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Culto
Sanar las heridas

Sanar las heridas

Sobre Frantz, una película sensible y hasta entrañable.

Prolífico y muy presente en la cartelera local para ser francés, François Ozon es hombre de guiños y pastiches (8 mujeres, Potiche), pero también un fenomenal director de actores, capaz de calar en lo más profundo de los afectos (Bajo la arena, 4×2). En Frantz hay de ambos, pero más de lo segundo. Por suerte. En los meses posteriores al armisticio de la I Guerra, una familia alemana (padre y madre ancianos y la casi nuera que se convirtió en hija) llora aún la muerte de Frantz, hijo único que no volvió del frente, donde fue anónimamente enterrado. Inopinadamente, aparece en el lugar un desconocido que se presenta como amigo del difunto. Todo se altera en esta familia dolida, que profundiza en la herida, pero parece encaminarse a la sanación. O quizá no, porque tal vez las cosas no sean como nos las pintan. En blanco y negro y en color, en alemán y en francés, la cinta asume ciertas pautas y fórmulas convenidas. Pero no hay impostura en su humanismo y menos en sus personajes, por lo demás notablemente encarnados. Una película sensible y hasta entrañable.



Frantz. De François Ozon. Con Pierre Niney, Paula Beer, Ernst Stötzner. Francia/Alemania, 2016. Nota: 6

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