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Culto
La guerra de las galaxias: una trilogía de vida sobre la sagrada trilogía

La guerra de las galaxias: una trilogía de vida sobre la sagrada trilogía

La antología Por la razón o la fuerza. Nuestra historia con Star Wars, publicada por editorial Planeta en 2015, viene a configurar un trozo de memoria y del imaginario de lo que fuimos y seguimos siendo. Lo siguiente es el relato del escritor Francisco Ortega incluido en la publicación.

«Todas las guerras son malas,
excepto La guerra de las galaxias»
Bart Simpson

 

Advertencia: en lo que sigue se dirá La guerra de las galaxias, no Star Wars… Porque lo que vale es La guerra de las galaxias, no Star Wars. Crecimos con La guerra de las galaxias, nos dolió y nos importa; Star Wars, no, que aunque se parezca, no es lo mismo.


Episodio I.
La guerra de las galaxias y la dictadura

La historia se escribe con sangre, eso es lo que se juzga y lo que queda para las futuras generaciones. Y en esta historia, valga la redundancia, hubo terror de Estado, violaciones sistemáticas a los derechos humanos, secuestros y matanzas sin sentido. Es decir, mucha sangre.

―¿Qué edad tenías cuando esto ocurrió? ―solían decirme mis padres, algunos cercanos, más de un familiar, algún profesor también.
―No había nacido ―la honestidad jamás ha sido rentable.
―Entonces no hables, porque no tienes idea de cómo fueron las cosas.
―Pero leo, trato de informarme. Veo documentales, converso con gente que vivió en esa época.
―Es fácil juzgar desde tu posición, porque solo miras un lado de la historia; el más conveniente para tus ideales, pero lo cierto es que hubo sufrimiento en ambas partes.
―Lo tengo claro. Por lo mismo insisto. La historia se escribe con sangre y aquí hubo una persecución sistemática y organizada del gobierno contra quienes pensaban distinto, a los que se apresaron, torturaron y desaparecieron…
―¿Y las acciones terroristas contra el gobierno, la policía, gente que también tenía familia?
―No hables de gobierno, no fue un gobierno…
―Contéstame…
―Las hubo, algunas innecesarias… Pero te lo preguntó, ¿qué otro camino había para enfrentar una dictadura que puso todo el poderío militar en tu contra? Defenderte, tratar de sobrevivir.
―No todo fue por defensa, hubo ataques planeados y premeditados; lo sabes.
―Y ahora vas a insistir en que estábamos en una guerra civil.
―Lo estábamos.
―Una muy desigual, entonces: uno contra mil. Perdona, pero eso no es guerra civil, eso es opresión.
―Es fácil llenarse la boca y hablar de opresión, pero yo estuve ahí cuando el canciller Valorum y los suyos intentaron convertir la República en una sociedad igualitaria donde humanos y extraterrestres tuvieran iguales derechos. Se quitaron propiedades, se nacionalizaron mundos enteros. Incluso hubo planetas que se expropiaron de sus dueños que habían trabajado toda la vida por ellos y, ¿para qué?… Para favorecer esa utopía ingenua de que todos en la galaxia éramos iguales y que la República era de los trabajadores y todo ese verso. ¡Igualdad mis speeder bikes! Yo no soy igual que un wookie y, con perdón, tú no eres igual que un ewok o un jawa.
―Valorum tenía un sueño.
―Valorum era un títere de los jedi y sus ideas extremistas. Si Palpatine asumió el poder y convirtió la galaxia en el Imperio es porque no había otra salida. Palpatine nos salvó, digan lo que digan esos senadores que ahora se las dan de democráticos y que en esa época pidieron a gritos que el emperador instaurara la paz en la galaxia y erradicara a los corruptos y falsos idealistas. Yo estuve ahí, te lo subrayo, cuando el Senado Galáctico en pleno pidió la intervención de Palpatine y la Armada Imperial…
―Palpatine era un títere de los intereses de la Federación de Comercio y los sith, ellos están detrás de todo…
―Teorías paranoides que en nada se acercan a la verdad. La historia va a juzgar, eso es cierto, y ya verás como Palpatine y su ejército serán reconocidos como los héroes que regresaron la paz a la galaxia.
―¿Y el costo? Los miles y millones de ejecutados y desaparecidos políticos.
―No había otro camino…
―Asesinaron a niños, cómo no iba a haber otro camino. ¿No has visto el documental de la masacre contra la academia jedi cometida por Vader?
―Vader es otro tema, él fue un asesino que se salió del control de Palpatine. Tenía su propia agenda, era un traidor y todos lo saben. Si hay un culpable de la violación a los derechos humanos es él.
―Vader dependía de Palpatine. Palpatine dijo que en la galaxia no se movía un pelo sin que él lo supiera. ¿Correcto? No seas ingenuo, el de la máscara fue el verdugo, pero no estaba solo. Jefes como Moff Tarkin y el propio Palpatine eran quienes tiraban de su cadena. Lástima que murieran antes de ser juzgados.
―Te recuerdo que murieron en actos terroristas a cargo de tus amados izquierdistas defensores de la libertad.
―La Alianza Rebelde…
―Otra tropa de malagradecidos. La Alianza fue formada por los mismos senadores que alguna vez aplaudieron al Imperio, pero claro, luego se dieron cuenta que no iban a tener un lugar en el nuevo gobierno y se unieron a revolucionarios armados y a lo que quedaba de los jedi para derrocar al Imperio y difundir esas mentiras de luchadores por la libertad y la democracia. Bonito eslogan para ocultar acciones sanguinarias donde también murió gente inocente.
―No tantas como en manos del Imperio. Te recuerdo Alderaan…
―Y yo te recuerdo que la segunda Estrella de la Muerte estaba en construcción cuando los izquierdistas de la Alianza Rebelde atacaron sin piedad. Más de la mitad de los habitantes de la estación de batalla eran trabajadores inocentes, además de oficiales imperiales padres de familia.

