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Culto
Cervezas de Culto: Granizo Foxy Lady Hot Imperial

Cervezas de Culto: Granizo Foxy Lady Hot Imperial

Medalla de oro en la Copa Latinoamericana de Cervezas Artesanales 2017 y en The Great South Beer Cup (SBC) 2015. Una cerveza para campeones. Y un sabor de putamadre que, por supuesto, todos deberían experimentar.

Siempre he creído fervientemente que no se bebe porque sí. Que no es un movimiento al azar. Que esa suerte de acuerdo tácito entre nuestras ganas y una botella (o dos, o tres) va más allá de la “sed peligrosa”, a la que muchos apelan medio en broma medio en serio. Por mucho que te guste el “ácido”, como lo apodaba un viejo lindo y querido, tiene que haber un motivo significativo. Y en mi caso, por lo general, más allá de notables excepciones relacionadas más que nada a los colores y a la pelotita, ese motivo se vincula estrechamente a malas nuevas.

El 2017 ha sido un hijo de puta. Pero mal. Asumió ese papel al menos desde el plano emocional, que –calculo– es lo que más importa, ¿no? Motivos de sobra me ha dado para tomarme algo cada vez que tengo un tiempito. Solo. Con amigos. O con una gran compañía, como ayer.

Cada embiste del 2017 lo he recibido como una llegada de Paredes contra la “U”. Sí o sí harán daño. Y he tratado de mantenerme implacable, como Johnny. Pero no siempre se puede. ¿La salida? Cada tristeza me la tomo. Ya habían caído algunas fuertes: 9,5° y 10,7°, recuerdo. También otras más suaves. Pero siempre era ése el camino. Beber la pena y mearla lo más rápido posible.

Ayer el reto era mayor: 12,1° para borrar otro golcito que me clavó este año de mierda. Por suerte, un mensaje un par de horas me anunció que la jornada sería positiva.

El Kross Bar fue el cómplice que necesitaba. Bastó tomar asiento y una rápida sugerencia para que me presentaran el remedio de la jornada: la Granizo Foxy Lady Hot Imperial. Negra, de espuma marrón, con un aroma contundente y llamativo. Uno que definitivamente escapaba al común. En definitiva, como sugiere su ingrediente acaso más atrevido, una cerveza de putamadre.



“Lo primero para conocer una cerveza es su aspecto visual”, me comentó el mesero, segundos antes de tomar la copa y ponerla a contraluz. “¿Ves? No traspasa la luz, lo que indica mucho el cuerpo que tiene. Estamos hablando de una cerveza con el cuerpo medio, medio-alto”, precisó.

“Cuando ustedes la toman, ¿sienten el chocolate? la base de una stout; también el dulzor y el ají, que te pega ahí, de a poquito”. Y así fue. Un sabor intenso, imponente. Se notaban los 12° y, des-pa-ci-to, además, el picante del ají putamadre.

Me he quejado mucho del 2017. A veces pienso que exagero. No ha sido tan-tan malo. Si lo analizo detenidamente, al menos, Paredes dejó de hacer goles. Pero al rato, como pensaba, un poco dañado en el camino de vuelta, quizás sería bueno que se me presentaran un par de problemas más. Ayer encontré una buena solución.

Sobre el autor:

Eduardo Ortega |
Periodista de La Tercera.