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Culto
La rutina del pirata

La rutina del pirata

La película arranca anunciando desmadre y acción por todo lo ancho. Con el andar del metraje, sin embargo, se va haciendo rutinaria y estruendosa.

Rara fue la gracia. Rara y muy redituable. El último parque de atracciones fundado por el propio Walt Disney, en 1967, dio pie en 2003 a una saga hollywoodense de corsarios, espadachines y fantasía. Con el productor Jerry Bruckheimer moviendo los hilos y Johnny Depp comandando el batallón, en sus cuatro entregas ha cosechado lo indecible en boleterías y para allá va ahora, nuevamente, con la fe del carbonero y con una producción que no repara en gastos ni en efectos.

Los piratas del Caribe: La venganza de Salazar, título hispano para Pirates of the Caribbean: Dead men tell no tales, hace todos los empeños por ser la montaña rusa de aventuras que la saga siempre ha prometido ser. Así que no vaya el lector a complicarse con las idas y venidas en el guión de este filme dirigido por la dupla noruega que ganó el Oscar en 2013 gracias a Kon Tiki (Joachim Rønning y Espen Sandberg, discípulos de Luc Besson). Eso sí, cabe tomar un par de notas.

Cual guiño a los fans, la quinta entrega evoca episodios pasados al incluir -poco o mucho- a algunos de sus personajes clave: están, por ejemplo, Will Turner (Orlando Bloom), víctima de una maldición en su barco, y el capitán Barbossa (Geoffrey Rush), que en esta pasada trata de salvar el pellejo ayudando al fantasma/zombie de Armando Salazar (Javier Bardem), cazapiratas de la marina española que en su minuto fue humillado por Sparrow.

Así, todo vuelve a concentrarse en el personaje de Sparrow. Borrachín, bufonesco y accidentalmente heroico como se le conoce, debe ahora apoyarse en el hijo de Will Turner y en una joven astrónoma acusada de brujería (Brenton Thwaites y Kaya Scodelario, respectivamente) para resolver un enigma cuya respuesta está en las estrellas. El grial de todo el asunto es un codiciado tridente que se esconde en un mar por descubrir.

Como pasa en estos casos, de un lado y del otro de la pantalla se juega todo en cada momento. A este respecto, la película arranca anunciando desmadre y acción por todo lo ancho. Con el andar del metraje, sin embargo, se va haciendo rutinaria y estruendosa, provista de esa estética digital entre metálica y azulina, que acostumbra matar todo lo que de atractivo y poderoso tiene la fotografía en el cine.



Los piratas del Caribe: La venganza de Salazar. De Joachim Rønning y Espen Sandberg. Con Johnny Depp, Geoffrey Rush, Kaya Scodelario. EEUU, 2017. 129 minutos. TE. Nota: 4

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