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Culto
George Lucas y el mejor trato en la historia de Hollywood

George Lucas y el mejor trato en la historia de Hollywood

El director compensó su timidez y su falta de expresión con visión y habilidad para hacerse un camino en la pantalla grande. Su máxima obra lo transformó en una leyenda, pero también desgastó su existencia.

“Llegaría a descubrir que la expresión de George no significaba indiferencia ni nada parecido. Era tímida y perspicaz, e incluso… ‘chula’. Sólo que no era esa la palabra adecuada, porque resultaba demasiado juvenil e imprecisa, y, además, y eso es lo más importante, George la hubiese odiado”
Carrie Fisher, El diario de la Princesa (2016)

La figura bajita y con un sobrepeso propio de sus 73 años, se sube al escenario del centro de convenciones de Orange County en Orlando, Florida, y miles de personas corean su apellido, como si fuera un boxeador, un crack de fútbol o un rockstar. Pero George Lucas no es un rockstar. De hecho, resulta curioso pensar que un hombre como él terminó siendo una figura tan pública. Sonríe con un dejo de satisfacción a la masiva muestra de cariño, pero su lenguaje corporal es rígido y nervioso, como alguien que cambiaría todo ese momento por estar solo consigo mismo. Cuando habla, lo hace suave y con un poco de pudor. No porque en ese momento, reflexionando sobre los 40 años de Star Wars en la Star Wars Celebration realizada en abril, no se sintiera orgulloso. Por sus palabras, pocas dudas quedan que tiene muy claro el impacto de su creación. El pudor es distinto: como el de alguien que no se siente muy cómodo revelando los pensamientos que tiene guardados como tesoros en su cabeza.

Lucas siempre fue conocido por una actitud tímida y de pocas palabras. En El diario de la Princesa, su último libro antes de fallecer, Carrie Fisher (la Princesa Leia) recuerda que la primera vez que lo conoció en una audición, el director apenas le dirigió el habla: “George Lucas casi no abrió la boca, solo me saludó con un gesto de la cabeza cuando entré en la estancia”.

Pero el mundo interior del por entonces joven cineasta compensaba su falta de efusividad. Así fue como se originó una inquietud que cambiaría su vida: “Star Wars evolucionó, no fue algo que surgió de un momento, sino más bien de una idea. La idea era hacer una película de acción que evocará las matinés de sábado que yo disfrutaba de niño. Pero que también tuviera toda una mitología y significado sicológico, porque no veía algo así por esos días. Entonces quise tomar esos dos aspectos y mezclarlos”, contó Lucas, en Orlando.

El director ya tenía publicada una película independiente, THX 1138 (1971) –“‘independiente’ significa que a mí me gustaba y a nadie más”, recuerda Lucas- y estaba preparando una segunda, American Graffiti, por la cual firmó un contrato con la compañía de entretenimiento United Artists. “Me preguntaron qué iba a hacer después de eso, y les dije que tenía esta idea de una épica espacial con implicancias filosóficas. Y me dijeron que querían hacerse cargo de eso también”, continúa Lucas. Ahí aprendió una regla del entretenimiento: “los estudios quieren ser tus dueños. Te pueden dejar hacer todas las películas que quieras, y piensas que eso es fantástico, pero llega un punto en que te das cuenta que entregaste tu vida en un contrato. Y lo contrario se vive cuando tienes dos películas a las que no les va bien: no te quieren volver a ver”.

Si bien American Graffiti terminó siendo un éxito, United Artists en un minuto se negó a estrenarla cuando no les gustó el resultado, y pasó de la posibilidad de producir Star Wars. A pesar de los elogios que se ganó su película, Lucas estaba desempleado. Fue entonces que Alan Ladd Jr., por esa época presidente de 20th Century Fox, vio la cinta y entusiasmado se contactó con el director. “Me dijo que era la mejor película que había visto. Entonces también le conté sobre mi épica espacial, en donde perros pilotean naves –ese perro terminaría siendo Chewbacca-. Me puso atención durante toda mi presentación y me dijo, ‘ok, lo haremos’”, recordó Lucas.

Fue entonces que se originó el llamado “mejor trato en la historia de Hollywood” –o el peor, dependiendo de donde estuvieras sentado-. Si bien a Ladd le entusiasmó la idea de Lucas, al resto de Fox –ni a nadie más- los convenció tanto. Por eso, cuando más que dinero, lo que pidió el director fueron los derechos de cualquier secuela que tuviera la película. En el estudio, sin si quiera saber que tenían una franquicia entre manos, aceptaron sin mayor resistencia. Tiempo después, cuando la difícil producción de la película, que se seguía pasando de plazos y presupuesto, los ejecutivos de Fox no vieron mayor problema en cederle los derechos sobre el merchandising (juguetes y más) de la película. Sólo en ese último punto, Star Wars ha generado más de US$ 10 mil millones en 40 años.

El resto es historia. Star Wars sacó a Lucas de la categoría de “director de culto” y transformó al director de 33 años, lo quisiera o no, en una superestrella. También casi lo destruye. Además de los problemas de presupuesto la primera película de la saga, Lucas se enfrentó a un equipo que no tenía muy claro qué es lo que el director quería conseguir, dejando al cineasta agotado. Un ataque de nervios terminó obligándolo a dejar la silla de director para las secuelas de la cinta, manteniéndose como productor y guionista.

El retorno al control total sobre su historia no fue lo esperado. Sus precuelas cumplieron su sueño de que Star Wars fuera el espectáculo de efectos especiales que siempre soñó, pero los comentarios tanto de la crítica como de los fanáticos estuvieron lejos de ser lo que esperaba. Dolido, el hombre de pocas palabras dijo en 2012: “¿Por qué haría más películas de Star Wars, cuando todo el mundo te grita todo el tiempo y te dice lo terrible persona que eres?”. Semanas después, haría un nuevo trato, esta vez del otro lado de la ecuación: vendería Lucasfilms y los derechos de Star Wars a Disney, marcando oficialmente su retiro.

14 de abril de 2017 y Lucas está sentado allí en Orlando, en medio de una actividad organizada por el estudio al que, desencantado, decidió vender el trabajo de toda su vida. Es como un veterano hablando con nostalgia de glorias del pasado y que da la impresión que tiene mucho más que decir que lo que está diciendo. Entonces cuenta una anécdota: “Me acuerdo cuando estábamos grabando las precuelas en España, en el palacio de Padme, había decenas de miles de fanáticos, y la mayoría eran niños, que estiraban sus brazos a través de la reja. Era como la Casa Blanca. No tenían idea quién era yo, pero sólo querían tocar mi mano. Y pensé, por esto es que lo hice. Nada más importa, sólo esto. Cuando ves la mirada en estos niños, en lo que significa (Star Wars) para ellos, se te olvida todo”. Lo cuenta como una medalla, como su mayor orgullo. Hoy será el rey caído de Hollywood, uno que debió entregar su corona luego de colapsar bajo el peso del trono. Pero con cada palabra, Lucas, si bien nostálgico, no pareciera tener remordimientos. La firma de ese contrato, el que algunos dicen es el mejor de la historia, lo llevó exactamente a donde tenía que estar.

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