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Culto
Los artistas de regiones alzan la voz

Los artistas de regiones alzan la voz

Alejados de la escena de Santiago, los artistas instalados de Arica a Punta Arenas se caracterizan por sus obras políticas y que circulan de forma precaria y autogestionada. Una muestra los trae al centro y reúne a 60 de ellos en Matucana 100 y el MAC de Quinta Normal.

Sus creaciones nacen en contextos en extremo diferentes: mientras unos tienen como referente estético el desierto y se interesan por temas como la inmigración de peruanos, bolivianos y haitianos al país, otros viven y producen en medio de verdes bosques y volcanes nevados, y suelen tener una opinión clara sobre el conflicto mapuche en la Araucanía. Sin embargo, a la hora de producir y hacer circular sus obras, los artistas de regiones encuentran más puntos de unión que de división. El más importante, sin duda, es el rechazo al centralismo artístico que ostenta Santiago: no sólo el poder político y económico se enclavan en la capital, sino también el mercado y la infraestructura cultural. En el Norte Grande, por ejemplo, el panorama es más que desalentador: allá no existe formación profesional de arte, pues ninguna universidad imparte la carrera y los aspirantes deben necesariamente dejar la región para estudiar. Y, ya que tampoco existen un circuito de galerías comerciales, los creadores deben también arreglarselas tanto para exhibir sus obras como para vivir de su trabajo.

Esta realidad del arte en el país se ve ahora reflejada en la exposición Chile limita al centro, que por primera vez reúne a más de 60 creadores de regiones, desde Arica hasta Punta Arenas, con sus obras desplegadas en el MAC de Quinta Normal y Matucana 100 hasta el 28 de mayo. La curatoría nació a partir del programa Traslado del Consejo de la Cultura, que intenta levantar y vincular la escena regional, muchas veces ignorada en Santiago. El proyecto abarca cinco grupos de curadores (19 en total), quienes seleccionaron a los artistas según su lugar de trabajo en las distintas zonas geográficas, desde el norte al extremo sur, pasando por Valparaíso, la región de O’Higgins, Biobío y Los Lagos. El resultado es variado en técnicas y temas: las obras van de la instalación y la pintura, a la fotografía, escultura y performance; y entre los ejes curatoriales están aquellas que hablan sobre el paisaje y el territorio, las que reflexionan sobre la nación, la dimensión de género y de identidad, además relevar la práctica comunitaria y que entienden el arte en un sentido más social y colaborativo.


Glorias de Atacama, fotografías intervenidas de Carlos Rojas, de Copiapó.

Saltarse el centro

Para Jenny Zhielmann, curadora que vive y trabaja en Coyhaique y encargada de la zona de Los Lagos, Aysén y Magallanes, el aislamiento territorial puede ser beneficioso para el arte. “Lo que sucede con los creadores de acá es que mantienen propuestas mucho más auténticas, investigan su propia historia, nuestro territorio y nuestras raíces. Se potencia una creación sin influencia externa, más honesta. Ellos abordan más temas que problemáticas, y mucho viene de la contemplación de su entorno”, cuenta. Para su curatoría, Zhielmann escogió el mito de la Ciudad de los Césares, con la idea de que los artistas profundizaran en el origen del poblamiento del sur de Chile. Entre los artistas destacan Gabriel Holzapfel (1988), de Puerto Montt, quien deconstruyó el mapa de Sudamérica y lo sitúo en nueva Pangea a través de un collage y que se complementa con la representación de los puntos cardinales con cuatro hachas sobre un tronco, elementos típicos del sur; Carlos Gómez (1976), de Coyhaique, que a través de una serie de grabados narra el proceso de colonización de la Patagonia; y Paola Vezzani (1968), escultora de Punta Arenas quien presenta una serie de tres naves utópicas hechas con desechos que encontró en el Estrecho de Magallanes.


