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Culto
Bob Dylan por sí mismo

Bob Dylan por sí mismo

El compositor de Like a Rolling Stone es uno de los artistas más admirados y elusivos de la cultura americana. Ofrecemos una selección de entrevistas donde habla de literatura, arte, hierba y rock and roll; una suerte de retrato de Dylan por Dylan.

Desde sus primeras entrevistas comenzó a jugar con su identidad. “Bob Dylan creció en Gallup, Nuevo México”, decía. También solía contar: “No tengo familia. Estoy solo”. El músico nacido en Minnesota en 1941 es acaso uno de los artistas más admirados y elusivos de la cultura americana. El magnetismo que irradia su música y su figura es proporcional al celo con que Dylan resguarda su privacidad. A un día de la concesión del Premio Nobel de Literatura, aún se ignora cuál fue su reacción.

“Sus letras mezclan cierto sermoneo coloquial folk de Woody Guthrie con una pizca de imaginería demoníaca de Rimbaud y algo de crítica social propia de Yevtushenko. Tanto si son versos libres o rimados como si su humor resulta sombrío, aguerrido, satírico o fantasioso, las letras y melodías del señor Dylan centeallean con el brillo del poeta inspirado”, escribió Bob Shleton en The New York Times, en 1963.

Sagaz, enemigo de las etiquetas y las clasificaciones, artista en permanente búsqueda creativa, Dylan siempre ha lidiado con la celebridad, el interés de los medios y la enorme influencia que ha ejercido en la cultura contemporánea.

Figura central de la contracultura, Dylan siempre se ha mostrado incómodo antes las adulaciones y poco dispuesto a ocupar el rol de líder de opinión o figura de referencia que sus fans le reclaman. De ahí su distancia con los medios en general y con las entrevistas en especial.

En más de medio siglo de trayectoria no son muchas las entrevistas que ha concedido. En 2006 el periodista Jonathan Cott de Rolling Stone recogió 31 de ellas en el libro Dylan sobre Dylan, una suerte de puzzle biógrafico del nuevo Nobel de Literatura. Aquí ofrecemos algunos fragmentos de ellas.


The New Yorker, 1964.

“(Los padres) quieren que sus hijos les satisfagan, que no les avergüencen, para poder estar orgullosos de ellos. Quieren que sean lo que ellos quieren que sean. Así que empecé a huir con 10 años. Pero siempre me pillaban y me mandaban para casa. Cuando tenía 13 años, andaba viajando con una feria ambulante por el norte de Minnesota y por las Dakotas, y me volvieron a pillar. Lo intentaba una y otra vez, y cuando tuve 18 años, me liberé para siempre. Seguía huyendo cuando llegué a Nueva York. Que tengas libertad de movimientos no quiere decir que seas libre. Por fin, llegué tan lejos que acabé desvinculado de todos y de todo. Fue entonces cuando decidí que no tenía sentido correr tan lejos y tan de prisa, si ya no quedaba nadie. Era falso. Era huir por huir. De modo que paré. Ya no tengo sitio del que escapar. No tengo que estar en ningún lugar en el que no quiera. Pero yo no soy en absoluto un ejemplo para ningún chico que quiera irse por ahí. Quiero decir que no me gustaría que ningún chico se fuera de casa por el hecho de que yo lo hice, y por la cantidad de cosas por las que pasé. Cada cual tiene que hallar su propia manera de ser libre”.


L.A. Free Press, 1965.

“La palabra poesía no puedo definirla, ni siquiera trataría de hacerlo. Hubo un tiempo en que pensaba que Robert Frost era poesía; en otras ocasiones he pensado que Allen Ginsberg era poesía; algunas veces pensé que Francois Villon era poesía… Pero la poesía no está realmente relegada a la página impresa. No me voy a rebanar la cabeza con el tema. Las letras de las canciones… Lo que pasa es que quizá resulten más extrañas que en la mayoría de las canciones. A mí me sale fácil escribir canciones”.


Positively Tie Dream, 1965.

“Me interesé por la música folk porque tenía que llegar a algún lado de algún modo. Está claro que no soy un gran trabajador. Tocaba la guitarra, no hacía más que eso. Pensaba que era una música fantástica. Está claro que no le ha dado la espalda ni nada de eso. A pesar de todas las autoridades que escriben acerca de qué es y qué debería ser. Estoy seguro de que nadie se da realmente cuenta de que la música folk es la única que no es tan simple. Nunca lo fue. Es rara, plagada de leyendas, mitos, la Biblia, espectros. Yo nunca he escrito nada difícil de comprender, al menos, no en mi cabeza, y nada tan extremado como algunas de las viejas canciones (…)”.

