestas para su director y mentor Don Siegel: se trató de Harry, el sucio y El engaño. Eran tiempos donde la expresión “corrección política” no tenía ningún sentido y ambos largometrajes fueron respectivamente una defensa del mundo de los hombres y la justicia individual y un ataque al de las mujeres y la venganza grupal. Hoy nadie se atrevería a hacer algo así sin que antes sea acribillado moralmente por los ataques de una época bastante más evolucionada, como el propio y muy conservador Clint Eastwood lo dijo hace tres días en una masterclass en Cannes. Nadie podría llevar al cine otra vez las páginas de The beguiled a menos que se trate de una cineasta mujer, civilizada y, al mismo tiempo, observadora. Alguien como Sofia Coppola (1971), que ayer estrenó El seductor en Cannes, película basada en la misma novela que inspiró El engaño .

La historia es la misma, pero la hija de Francis Ford Coppola no busca retratar al internado de señoritas de la narración de Thomas Cullinan como a una mansión de orates, sino que como una gótica morada de celos, deseo sexual y, a veces, amor en estado platónico. Que, en el camino de tal retrato, se cruce una víctima masculina, es sólo un detalle. Coppola, en definitiva, sabe de lo que habla y entiende a sus seis mujeres sureñas con la misma delicadeza que comprendía a las castas hermanas Lisbon de Las vírgenes suicidas (1999), a la extraviada Charlotte de Perdidos en Tokio (2003) o a la excesiva reina adolescente en María Antonieta (2006).

Acá se trata de la señora Martha Farnsworth (Nicole Kidman), de la profesora Edwina Morrow (Kirsten Dunst) y de varias alumnas, entre ellas Alicia (Elle Fanning), Amy (Oona Lawrence) y Marie (Addison Riecke). El hombre en cuestión es el soldado John McBurney (Colin Farrell), un malherido cabo de la Unión que escapó al asedio enemigo después de ser baleado en una pierna y que es encontrado en el bosque por Amy.

Ambientada en el estado de Mississippi en 1863, durante la Guerra de Secesión, El seductor es la primera película histórica de Sofia Coppola tras María Antonieta. También es la primera donde se reencuentra con Kirsten Dunst, su actriz favorita y a la que quizás le entrega el único personaje relativamente noble en esta historia. Ella es Edwina, la recatada profesora del internado y la primera en entender que no es indigno darle cobijo a un soldado enemigo si es que su vida está en juego.


Territorio femenino

Recibida con aplausos cálidos al término de la función de prensa de las 8.30 de la mañana, El seductor es la segunda película que Coppola estrena consecutivamente en Cannes tras Adoro la fama (2013), con Emma Watson, y la tercera que la trae acá junto a Kirsten Dunst después de Las vírgenes suicidas y la mencionada María Antonieta, cuyo famoso abucheo al final de la función fue comandado sobre todo por la prensa francesa. Además es una de las pocas cintas de este festival perteneciente a un estudio grande y se estrenará en Chile el próximo 7 de septiembre, llegando a inaugurar la temporada de fin de año, normalmente con el ojo puesto en los premios Oscar.

Hay bastante de Las vírgenes suicidas en esta película, empezando por un despliegue fotográfico y un diseño de producción de primer nivel, y llegando sobre todo a aquel territorio femenino que tan bien exploró Coppola en su debut: un grupo de mujeres movilizadas por el anhelo sexual, un territorio delimitado a una casa (en este caso, una gran mansión del sur), un coqueteo constante con la muerte.

Como en aquella película, todo se va cociendo a fuego lento y hay una serie de insinuaciones, ironías y sugerencias en lugar de declaraciones evidentes. Pero, a diferencia de Las vírgenes suicidas, el sacrificio no tiene necesariamente que ser propio. Aún convaleciente, extranjero (es irlandés de origen) y en territorio enemigo, el soldado del norte John McBurney es una presa que está a la vuelta de la esquina. Está ahí para caer en las manos de la piadosa Edwina, de la severa Miss Farnsworth o de la insidiosa Alicia.

En tiempos de corrección política, la mejor anatomista del cuerpo espiritual de las mujeres sólo puede ser otra mujer. Afortunadamente, Sofia Coppola tiene una mano quirúrgica, un pulso impecable, una empatía natural con estas vírgenes sureñas.

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