Instalación La línea, de Vania Caro, artista que trabaja en Alto Hospicio.

El discurso de los artistas se torna más político y crítico avanzando hacia el norte del país, además de que aparecen las primeras obras colaborativas, con la idea de armar comunidad entre el artista y el público. En Concepción trabaja, por ejemplo, Natasha de Cortillas (1967), quien trabaja la dimensión política de lo alimentario, haciendo acciones culinarias como Sobremesa, donde reunió a agentes culturales de la ciudad a conversar y comer; o Colectivo Caja de Cartón (artistas sub 35), quienes reunieron fotografías de familias de la localidad de Huilio, para rescatar la memoria del pueblo. El conflicto mapuche es abordado por artistas como Felipe Durán (1982) fotógrafo de Cañete que registró la lucha social y vida cotidiana, y Cristian Wenuvil (1977), artista mapuche que trabaja en Temuco y quien presenta un video donde enfrenta a la institución religiosa católica y la mapuche, y recuerda a Leonardo Quijón, un joven herido con perdigones por la policía en 2009.

Según Carolina Lara, una de las curadoras de la zona del Biobío, Araucanía y Los Ríos, hacer la exposición fue un desafío en sí mismo, por la resistencia que hay en regiones de exponer en Santiago: “No fue fácil, a muchos hubo que convencerlos porque no todos estaban de acuerdo de exponer bajo la institucionalidad del Consejo de la Cultura, al que también critican duramente, o también de estar en Santiago, porque de a poco los artistas de región han asumido que desde las provincias se pueden generar prácticas y dinámicas propias sin la necesidad de pasar por este epicentro obligado”, cuenta.

Lo cierto es que las regiones están abandonadas en cuanto a infraestructura cultural dedicada específicamente al arte contemporáneo. Los museos y las galerías comerciales se concentran en Santiago, y en el sur sólo están el MAC de Valdivia, el MAM de Chiloé, además de algunas galerías, pero que no son capaces de establecer un mercado. “Los artistas exponen donde se puede, en bibliotecas y cualquier sala cultural, pero tampoco hay una ansiedad por exhibir como en Santiago. Para ellos es más importante el proceso, los encuentros e incluso internet, así van haciendo circular su trabajo”, cuenta Lara.

Es el caso de Vania Caro, artista formada en Concepción pero que en 2010 se fue a vivir a Alto Hospicio, localidad de Iquique. Allí ha logrado desarrollar un obra arraigada en ese propio contexto social. “Al principio fue difícil adaptarse, pero luego fui encontrando temas interesantes, como el de la interculturalidad o el propio estigma de Alto Hospicio, empecé a trabajar de otro modo haciendo intervenciones en el espacio público”, dice la artista. “En el último tiempo se ha potenciado mucho la producción en Iquique y Antofagasta, y también hacemos mucho intercambio con los paises cercanos, Argentina, Bolivia y Perú, más que pensar en ir a Santiago”, agrega. En la muestra, Caro exhibe una cartografía del territorio previo a la Guerra del Pacífico y hecha de cartón, destacando la antigua línea divisoria del país.


Gabriel Holzapfel exhibe Mapamundo y Cardinal en MAC Quinta Normal.

Aunque en el norte no existen ni facultades ni museos ni galerías de arte contemporáneo, desde 2012 se realiza en Antofagasta la Semana de Arte Contemporáneo (SACO), liderada por la artista Dagmara Wyskiel y que intenta reunir a los artistas y fomentar la reflexión y la crítica. También el trabajo del curador Rodolfo Andaur en Iquique, quien continuamente ha generado proyectos y encuentros artísticos, ha sido clave para la pequeña escena nortina. “La verdad es que en el Norte estamos recién armándonos, nos falta organización y asociatividad y en ese sentido con Valparaíso hemos hecho más redes porque tienen una línea under, más similar a la nuestro”, resume Loreto González, curadora de Chile limita al centro.

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