No puedes comparar un ataque contra una estación de batalla con la destrucción de un mundo completo.

Fueron dos estrellas de la muerte…

Y dale con ese argumento.

Ese es el problema con la gente de izquierda, solo ven su lado del espejo.

Entre La venganza de los sith y Una nueva esperanza tuvimos un solo lado de la historia, veinte años de censura galáctica.

Deberían dar vuelta la página y contribuir al avance de las galaxias sin quedar anclados en el pasado.

Eso sucederá cuando se haga justicia. Los responsables del terror imperial deben ser juzgados y dar una respuesta a los miles de ciudadanos galácticos que llevan veinte años buscando a hijos e hijas que ellos asesinaron o desaparecieron…

Insisto, tu no viviste La guerra de las galaxias, no puedes hablar de ello.

Por supuesto esta es una historia imaginaria, pero, ¿acaso no todas lo son?


Episodio II.
Todo lo que sé de La guerra de las galaxias y me ha ayudado a ser hoy una persona más completa y feliz

Que La guerra de las galaxias no debería ser llamada La guerra de las galaxias porque sucede al interior de una sola galaxia, por lo tanto debería ser “de la galaxia” ―y ni siquiera, porque la acción ocurre solo en los territorios cercanos al centro de ese conglomerado de estrellas, es decir involucra solo a unos pocos “sistemas solares” y no a la galaxia entera―, ¿se entiende? Que Darth significa Dark lord of the sith (Señor oscuro de los sith) y es el prefijo de caballería de los servidores del lado oscuro de la fuerza. Que Darth es también un juego de palabras con Dark (oscuro) pero eso es bastante obvio. Que jamás se ha explicado, por qué Obi-Wan llama a Vader, Darth durante su duelo en La guerra de las galaxias original, como si Darth fuera el nombre de pila del personaje. Que no todos los servidores y caballeros que usan el lado oscuro de la fuerza son sith. Que sith era originalmente el nombre de una raza que supuestamente fue creada por el lado oscuro de la fuerza ―pero eso es ahora parte del universo expandido, que, como sabemos, ya no corre―. Que los jedi oscuros no son sith, sino otro grupo de servidores del reverso sombrío. Que desde la gran guerra sith solo hay dos de ellos: maestro y discípulo, aunque pueden haber alumnos y seguidores también autorizados para usar el prefijo Darth. Que Darth Plagueis fue el mentor de Palpatine y que este lo asesinó mientras dormía. Que Darth Maul era de la raza zabrak y fue entregado siendo niño a Palpatine, quien lo entrenó a base de torturas y mutilaciones físicas; así, más que un aprendiz era un arma. Que lo de Vader es por invader, es decir “el que invade” o “invasor”, pero también porque Darth Vader suena casi igual que Dark Father, es decir, “Padre oscuro”; Vader/Vater es también padre en alemán y holandés. Que Anakin viene de Avakin, que es uno de los nombres con los que se conoce a los ángeles caídos. Que en la historia original Palpatine no era un sith, sino solo un político corrupto: tras conocer a un piloto llamado Anakin le insinúa que cualquier persona puede usar la fuerza; Obi-Wan Kenobi también busca a este joven piloto y al ver su potencial como jedi trata de entrenarlo pero… las cosas salen mal y todo termina bastante parecido a como vimos en La venganza de los sith, salvo que el padre de Luke cae en un pozo de fundición, no en un río de lava. Que en la “Biblia” de La guerra de las galaxias se dejaba claro que Yoda no era un jedi, sino un maestro que enseñaba la fuerza y que jamás sacaría un sable de luz para pelear. Todo eso se fue al carajo en El ataque de los clones. Que no existe peor idea que explicar la fuerza con la tontera de los midiclorianos; y por esa razón más que ninguna otra odiamos a George Lucas y celebramos que la franquicia esté ahora en manos de Disney. Que ningún fan que se precie de tal puede estar en contra de la