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Culto
Venecia, arte y crisis sociales

Venecia, arte y crisis sociales

La Bienal abre el sábado y este miércoles se dio a conocer la exhibición central, con 120 creadores de 50 países que reivindican el rol social del artista. En ella hay dos chilenos: Juan Downey y Enrique Ramírez.

A días de que se abra a público la 57 Bienal de Arte de Venecia este sábado, la Arsenale- una histórica ex armería naval que hoy acoge la muestra central- refleja ya el ambiente festivo que inundará esta edición. Cerca de cinco mil invitados de todo el mundo, entre curadores, críticos y periodistas han llegado hasta la ciudad italiana para recorrer por anticipado el evento, considerado uno de los más importantes del mundo.

Este miércoles se realizó la conferencia de prensa inaugural, con el presidente de la bienal, Paolo Baratta, quien explicó por qué este año se escogió a Christine Macel, historiadora del arte francesa y ex curadora jefe del Centro Pompidou, para seleccionar a los 120 artistas de 51 países invitados a la exhibición central: “Ser artista requiere coraje y generosidad y esta es la oportunidad para presentar el arte con entusiasmo y volver a conectarlo con el público. Christine tiene el conocimiento, la investigación y la pasión de quien ha dedicado su vida al arte”, dijo Baratta.



Bajo el lema de Viva Arte Viva, la muestra -que permanecerá hasta el 26 de noviembre- se divide en nueve secciones que celebran la dimensión humanista del arte y su capacidad de mirar reflexivamente los problemas políticos y sociales. Aunque no es una exhibición directamente política, temas como la crisis de los refugiados o el renacer del populismo en el mundo se cuelan en la muestra. “El arte no tiene la posibilidad de cambiar el mundo, pero sí es el lugar para re-imaginarlo”, dijo Christine Macel. “El arte puede cambiar la vida, la transforma. No tiene el poder de solucionar los problemas de acuerdo a los parámetros que solemos imaginar, no nos ofrece soluciones fáciles, pero el arte es el último bastión de la expresión individual, de la libertad”.

El recorrido por el Arsenale comienza con un chileno. En ocho monitores que se miran entre ellos se reproduce el video El círculo de fuego (1979), de Juan Downey, fallecido en 1993, donde exhibe la rutina diaria de los yanomami, etnia del Amazonas profusamente registrada por el pionero del videoarte chileno, pero con una mirada que vas más allá de lo antropológico y que es recatada por Macel en el Pabellón de lo Común, que trae de vuelta la mirada sobre lo colectivo y a las comunidades.

En el Pabellón de la Tierra destaca el estadounidense Charles Atlas, con una instalación medial donde reproduce diferentes atardeceres en la Isla Captiva de Florida; en el Pabellón de la Tradición, figura la coreana Yee Sookyung, quien utiliza cerámica tradicional de su país en una monumental escultura. En el Pabellón de los Chamanes, que intenta recuperar lo espiritual del ser humano, está el brasileño Ernesto Neto con un Cupixawa, lugar donde los indios Huni Kuin se encuentran, discuten y meditan y que acá se recrea para que el público pueda vivir la experiencia. Muy cerca de Neto, en un gabinete oscuro se exhibe el video Un hombre que camina, obra del chileno Enrique Ramírez, quien también fue destacado por Christine Macel como “un emotivo viaje por el paisaje, el rito y la muerte”, dijo en la conferencia.


Un hombre que camina, video de Enrique Ramírez.

En el filme, el artista muestra a un hombre con una máscara de diablo caminando por el salar de Uyuni y mezcla diferentes referencias, desde un rito fúnebre del pueblo de Bethune en Francia, pasando por guiños a la colonización y a la obra de Joseph Beuys.

“Creo que con la obra de Downey compartimos una mirada de lo latinoamericano muy potente”, dice Ramírez, quien vive hace una década en Francia. “Como decía (Joaquín) Torres García, hay que aprender a mirar el Sur del continente como nuestro Norte. Para mí es muy importante no perder el pedazo de tierra de dónde uno es”, agrega.

El recorrido sigue con el Pabellón Dionisiaco, que celebra el cuerpo femenino, la sexualidad y placer humano con la obra de Paulina Curnier, quien con humor expande la mirada de lo humano hacia lo monstruoso y lo ambiguo, y el Pabellón del Tiempo y lo Infinito, con el chino Liu Jianhua, crea una sala rodeada de espejos y con gotas de porcelana dorada en el suelo que invita a la meditación en una atmósfera espiritual.


Espejos y gotas de porcelana en el suelo, instalación del chino Liu Jianhua.

Para el presidente Paolo Baratta, la misión de esta edición de la bienal es revalorar el rol del arte en el mundo y volver a acercar a los artistas con el público. Por eso destacó también la Open Table, actividad inédita, donde cada viernes y sábado de los próximos seis meses de exhibición, los artistas harán un almuerzo abierto con el público para extender la conversación sobre sus trabajos y el discurso político que hay en ellos. “La crisis que estamos viviendo en el mundo está primero dentro de nosotros. El arte nos ayuda a reflexionar sobre ella, a hacerle frente y no negarla. Cada día se tiende a trivializar la realidad, tratamos de eliminar la complejidad a través de formas de populismo. Los artistas nos ayudan a rechazar el engaño”, afirmó.

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