*

Culto
Una corona a la que la princesa no pudo renunciar

Una corona a la que la princesa no pudo renunciar

Carrie Fisher falleció el 27 de diciembre de 2016 durante la gira promocional de su libro El diario de la princesa. Este es su séptimo libro, el cual cuenta desde la intimidad de la actriz su entorno familiar, su llegada a la saga Star Wars, la relación que tuvo con Harrison Ford y la repercusión que tuvo la fama en su vida.

“Si alguien lee esto una vez que yo haya pasado al gran y malvado más allá, me sentiré póstumamente avergonzada, pasaré toda mi vida de ultratumba sonrojándome. […] Es penoso prestarse a ser humillada, dejada de lado o lo que sea, y después, en el último minuto, decidir que eso no era lo que tenías en mente”.

Este es uno de los párrafos pertenecientes a los diarios que Carrie Fisher escribió durante el rodaje de Star Wars: Una nueva esperanza. El diario de la princesa, su tercer libro de memorias luego de Wishful Drinking y Shockaholic, ya está en las librerías chilenas.

En sus páginas es posible encontrar un resumen de su vida y cómo diversos factores como la fama de sus padres, la industria del cine, la interpretación de Leia Organa, su amorío con Harrison Ford y el incesante escrutinio de los fanáticos; desembocaron en la persona que era: Carrie Fisher, una mujer conocida como Leia pero que también fue escritora, guionista y comediante.

El comienzo del libro sumerge al lector en el contexto histórico de lo que ocurría en 1976. Presidentes relevantes,  la música que se escuchaba en ese entonces y qué actores y actrices nacieron ese año, entre otros datos históricos; fueron descritos brevemente en una suerte de bombardeo informativo que sitúa en el contexto de creación de una de las sagas más famosas del cine.

Desde que comienza a narrar desde su perspectiva, es fácil imaginar a quien interpretaría a Leia escribiendo esas palabras. En 259 páginas, expresa sus íntimas vivencias y pensamientos, que ahora están en manos de todo aquel que compre y lea sus memorias, el último vestigio de Carrie Fisher.

La fama que no llegó, siempre estuvo

Los padres de Carrie, Debbie Reynolds y Eddie Fisher, eran conocidos como “la pareja de Hollywood” la segunda mitad de los 50. Él, un cantante y ella una actriz, eran aclamados en sus respectivos campos artísticos, pero no todo era luces y aplausos. Carrie cuenta que ese no fue un mundo al que ella decidió pertenecer, pero lamentablemente era más fácil quedarse que intentar salir.

Carrie nació en 1956, en pleno esplendor de las carreras de sus padres. A los cuatro años, sus padres se divorciaron, y a medida que seguía creciendo, la fama parecía más un castigo que un regalo. “Aparecí en escena cuando Debbie Reynolds, mi madre, aún actuaba en buenas películas de gran presupuesto de la Metro Goldwyn Mayer. Pero a medida que crecí y, muy lentamente, empecé a comprender cómo funcionaba todo, me di cuenta de que aquellas películas ya no eran como las de antes. El contrato de mi madre expiró cuando estaba al final de la treintena”.

Quien protagonizó destacadas películas como Singin’ in the rain, comenzaba a ver las luces apagarse y los aplausos escasear, esto sumado a un segundo matrimonio que tampoco duraría para siempre. Un hijo de un matrimonio divorciado puede tener una vida feliz, pero no fue el caso de Carrie, su padre también cayó en un espiral de fracaso.

“Eddie Fisher, mi padre, actuó en clubes nocturnos hasta que dejaron de pedírselo, y cuando no se lo pedían se debía, en parte, a que como cantante melódico ya no era relevante, y, en parte, a que se mostraba más interesado por el sexo y las drogas.” Innumerables artistas han caído en las drogas y no son condenados por su público, pero Eddie rompió con la ilusión de amor de Hollywood al dejar a Debbie por Elizabeth Taylor. Nunca fue perdonado.

Carrie Fisher descubierta por un paparazzi delante del restaurant Chasen’s de Beverly Hills. Foto por cortesía de Getty Images/ Ron Galella.

Una industria machista

“Aggie, la diseñadora de vestuario, le preguntó a Warren -estrella, coguionista y productor de Shampoo-si quería que yo llevara sujetador. Warren echó un vistazo a mis pechos.
—¿Lleva uno en este momento?
Permanecí ahí como si mis pechos y yo nos encontrásemos muy lejos de allí.
—Sí-contestó Aggie.
Warren apretó los labios y me miró con expresión pensativa.
—Veamos cómo queda sin sujetador.”

No es misterio que el cine era y sigue siendo favorecedora para los hombres, y esto no solo en términos monetarios. Otro de los temas eje que toca Carrie es la presión a la que fue sometida en su debut en Shampoo –filme sobre el cual habla en el extracto anterior- y en Star Wars. En ningún momento es reprochado el trabajo de George Lucas, pero desde la producción, antes de comenzar el rodaje de Star Wars, le pidieron a la actriz de 19 años, que bajara cuatro kilos cuando ella pesaba alrededor de 50.

No hizo caso, simplemente “se hizo la loca” como se dice, y esperó que nadie notara que pesaba lo mismo que en su primera audición. Lo logró, no la despidieron ni la enviaron a la fuerza a una clínica de adelgazar tan populares entre las estrellas, pero tampoco tendría un camino fácil.