entrada de La guerra de las galaxias a la factoría de Disney; demonios, ¡siempre fue una película Disney! Que para quienes leímos las novelizaciones de la trilogía original era claro que las precuelas se iban a llamar o Las crónicas de los Whills o Las guerras clónicas, no “de los clones”, y pensábamos que lo de “clónicas” se refería a un término espacio temporal bastante más místico que al simple origen de los stormtroopers. Que no hay nada más inútil que ¡300 stormtroopers!, contra un capitán coreliano llamado Han Solo gritando por los corredores de la Estrella de la Muerte. Que TIE significa “Motores iónicos gemelos” y también “corbata”, por la forma de la nave. Que si pasamos TIE a sus siglas en español, o sea “Motores iónicos gemelos” queda MIG, como el más célebre de los aviones de guerra de la ex Unión Soviética, ¿el verdadero Imperio galáctico? Que el único TIE dotado de hiperimpulsor es el de Vader y gracias a eso se salva al final de Una nueva esperanza. Que en la sagrada trilogía se ven cuatro tipos de TIE: el caza común, el de Vader, el bombardero de doble fuselaje y el interceptor con las alas terminadas en punta. Que Antilles es el apellido más común de la galaxia, equivalente a Pérez o a González. Que Tantive IV es el nombre de la nave de Leia en Una nueva esperanza y es la misma que usa Bail Organa en La venganza de los sith. Que Toshiro Mifune era originalmente Obi-Wan Kenobi, como un homenaje de Lucas a Akira Kurosawa, a quien plagió hasta la insolencia en la sagrada trilogía galáctica. Que en Una nueva esperanza solo llaman en dos ocasiones a la Estrella de la Muerte por su nombre propio, en el resto de la película (y también en la novelización) es apuntada como “La Estación de Combate” o “La Estación Acorazada”, aunque también la llaman “La Fortaleza Escondida” como otro homenaje a Kurosawa. Que los jawas son un estado larvario de los tusken raiders, también llamados moradores de las arenas. Que el esqueleto que se ve en el desierto al inicio de Una nueva esperanza pertenece a un dragón krayt, la especie nativa más feroz de Tatooine. Que los soles gemelos de Tatooine se llaman Tatoo 1 y 2. Que la estrella de soft porno Koo Stark sale en una escena cortada de Una nueva esperanza como la novia de Biggs Darklighter, el amigo de Luke, con quien se reencuentra al final de la película en los hangares de Yavin IV. Que en las historietas de La guerra de las galaxias que editorial Bruguera publicó antes del estreno de la película en España, esta era llamada literalmente “La guerra de las estrellas”; además Luke era “Lucas Trotacielos” y Chewbacca, “el Mascatabaco” ―exigencias de las normas idiomáticas de Franco―: el chiste duró hasta el número cinco de la colección. Que el escuadrón de Luke en la novela era azul y en la película, rojo. Que los cazas Y-Wing eran biplazas y los X-Wing, monoplazas. Que el X-Wing se diseñó a partir del F-16, el caza norteamericano más moderno de la década de 1970. Que el monstruo que vive en el pozo de desperdicios de la Estrella de la Muerte se llama Dianoga. Que el Imperio tiene tan mal sistema de inteligencia y espionaje que no fue necesario cambiarle el apellido a Luke para que viviera en el anonimato. Que AT-AT significa “Transporte de asalto todoterreno” y fuera de la secuencia de la batalla de Hoth, en El Imperio contraataca, aparece (una sola unidad) en una escena de El regreso del jedi en el bosque de Endor. Que en la primera traducción latina de El Imperio contraataca llamaban a los AT-AT, “mastines imperiales”, mientras en España eran “dromedarios imperiales”; punto para España. Que AT-ST significa “transporte de exploración/scout todoterreno” y, contra lo que se cree, no debutaron en la batalla del bosque de Endor en El regreso del jedi, sino en una breve toma en la batalla de Hoth de El Imperio contraataca , caminando