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Culto
Salvemos K Records

Salvemos K Records

1982 fue un año importante en términos musicales: Madonna hizo su debut y Michael Jackson publicó Thriller, pero lejos de esas estrellas pop, en Olympia,Washington, Calvin Johnson fundó K Records.

Cuando tenía 15 años, en 1977, Johnson comenzó a trabajar como voluntario en una radio, KAOS FM, la que tenía como política transmitir sólo música de sellos y músicos independientes. Nada de Madonna ni Michael ahí. Fue así como Calvin Johnson se acercó a la música independiente y a sonidos más experimentales que los que sonaban en otras emisoras. Luego entró a la universidad y formó su primera banda, Cool Rays, y fue en la universidad donde conoció a Candice Pedersen.

Johnson fundó K Records en 1982 y Candice entró como pasante en los temas administrativos. Ese mismo año Calvin Johnson fundó Beat Happening con Bret Lunsford y Heather Lewis, banda lo fi cuyo objetivo principal tenía ir a Japón. Lo lograron en 1984 en una especie de gira en la que la primera parada fue un colegio de un amigo de intercambio de Johnson.

Beat Happening fue clave en el movimiento indie de Olympia y de Washington, se fueron de gira con Fugazi, desconcertando al público de esa banda que solía ser tipo macho blanco, ya que la música de Beat Happening estaba al borde de ser pop, si es que no lo era.

Al frente de Beat Happening y de K Records, Calvin Johnson se convirtió en un hombre clave en la escena independiente, editando con su sello a bandas como Bikini Kill, The Go Team y Beck. Con Heather en la batería de Beat Happening y Candice Pedersen a estas alturas como socia de K Records, fueron también un precedente para las Rrriot Girls, influencia reconocida por otras insignes de Olympia, como Kathleen Hanna y Kathi Wilcox.

Una de las gracias del sello era la elección del casette como formato a utilizar. Principalmente usaban ese formato porque era más barato que hacer discos, y fueron uno de los sellos que más tiempo mantuvo el uso del casette.

El trabajo de Johnson en la radio, además, le permitía tener una lista enorme de donde elegir bandas para el sello, formando poco a poco un catálogo más que respetable de grupos en el sello.

En otras de las vueltas de la vida, y una que ayudaría a la popularización del sello, fue que Kurt Cobain se tatuara el logo de K Records para “recordar mantenerse siempre como un niño” y si viene de alguien que citó el disco Jamboree de Beat Happening como uno de los discos de su vida, el tatuaje no venía mal. Éste representa un escudo con una K, el que sería el “escudo para batallar a las grandes corporaciones” porque la gracia de K Records es que por muy twee (tipo de indie pop con letras y melodías ingenuas) que fuera su música, el sello en realidad era 100% punk.

El punk es una cosa de espíritu, y K Records lo tenían. El problema del punk es que cuesta mantener el espíritu a flote si quieres además funcionar en el mercado. Quizás esa no era precisamente la meta de Johnson, quien en 2016 se vio envuelto en una demanda por parte de Kimya Dawson, vocalista de The Moldy Peaches, quien lo demandó por una deuda de miles de dólares impagos. Al tiempo que apareció la demanda de Dawson, salieron otros músicos a hablar de las deudas impagas que tenía el sello con ellos y para qué decir de Candice Pedersen, que había partido como interna y se había hecho socia de Johnson, había vendido su parte en 1999. Al parecer Calvin Johnson estaba en problemas con más de una persona, pero como el espíritu siempre se mantiene en alto, Calvin Johnson decidió poner a la venta el edificio en el que se ubicaba K Records, que como si se esperara un milagro, se ubica en una iglesia. Ese año además el sello publicó solamente 4 discos, uno de los cuales fue del último proyecto de Johnson, Dub Narcotic System. Quizás no se tenga el dinero para comprar una iglesia en Olympia con equipamiento musical dentro, pero sí se pueden comprar discos en la web. Porque han sabido ser independientes y honestos, salvemos K Records.

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