“Los grandes cuadros no deberían estar en los museos. ¿Has estado alguna vez en un museo? Son cementerios. Los cuadros deberían estar en los restaurantes, en las tiendas de baratijas, en las gasolineras, en los lavabos públicos. Las grandes pinturtas deberían estar allí donde va la gente. Y eso sólo pasa en la radio y en los discos, allí es donde va la gente. Los grandes cuadros no puedes verlos. Al final, pagas medio millón y cuelgas uno en tu casa y hay un huésped que lo ve. Eso no es arte. Es una vergüenza, un crimen. La música es lo únco que sintoniza con lo que sucede. No viene en forma de libro, no está sobre el escenario. Todo este arte del que hablan no existe. Se queda en el estante. No le alegra la vida a nadie. Sólo imagina la cantidad de gente que se sentiría estupendamente si pudiera contemplar un Picasso en el restaurante donde almuerza cada día”.


Playboy, 1966.

“‘Protesta’ no es mi palabra, nunca he pensado sobre mí en esos términos. Me parece que esa palabra se inventó para gente sometida a una operación quirúrgica. Es una palabra de parque de atracciones. A una persona que esté bien de la cabeza le vendría hipo con sólo pronunciarla. Y diría que la palabra ‘mensaje’ suena a hernia. Es como ‘delicioso’ o ‘maravilloso’. La canción-mensaje, como todo el mundo sabe, es una lata. Solo se la toman en serio los directores de periódicos universitarios y los menores de 14 años que no tienen novio.


Playboy, 1978.

Recientemente la prensa apuntaba que tú iniciaste a los Beatles en la hierba. Según cuentan, le ofreciste una calada a Ringo en el aeropuerto JFK y que esa fue la primera vez para ellos. ¿Es cierto?

Me sorprende que Ringo dijera eso. No parece muy propio de él. No recuerdo haber ido a buscarle al JFK.

—¿Quién te inició a ti?

—La hierba era omnipresente en los clubes. Siempre había en los clubes de jazz y folk. Había hierba y los músicos solían disponer de ella en aquel entonces. También en las cafeterías de Minneapolis. Así es como la conocí, estoy seguro. No recuerdo cuándo ni dónde.

—¿Por qué les gustaba tanto a los músicos?

—Ser músico mignifica -dependiendo de lo lejos que llegues- sondear en las profundidades de donde te encuentras. Y la mayoría de los músicos intentaría cualquier cosa para alcanzar esas profundidades, porque interpretar música es algo inmediato, a diferencia de pintar un lienzo, que es algo calculado. Tu espíritu vuela cuando interpretas música. Así, con la música, tiendes a mirar más y más al fondo de ti mismo para hallar la música. Esa es la razón, creo, por la que la hierba circulaba en aquellos clubes.

—¿A qué músicos escuchas actualmente?

—Sigo escuchando el mismo blues negro y desolado. Tommy McClennan, Lightnin’ Hopkins, la familia Carter, los primeros Carlyles. Escucho a Big Maceo, Robert Johnson. De vez en cuando, vuelvo a escuchar a Woody Guthrie. Entre algunos más recientes están Fred McDowell y Gary Stewart. Me gusta mucho Memphis Minnie. Blind Willie McTell. Me gusta la música bluegrass. También escucho música extranjera. Me gusta mucho la música de Oriente Próximo.

—¿Qué me dices de los Beatles?

—Siempre me ha gustado cómo toca la guitarra George Harrison. Sin excesos… es bueno. En cuanto a Lennon… Bueno. Su libro (In his own write) me resultó alentador. O fueron los editores quienes me alentaron porque me pidieron que yo escribiera un libro y así es como salió Tarántula. John ha llevado la poesía bastante lejos en la música popular.

—¿Qué me dices de tus influencias literarias? Has mencionado a Kerouac y a Ginsberg. ¿A quién lees ahora?

—Rilke, Chejov. Chejov es mi escritor favorito. Me gusta Henry Miller. Creo que es el mayor escritor americano vivo (…) Lo conocí hace años. Jugué al ping-pong con él.

—Para crear música rock uno tenía que estar contra el sistema, ser un forajido. ¿Asentarse es enemigo del rock?

—No. Puedes ser un sacerdote y estar metido en el rock and roll. Ser un cantante de rock no es distinto de ser un pintor de brocha gorda. Subes tan alto como quieras.


Rolling Stone, 2001.

“Las cosas tienen que cambiar. Y una de las cosas que tienen que cambiar es el mundo interior de las personas”.


Los Angeles Times, 2004.

“Para mí Woody Guthrie lo significaba todo. Las canciones de Woody eran acerca de todo a la vez. Eran sobre ricos y pobres y negros y blancos, los altibajos de la vida, las contradicciones entre lo que se enseñaba en la escuela y lo que de verdad sucedía. En sus canciones decía todo lo que yo sentía pero no sabía cómo decir”.

“Cuando me metí en el rock and roll, ni siquiera pensé que pudiera tener otra opción ni más alternativas. Me mostró donde estaba mi futuro, del mismo modo en que algunas personas saben que serán médicos o abogados o torpederos de los Yankees de Nueva York”.

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