entre las piernas de los AT-AT. Que los snowspeeders no son naves, sino trineos de levitación construidos a partir de las secciones de carlinga y pilotaje de cazas Y-Wing. Que Avenger y Executor son dos nombres de Star Destroyer imperiales; el primero es de la clase imperial II y el segundo de la clase Destructores estelares; los clase imperial I y II medían un kilómetro y medio de largo, mientras el Super Star Destroyer alcanzaba los 17 kilómetros de proa a popa: siendo la nave más grande que aparece en toda la saga, con la salvedad de la Estrella de la Muerte, que, en rigor, es una estación. Que antes de lo contado en El ataque de los clones, Boba Fett era un ex soldado imperial. Que previo a las precuelas, Han Solo era un ex alumno de la escuela naval imperial, expulsado por negarse a fusilar a un wookie llamado Chewbacca. Que Yoda se escondió en Dagobah porque necesitaba hacerlo en un planeta dominado por el lado oscuro. Que la carrera de Kessel es el recorrido donde el Millenium Falcon rompió todos los records de velocidad de la galaxia. Que la carlinga del Millenium Falcon está diseñada a partir de la del bombardero de la segunda guerra mundial, B-29. Que las mayores naves de la Alianza son los cruceros calamarianos y son mucho más grandes que los Star Destroyer imperiales. Que Han Solo siempre disparó primero, y antes de morir, Greedo dijo algo así como “domvitalé Solo”. Que los calamarianos y los quarren son las dos especies nativas del planeta Mon Calamari y son moluscos humanoides de la familia de los cefalópodos. Que Jabba originalmente era un sujeto gordo, humanoide y de piel verde que salía en Una nueva esperanza. Que Jabba the hutt alguna vez se tradujo como “Jabba el hucha”. Que la frase favorita de Jabba era “noguanaganga”, o algo así. Que en la novelización de El regreso del jedi se decía que el máximo deseo de Jabba era “profanar a la princesa Leia” y esa idea me parecía en extremo perturbadora. Que los hutt tienen esqueletos. Que lo que se extrae en las minas de Bespin es gas tibanna. Que Bespin no tiene superficie sólida. Que la segunda Estrella de la Muerte es el doble de grande que la original y para los eventos de El regreso del jedi tenía exactamente un tercio de su hemisferio occidental inacabado, pero su sistema de armas era completamente operativo. Que hasta que leí la novelización de El regreso del jedi, juraba que no era una segunda Estrella de la Muerte, sino la misma del filme original de 1977 que está siendo reconstruida; de hecho, no soy el único que piensa que se ve más destruida que en construcción. Que los ewok son más inteligentes de lo que parece y están emparentados con los wookies, es decir, no son osos. Que los ewoks ronronean, por lo que es probable que sean gatos. Que los bebés de los ewok son las criaturas más amorosas de toda la galaxia. Que El regreso del jedi originalmente se llamaba La venganza del jedi y que los habitantes de Endor eran una tribu de wookies, los que fueron cambiados por ewoks por petición de los hijos de Lucas. Que la nave sub-luz más rápida de la Alianza es el A-Wing, y en super-luz el Millenium Falcon. Que los cazas más poderosos de la Alianza son los B-Wing, un diseño del almirante Ackbar, que le dio a una nave pequeña y monoplaza el poder de fuego de un crucero; en una escena cortada de El regreso del jedi, tres B-Wing destruyen el Super Star Destroyer Executor, sin embargo, la escena se cambió y la enorme nave imperial acaba sus días enterrándose contra la superficie de la Estrella de la Muerte, después de que un caza A-Wing impactara contra el puente. Que Wedge Antilles es el verdadero gran héroe de la Alianza. Que en otra escena sacada de El regreso del jedi, dos guardias escarlata del emperador se enfrentan a Vader, quien manifiesta respetos a estos enigmáticos personajes (en el, ahora