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Culto
Muerte y horror: el regreso de Paula Hawkins

Muerte y horror: el regreso de Paula Hawkins

Un cadáver revive las diferencias de una familia y un pueblo; es la historia que narra su nuevo thriller.

Nunca pensó que regresaría a Beckford. No estaba en sus planes volver al pueblo de su infancia. Menos tener que hacerse cargo de su sobrina. Sin embargo, Jules Abbott, quien trabajaba en Londres, llegó al lugar del pasado ubicado al norte de Inglaterra para reconocer el cadáver de su hermana Nel.

Es agosto de 2015 y el cuerpo de la escritora Nel Abbott es hallado en La Poza de las Ahogadas, un remanso del río que atraviesa Beckford. No está claro si la muerte fue un suicidio o asesinato, lo cierto es que las hermanas Abbott arrastraban un conflicto desde la adolescencia. Además, Nel trabajaba en un libro sobre las mujeres que perdieron la vida en La Poza de las Ahogadas.

“Beckford no es un lugar propicio para suicidarse. Beckford es un lugar en el que librarse de mujeres conflictivas”, apuntó Nel en un mensaje que se leen en Escrito en el agua, la segunda novela de Paula Hawkins (45) que hoy llega a librerías publicada por editorial Planeta. La escritora británica se hizo mundialmente conocida con La chica del tren (2015), su debut en la narrativa, que ha vendido 20 millones de ejemplares y el año pasado fue adaptada al cine por el realizador Tate Taylor.

¿Pero, quién miente en su nueva historia? Jules tiene miedo y se siente culpable por la muerte de su hermana. Además, su sobrina Lena la culpa a ella por no haberle contestado a su madre una llamada de emergencia poco antes de morir.

“Confiamos implícitamente en nuestra memoria. ¿Cómo no confiar? La memoria confiere sentido al mundo en que vivimos, y nos dice quiénes somos y cómo nos relacionamos con los demás”, dice Paula Hawkins sobre el ambiente desarrollado en Escrito en el agua. “Todos tenemos algunos recuerdos alterados, a menudo de cosas que nos pasaron en la infancia y a veces en nuestra edad adulta. Todos somos capaces de modificar nuestras propias historias a fuerza de contarlas”, agrega la narradora en una entrevista promocional, quien por más de una década ejerció el periodismo en medios como The Times.


Mundo de sospechas

En Escrito en el agua no hay una voz central como en La chica del tren, sino una serie de voces que hablan en primera y tercera persona. Desde Sean Townsend, inspector de Beckford a cargo del caso de Nel Abbott. El trabaja junto a Erin Morgan, quien fue trasladada desde su puesto de Londres por involucrarse en “una relación inadecuada”. También aparecen, entre otros, Nicola Sage, mujer que dice ser una médium que ayuda con información, y Louise Whittaker, madre de Katie, adolescente que se suicidó a inicios del verano de 2015.

“Esta segunda novela cuenta la historia desde múltiples puntos de vista, pero esta vez ofrezco las perspectivas de muchos personajes más y seis narrativas diferentes en primera persona. Estas narrativas son necesariamente poco fiables: toda narración en primera persona es dudosa. Todo el mundo miente, exagera o se confunde en mayor o menor medida”, señala Hawkins, considerada por la BBC como una de las mujeres más influyentes de 2016.

El mundo de la infancia y los conflictos familiares igualmente están presentes en el thriller sicológico Escrito en el agua.

“Las historias que contamos sobre nosotros mismos y nuestras familias son definitorias; conforman las personas en que nos hemos convertido. Por eso me fascina que miembros de una misma familia puedan contar historias radicalmente diferentes sobre la vida en una misma casa, con las mismas personas”, comenta Hawkins, quien creó Beckford, un extraño lugar donde todos se conocen. “Es un pueblo ficticio, situado en un paisaje que en su mayor parte es real. Quería escribir sobre una comunidad pequeña, porque me interesan los efectos que el hecho de vivir en un pueblo puede tener sobre las personas. La vida en un lugar donde todos se conocen puede fomentar la solidaridad, pero también puede ser bastante sofocante. Me preguntaba si esa vida podía favorecer una cultura del secretismo, si podía impulsar a algunas personas a buscar vías de rebelión y a romper con los roles asignados”, termina.

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