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Culto
Ningún otoño será igual después de ver a Slowdive en vivo

Ningún otoño será igual después de ver a Slowdive en vivo

Casi las diez de la noche del sábado 13 de mayo del 2017, y el alejado Santiago de Chile fue testigo, por primera vez, de la leyenda viviente de Slowdive.

Entre chalecos, lágrimas, cervezas pasadas de precio, y emociones compartidas, la mítica banda de shoegaze saldó una deuda que muchos pensaron no se concretaría jamás. “Nunca, pero nunca, pensé que iba a escuchar esta canción en vivo”, dice un treintañero mientras levanta las manos al son de ‘Alison’. Una fotografía hermosa de lo que fue otra aventura de Fauna.

Eso sí, la montaña rusa comenzó bastante antes. Con un cielo lleno de nubes otoñales, Espacio Riesco recibe a los representantes nacionales del género madre del festival montado entre edificios corporativos y pavimentaciones demasiado nuevas. Mientras de lunes a viernes las calles de la Ciudad Empresarial se llenan de almuerzos sin amor y corbatas incómodas, el fin de semana Trementina le puso todo el color necesario para darle vuelo a la nave que desde el punto cero tuvo shoegazing como gasolina. Los ya clásicos de los chilenos que recién vuelven de la aventura mexicana prendieron los motores de los tibios asistentes, esos mismos que horas más tarde estarían desviviéndose entre lágrimas y aplausos, entre ellos, los responsables de ‘Fall Into Your Bed’.

Gente bonita, gente ansiosa, un puente con cascada y largas barras decoraron la cita que con la llegada de Beach Fossils ya empezaba a recibir el grueso de asistentes. Si las primeras filas estaban colmadas por saltarines cantantes emocionados por la banda de pulcro sonido pero pobre apuesta, más atrás la historia se repartía entre relaciones sociales y expectativas. El fuerte ya estaba por llegar, pero la agrupación dio cara a quienes dicen que suenan demasiado a sus imitadores, y demostraron que ser pioneros no es gratis. Canciones aprendidas a la perfección, casi al punto del aburrimiento y los primeros signos festivaleros ya aparecían.



Entra la noche, el frío otoñal es real, las nubes decoran los pocos espacios al aire libre del evento pero el galpón principal, donde se albergó el escenario de Vans, ya es un horno cocinando fineza tras fineza como esas jornadas en las que tu madre te prepara algo calentito para el corazón. ‘The Mighty Rio Grande’ abre la presentación de This Will Destroy You y cientos de cabezas entran en un trance digno de los texanos. Diez largas canciones que aplanaron cerebros, provocaron alucinaciones y cumplieron con lo prometido. Un sueño para muchos que pausaron los tragos para encerrarse en el mundo TWDY. No hubo saltos pero sí muchos gritos: los estadounidenses pisaron Chile y nuestros cerebros. Queríamos post-rock y lo conseguimos como escupitajos en la cara que finalizaron con ‘Quiet’ ¡vaya contradicción mental!

Ir al baño, hidratarse, conseguir más cerveza, fumar alguna cosa: todo rapidito porque el escenario principal sólo descansó 25 minutos entre banda y banda mientras el subterráneo nunca dejó de ser una fiesta, que a esta altura de la tarde-noche vibraba con Qasio. Arriba, en el cielo de las melodías fantásticas, ya llegaba por segunda vez a nuestra ciudad The Radio Dept, los natales de Suecia encargados de sacar suspiros y consignas de lucha hace ya veinte años. A pesar de que el vivo de la banda nunca ha sido su fuerte, en esta pasada lograron traspasar el jam de sus discos al ambiente del galpón que ya estaba a tope. ‘Never Follow Suit’, ‘David’, ‘The New Improved Hypocrisy’, ‘Heaven’s On Fire’, ‘The Worst Taste In Music’, ‘Running Out Of Love’, esas mismas que han decorado citas y picnics sonaron fuerte y la fiesta estaba desatada.

Gracias por el baile, pero a lo que vinimos. Son las nueve de la noche con treinta minutos. Los baños están repletos y cochinos, las activaciones de marcas se van desmontando, las cervezas pasan la cuenta, y el ambiente es un sahumerio de marihuana listo para recibir al invitado principal. El nerviosismo está en todas las caras, en todos los pies, en todas las cámaras listas para capturar el show que llevábamos años esperando.



Slowdive sale a escena y el vestido azul brillante de Rachel es el destello de una jornada que justifica cualquier lágrima como si estuviésemos frente a la boyband del momento. La nave está en su máximo, alcanza el punto más alto cuando Neil toma su instrumento luciendo una polera de Spacemen 3 y ‘Slomo’ revienta. Nosotros también. Es difícil lograr condensar en palabras las experiencias que se esperan toda la vida, sobre todo cuando se trata de una banda que, seguramente, conociste cuando ya no existían como tal. Pero ahí estábamos, los más novatos junto a los más reales y duros seguidores, todos abrazados por la belleza que fueron las 15 piezas que interpretaron los británicos que tan mala suerte tuvieron por allá por los lejanos noventas.

Se hizo justicia. Slowdive regresó como una pieza esencial de la música contemporánea, y nosotros, chilenos alejados helados y embriagados, pudimos ver la calidad de los años y la prolijidad de la experiencia. Desde el último buen disco hasta los clásicos como esa potencia de ‘40 Days’. Los músicos nos obligaron a romper el shoegaze, nos hicieron levantar la vista de nuestros zapatos porque en frente teníamos lo que tanto estábamos esperando. El sueño de un otoño perfecto sí que lleva a Slowdive de fondo, ahora tenemos que ver cómo sobrevivir al resto de las temporadas sin la armonía de Rachel en nuestros oídos.

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