borrado, “universo expandido” eran un grupo de elite de stormtroopers al que el propio Vader entrenaba en las artes jedi y el dominio de la fuerza). Que el hutt que se ve atrás de Jabba en la carrera de las vainas de La amenaza fantasma es una hembra y su nombre es Gardulla. Que alguna vez se rumoreó que el verdadero nombre de Obi-Wan era OB-1 (se pronuncia igual) y que era un clon. Que Coruscant se ubica exactamente en mitad de la galaxia y su superficie entera está construida a modo de ciudad planetaria; y que es una copia/plagio/homenaje a la descripción del planeta capital Trantor de la saga Fundación de Isaac Asimov. Que en La amenaza fantasma, en lugar de decir “senador Bail Organa de Alderaan”, dicen senador “Bail Antilles de Alderaan”: el error fue del propio Lucas que se confundió en el guión. Que en La amenaza fantasma iban a aparecer unas brujas sith. Que dos “E.T.” de Spielberg pueden verse en la escena del senado galáctico de La amenaza fantasma. Que Yoda tiene un cameo en E.T.; R2D2 en Encuentros cercanos del tercer tipo y el Millenium Falcon es “un edificio de Los Angeles del 2019” en Blade Runner. Que Qui-Gon Jinn originalmente se iba a pasar al lado oscuro, convirtiéndose en el aprendiz de Palpatine en El ataque de los clones. Que cuando George Lucas, abandonó la idea de la caída de Qui-Gon (por ser muy parecida a la de Anakin) el malo de El ataque de los clones iba a ser una mujer. Que el Conde Dooku se llama así para que su firma fuera “Conde D.”, un homenaje al “Conde Drácula”, el personaje que hizo inmortal a Christopher Lee. Que Peter Cushing y Christopher Lee, los dos mayores mitos de Hammer, la casa del horror aparecen como villanos en La guerra de las galaxias, el primero como Moff Tarkin y el segundo como el Conde Dooku/Darth Tyrannus. Que Han Solo era presentado en el guión original de El ataque de los clones como un niño adoptado por los wookie. Que la explicación de la inmortalidad de los jedi es mala, pero da lo mismo. Que cuando Luke veía morir a su amigo de infancia Biggs Darklighter en la batalla de Yavin, al final de Una nueva esperanza, decía: “somos dos estrellas fugaces, imposibles de atrapar”, pero la frase fue sacada en la mesa de edición. Que de las tres novelizaciones de la saga clásica, la peor es la de Donald E. Gluth, para El Imperio contraataca , lo que es muy raro porque era el único escritor profesional involucrado; y la mejor es la de El regreso del jedi de James Kahn, que supera incluso a la película. Que los juguetes originales de Kenner eran harto mejores que las reediciones de Hasbro actuales. Que la digestión del Sarlacc duraba mil años y era “otra dimensión del dolor y el sufrimiento”. Que la gran frase de toda la saga es la que dice Moff Tarkin hacia el final de Una nueva esperanza, cuando los oficiales van a buscarlo para que evacúe, ya que el ataque rebelde puede ser exitoso. Tarkin mira a sus subalternos y dice: “¿Huir? ¿A un minuto de la victoria? Jamás”. Que antes de las precuelas, el tío Owen era el hermano de Obi-Wan. Que el guión original de Una nueva esperanza parte cuando Luke es testigo de la captura de la nave de la princesa Leia mirando la escena con unos binoculares; la secuencia incluso se filmó, además aparece en la novela. Que si uno revisa las seis películas se percata de un detalle bien siniestro; siempre que un jedi gana la pelea a un sith es porque apela a la furia y a la desesperación, que se supone es un antivalor del lado oscuro. Que uno sabe que Luke perderá algo más que la mano en El Imperio contraataca desde que comete la falta de desenvainar primero. Que a pesar de haber visto cada película como diez mil veces, aún se me arruga la guata con aquello de “Hace mucho tiempo en una lejana galaxia”. Que ninguna comedia romántica supera y superará el romanticismo del siguiente diálogo:

Leia: ―“Te amo”.

Han: ―“Lo sé”.


Episodio III.
La guerra de las galaxias y ser un niño gordo

“Superman no es gordo”, decía mi amigo Cristián cada vez que caminábamos por las mañanas por la avenida Prat hacia la Escuela N°2 de Victoria. Mi amigo Cristián era flaco y sostenía que el mundo era de los flacos, que los flacos eran los ganadores y los gordos los perdedores. En esa época, 1979, yo no era tan gordo, pero comía mucho y mi destino estaba grabado con la palabra sobrepeso en mi mapa genético, por mucho que mi mamá tratara de educar mi alimentación y mi amigo Cristián siguiera con ese rezo de que había que ser flaco para triunfar en la vida. ¿Quién a los seis años de edad quiere triunfar? Con suerte aprender a leer bien y con fortuna a sumar, restar y multiplicar, porque a dividir te enseñan a partir de los ocho. Pero ahí estaba mi amigo Cristián y sus frases para el bronce: que yo no masticaba sino tragaba, que no le hacía a las frutas y verduras, que no hacía deportes, que era descuidado y que si no hacía algo al respecto iba a terminar como esos gordos gigantes y flojos que pasaban las tardes sin hacer nada en la plaza del pueblo.

¿Te gusta la Carola?, me decía. Yo no le contestaba pero me ponía rojo, que es la mejor manera de contestar cuando se es niño ante la pregunta de quién te gusta. A ella no le gustan los gordos, me decía él. Y yo le creía, porque Cristián era mayor que yo, estaba un año arriba y ya sabía andar en bicicleta sin rueditas y aro 20. Y a los seis años no hay nada más importante que los amigos mayores, que tienen un año más y saben andar en bicicleta sin rueditas y aro 20. Superman no es gordo, Batman tampoco y mucho menos Tarzán, insistía él a diario en una especie de mantra de autoayuda infantil que no le resultaba, porque cuando uno va a ser gordo, va a ser gordo y no hay camino de regreso, solo asumirlo con dignidad y encontrar a sus propios héroes.

Y yo ese año de 1979 encontré el mío.

El cine del pueblo hizo una invitación a las escuelas para una función especial de La guerra de las galaxias, la película de la cual todo el mundo hablaba y que decían había cambiado la historia del cine para siempre. Ni idea de si era cierto aquello de que había cambiado la historia del cine, pero un vecino tenía el álbum así que yo sabía más o menos de qué trataba la película. Tenía guerra y naves espaciales, nada podía ser mejor que eso.

La función fue un viernes a las diez de la mañana, y asistimos mi curso y el de Cristián con la profesora jefe del curso de mi amigo. Yo me senté junto a Carola, una fila atrás de la de Cristián. Ni siquiera me acuerdo de qué hablamos, sí que él me advirtió que a la salida lo esperara ya que mi mamá le había pedido que nos volviéramos juntos a casa. Supongo que le contesté que eso iba a hacer, que él tampoco se perdiera. Claro, el jamás se perdía.