“Me mostraron los bocetos de peinados que le proporcionaron a Pat (su estilista) como guía. Les lancé una mirada de espanto muy parecida a la que puse al ver los dibujos del bikini metálico, el que llevaba para matar a Jabba”. La encargada de peinar a Carrie tenía todo un muestrario curioso de peinados, cada uno más extravagante que el otro, pero finalmente el de los “audífonos peludos” sería que el que prevalecería y se convertiría en el más recordado.

Pero más que el peinado -al que Fisher dedica varias páginas- fue el bikini metálico el que la marcó. Aquella prenda incómoda que deja mucho que ver de la actriz en El regreso del Jedi, pasó a ser una prenda de fantasía para adolescentes y hombres, tanto de quienes vieron los estrenos entre 1977 y 1984, como las generaciones posteriores.

Carrie habla con desdén de aquella prenda. La princesa y general Leia Organa destacaba por su fortaleza, porque a pesar de ser la mujer entre dos hombre con papeles fuertes, ella se hacía respetar y escuchar, pero su rol admirable inevitablemente fue reducido por la cultura del «sex symbol», al traje que usó como la esclava de Jabba el Hutt.

Mark Hamill, Carrie Fisher y Harrison Ford tomando algo durante su primera gira publicitaria.  Foto por cortesía de Getty Images /Steve Larson.

Carrison

“Todo resultaba muy desconcertante, pero lo único que sabía era que Harrison me ponía nerviosa. En su presencia me volvía torpe, se me trababa la lengua. Era sumamente desagradable, y ni siquiera un par de acertadas ocurrencias bastaban para superar esa sensación. Nos conocimos, chocamos contra una pared y ahí quedo la cosa; no parecía un reto, sino algo a evitar cada vez que fuera posible”.

El año pasado, Carrie Fisher apareció en varios programas de televisión. No solo por su regreso al cine en El despertar de la fuerza, también por la presentación de su libro en el cual revela uno de los grandes secretos a voces de la época: tuvo un affair con Harrison Ford.

Según la narración de Fisher, no hubiese sido un gran desafío captar a la pareja entrando y saliendo juntos del departamento de ella o compartiendo unas cervezas en un pub londinense, pero en 1976, ninguno era famoso aún.

Fisher era astuta, tenía claro que el mayor enganche era este “cahuín” desempolvado 40 años después, y supo atraer a sus lectores. El preámbulo es más extenso de lo que los ansiosos preferirían, pero vale la pena. Carrie se convierte en aquella joven de 19 años que se enamoró perdidamente de un hombre de 32, casado con dos hijos; y una es capaz de sentir aquella sensación de que no es correcto, no tiene futuro, pero no se hace más que dejarse llevar.

Carrie y Harrison tuvieron una relación que duró lo que se demoraron en grabar Una nueva Esperanza. La imagen que Fisher da de Harrison es muy similar a Han Solo: un hombre atractivo, pero petulante, y alguien con quien no tenía mayor proyección que el término del rodaje, y ella lo sabía.

Por su parte, Carrie se da a conocer como una persona distinta de la empoderada Princesa Leia que en la primera película dijo: “No sé quién seas o de donde vengas, pero de ahora en adelante harás lo que yo diga, ¿de acuerdo?“. Una joven e ingenua actriz cayó rendida a los pies de quien la salvó de una horda de hombres ebrios tras una fiesta de cumpleaños de George Lucas.

Harrison Ford charla con Carrie Fisher durante una pausa del rodaje del especial televisivo de la CBS The Star Wars Holiday. Foto por cortesía de AP Photo/ George Brinch.

Viaje sin retorno a una galaxia muy muy  lejana

“Ni muerta aparecería en uno de esos rodeos de viejas glorias”, dice Fisher en alusión a la primera invitación a una Comic Con. “Pero resultó que asistí viva a esos rodeos, y con la suficiente frecuencia como para desear estar muerta. No me gusta convertir esto en una práctica habitual, pero está bien, solo por esta vez firmaré como Princesa Leia. Aunque sabes que en realidad no soy  ella verdad ¿verdad? Puede que me parezca a ese personaje que no existe fuera de la pantalla en forma humana…Vaya, quizás no me parezco tanto a ella como antes, pero durante un tiempo era casi idéntica a ella”.

En el último cuarto del libro, la actriz revela su experiencia en convenciones de fanáticos de fanáticos o simplemente caminando por calle. Leia Organa no fue uno de los tantos roles que interpretó, es EL papel que los devotos de Star Wars se niegan a olvidar, pero siempre pausada en su juventud, no como la versión arrugada por el paso del tiempo.

Fisher explica que los actores finalmente son concebidos como objetos de idolatría a los que no les significa mayor esfuerzo firmar uno -o miles- de autógrafos. Poco les importa que lleven horas escribiendo dedicatorios a cientos de caras desconocidas, posando para fotos con una sonrisa forzada, después de todo: ¿para qué quisieron ser famosos si no están dispuestos a darle en el gusto a sus fanáticos?

Carrie Fisher, Gary Fisher y la princesa Leia de cera en el Museo Madame Tussauds, Londres, mayo de 2016. Foto por cortesía de Ben Queenborough /REX/Shutterstock.

“¿Quién creéis que habría sido si no hubiera sido la Princesa Leia?¿Soy la Princesa Leia o ella es yo? Encontrad el punto medio y os acercareis a la verdad. Star Wars era y es mi trabajo. No puede despedirme y jamás podré dejarlo… Además, ¿Por qué debería hacerlo?”

Y tenía razón, Carrie Fisher siempre será la Princesa y General Leia Organa, su bendición y maldición. Leia es un fantasma que nunca dejó a Carrie.

Sobre el autor:

Mónica Garrido |
Periodista de La Tercera. En Twitter es @monigarridov