De pocas cosas un niño de seis años se puede recuperar, menos de aquella primera imagen, la del Star Destroyer imperial gigantesco, con tres motores y forma de punta de flecha persiguiendo a la pequeña nave de la princesa Leia. Los rayos láser, las explosiones, la aparición de “Citripio” y “Arturito”; la película estaba doblada al español así que para mí siempre se han llamado así, nada de C3P0 o R2D2. Creo que después del nacimiento de mi hermana, aquella mañana fue el día más importante de mi infancia. Eso de ˝hace mucho tiempo en una lejana galaxia˝, era como los cuentos que me leía mamá, pero mejor. Acá también había espadas, pero eran de rayos láser. Y caballeros con armadura, pero negra y siniestra. Me emocioné con la muerte de Ben Kenobi, me asusté con los monstruos, la cantina ―yo era bien miedoso y en esa parte cerré los ojos para no tener pesadillas―, encontré que el Halcón Milenario (así era en español) era la nave más increíble del universo y no entendía por qué todos en la película se burlaban de ella. Luke y Han eran los hermanos mayores que siempre había querido y Leia… Bueno, confieso que ella no me gustó mucho. Carola era harto más bonita, y Lucía Méndez, la niña de la teleserie mexicana de la tarde, también. Por mucho tiempo Lucía Méndez fue para mí la mujer más linda del mundo, incluso más que mi mamá, algo que me daba vergüenza confesar.

Y en La guerra de las galaxias estaba Porkins.

Jek Porkins, el héroe gordo de la Alianza Rebelde.

Venía el tercer acto de la película y en ella los buenos de la historia, escondidos en Yavin 4 ―una de las lunas de un gigantesco planeta gaseoso y anaranjado como Júpiter― decidían que no tenían otra salida que atacar la Estrella de la Muerte, la descomunal estación de batalla de los malos, un planetoide artificial armado con un superláser capaz de destruir un planeta entero. Ya había volado en pedazos a Alderaan, el mundo natal de la princesa Leia, lo más probable es que hiciera lo mismo con el refugio de los rebeldes. Tras un rápido escaneo en los planos de la Estrella, almacenados en la memoria de “Arturito”, los héroes descubrían que como toda obra del mal, la estación imperial poseía un punto vulnerable, un pozo de ventilación cerca del polo norte que comunicaba directo con el reactor principal; un torpedo allí y adiós Imperio galáctico. O eso pensaba yo, mientras escuchaba la película. Claro, entonces no tenía idea de que la Estrella de la Muerte representaba una mínima parte del dominio imperial e ignoraba que ese mismo año de 1979, en Estados Unidos se acababa de estrenar la segunda parte de la saga, la cual iba a durar hasta que tuviera más de 40 años. Como fuera, los rebeldes llamaban a sus mejores pilotos y usando sus cazabombarderos espaciales de Alas X e Y partían en un ataque suicida contra la Estrella de la Muerte, que en harto se parecía a esos japoneses kamikaze que se dejaban caer sobre los portaaviones norteamericanos en las historias de la Segunda Guerra Mundial que me contaba mi papá, o me leía en el Mampato.

El escuadrón rojo era el de las Alas X, los más lindos de toda la saga. Unos cazas en forma de espada con alas de insecto que se abrían a la configuración de la letra que les daba el nombre, dotándolos de cuatro cañones láser de largo alcance. Luke era parte del equipo con el número 5. Pero quien me importaba era el 6, el gordo del escuadrón, Porkins; un tipo no muy diferente a como era mi papá o como sería yo cuando grande; un tipo grueso, con papada y cara chica dentro de una cabeza grande, que apenas cabía dentro de su uniforme naranja de piloto y que de seguro iba muy apretado al interior de la carlinga de la nave. Era un gordo y no un gordo segundón, tampoco un gordo ridículo o mascota de los villanos; era un gordo héroe, el número 6 de entre los mejores pilotos de la Alianza Rebelde. ¡Por Dios, piloteaba un Alas X, que era como pilotear un F-15 o un F-16! Era ser parte de la superioridad aeroespacial absoluta. Además era valiente, se había atrevido a seguir a sus compañeros en una misión donde muy pocos regresarían, la locura de atacar lo que no podía ser atacado. Un gordo con los pantalones bien puestos contra un acorazado del tamaño de la luna que de un disparo podía vaporizar el sistema solar entero. Vi a Porkins, en su primera aparición, cuando le respondía al líder que sus alas ya estaban en posición de ataque y junto a Luke y a Wedge Antilles ―que fue el primer muñeco de La guerra de las galaxias que tuve― formaban una flecha de tres naves para caer en picada sobre el hemisferio norte de la Estrella de la Muerte, allí en esa trinchera que conducía al pozo de ventilación que era el punto vulnerable de todo.

Porkins lograba evadir los disparos de los primeros sistemas de defensa antiaéreos del planetoide imperial, incluso consiguió derribar un caza TIE, que persiguió a un Alas-Y que se separó del escuadrón principal. Hábil y empeñoso. Porkins tomó el lugar de hombre ala de Biggs al ingresar a la trinchera donde se encontraba el blanco y fueron sus tiros los que destruyeron dos de las torretas de turboláser que custodiaban la entrada al desfiladero de metal. Pero poco podía hacer un gordo héroe contra el mejor piloto de la historia de la galaxia, que además era un siniestro caballero que dominaba las artes del lado oscuro de la fuerza. En su TIE especial ―que tenía las alas inclinadas hacia dentro y poseía hiperimpulsor, al contrario que el resto de la clase―, Darth Vader se dejó caer como un ave de presa contra las Alas-X rebeldes. Un disparo y el otro hombre ala de Biggs fue alcanzado, golpeando a la nave de Porkins que salió despedida y dañada fuera de la órbita de la Estrella de la Muerte. Entre gritos de frustración, el gordo se las arreglaba para volver a estabilizar el caza, más al comprobar que las armas no funcionaban, optaba por sacrificarse en favor de sus amigos. Enfilaba su Ala-X y luego lo dirigía en picada contra la torre de control de los turboláseres principales de la trinchera, gesto que no solo facilitó el ataque contra el blanco final, sino que en el breve plazo sería significativo para la elección de Luke como responsable del bombardeo y destrucción de la Estrella de la Muerte. El gordo Porkins explotaba en mil pedazos y, desde su nave, Luke veía como su obeso compañero se convertía en polvo sobre la superficie de la estación acorazada, mientras la voz de Ben Kenobi resonaba en sus oídos y le indicaba que confiara en la fuerza. ¿Era Porkins el responsable del regreso fantasmal del viejo maestro jedi? Yo quería pensar que sí.

La película se terminó y todo el mundo salió hablando de ella. Que había que verla de nuevo, que teníamos que dibujar las naves y monstruos para no olvidarla jamás, que si Luke o Han Solo era el más grande, que a partir de ahora nada iba a volver a ser igual en nuestras vidas. Varios salieron tarareando la fanfarria de la música y no pocos hicieron cazas TIE juntando dos galletas de vino con una caluga al centro. La felicidad de ese viernes de 1979 venía de una lejana galaxia.

¿Viste que hay que ser flaco para ganar en la vida?, me dijo Cristián camino a casa, como Luke o Han Solo. Flaco y rubio, igual que un modelo de revista o un cantante de moda. Yo le respondí que no todos en la película eran flacos y si no se había dado cuenta del piloto gordo que se había sacrificado por todos.

―¿Qué piloto gordo?

Lo cierto es que yo era el único que lo había visto, a nadie más le había importado, era solo un detalle menor y con sobrepeso. Muchos años después, cuando volví a ver la película en la tele y mi mamá me regaló la novela, supe que se llamaba Jek Porkins y, sobre todo, supe que yo no lo había soñado. Entonces yo ya era gordo, casi tanto como ese heroico piloto rebelde.

A Cristián en verdad nunca le gustó mucho La guerra de las galaxias. Pocas semanas después del estreno, vio en el cine la adaptación de Superman y llegó diciendo que esa película sí era en verdad buena, que no tenía historias enredadas y que Superman podía quebrarle la espalda a Darth Vader de un puñetazo. Nada de eso era verdad.

Finalmente fue Cristián y no yo quien conquistó a Carola. Así era el orden de las cosas, la pirámide trófica de la adolescencia. Mi amigo siempre había sido un depredador alfa y yo con suerte un insectívoro que comía muchos pasteles y papas fritas.

―Me dijo que me quería ―recuerdo que me contó, mientras escuchábamos el casete Moving Pictures de Rush en mi casa.
―¿Qué le respondiste?
―Que yo también, obvio…
―No pues Cristián ―le dije yo― todo mal, todo mal.
―¿Qué te pasa?
―Sabes ―lo miré a los ojos― he querido decirte esto desde que tengo seis años, en el fondo nunca entendiste nada―. Era cierto, tampoco entendió lo que le acaba de decirle y estuvo más de cinco años sin hablarme. Cuando volvimos a hacerlo, él también había engordado.


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