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Culto
El eclipse del Sol

El eclipse del Sol

El artista debió entregarse ayer a la justicia de EE.UU., rematando parte de los años más oscuros de una carrera que parecía no conocer la derrota.

Diversas palabras que saltan rápido a la vista cuando se googlea a Luis Miguel: demandas, millones, arresto, fianza, escándalos, traiciones. ¿Novedades artísticas? Su último álbum data de 2010, sin ninguna canción atada de manera automática a la memoria y con sólo un millón de copias despachadas, la menor cifra de ventas de toda su discografía.

En apenas un par de segundos, lo que dura mirar los primeros resultados que arroja Google, cualquiera puede advertir que “el Sol” ha dejado de brillar. Luis Miguel, el artista que durante dos décadas dominó casi sin contrapesos el negocio de la balada latina, desde años naufraga en una carrera salpicada por los conflictos, sin ningún gran golpe a la cátedra y con elocuentes señales de un agudo estancamiento, como si a sus 47 años la adultez fuera una camisa de fuerza de la que no sabe cómo escapar.

Mientras las figuras que siempre parecieron crecer a su sombra, sin poder rasguñar ni la mitad de su popularidad, como Enrique Iglesias, Ricky Martin, Marc Anthony o Luis Fonsi, encontraron caminos para sortear el olvido y enfrentar los nuevos tiempos -los duetos, los hits en inglés, entregarse sin complejos al reggaetón- , el mexicano parece adormecido en su imperio de antaño, extraviado ante la industria actual, como si fuera un novato superado por los que siempre lo observaron desde más abajo.

El último peldaño de ese turbulento destino explotó ayer, cuando los medios latinos con sede en EE.UU. informaron que el hombre de La incondicional se había entregado a la justicia estadounidense, luego de negarse durante tres oportunidades a asistir a los tribunales de California por una demanda por incumplimiento de contrato presentada por su ex representante, William Brockhaus. Una decisión que el intérprete pagó muy caro y el asunto es literal: tras un par de horas, canceló una fianza de un millón de dólares, lo que le permitió recuperar la libertad y evitar un tortuoso proceso que hubiera significado destrozar su imagen pública.

¿Y por qué “Luismi” llegó hasta ese punto impensado? Para muchos, la caída empezó hace casi una década, cuando tras la saga de álbumes de boleros con que triunfó en los 90, empezó a replicar la misma fórmula del cover y la nostalgia al despachar trabajos consagrados a la música mexicana y los villancicos: pese a que su nivel de producción y su capacidad interpretativa seguían sobresalientes, las ventas empezaron a descender de modo dramático. En contraparte, su gran potencial seguían siendo los conciertos, con sus fans de siempre demostrando una fidelidad a prueba de bajones creativos o números escuálidos.

Pese a ello, intentó renovar su figura, siempre de corbata y dorada al sol, con nuevos arranques artísticos. Por ejemplo, se asoció con otro titán, Alejandro Fernández, para un tour en conjunto. La unión era significativa desde lo comercial, pero también deslizaba un trasfondo decidor: Luis Miguel, a quien siempre le había bastado su sola presencia para colmar estadios, ahora necesitaba de otros. La sociedad con “el Potrillo” era una concesión inédita en su historial. Finalmente, todo se fue al piso: “el Sol” no quiso salir de gira y, según diversas acusaciones, optó por no devolver un adelanto de casi US$ 4 millones. Fernández finalmente lo demandó.

La arremetida legal se suma a otra igual de rotunda: Warner Music, el sello donde facturó su leyenda y cuyos empleados siempre bromearon con que “comían gracias a Luis Miguel”, le reclama una deuda de US$3,6 millones.

Eso sí, hoy muchos prefieren mirar el vaso medio lleno. Apuestan a que, tras este paréntesis al borde del declive y al igual que otras estrellas como Isabel Pantoja, el cantante retornará en toda su gloria, y sus escándalos financieros y personales incluso servirán de marketing para una gira que lo promocionará bajo el siempre atractivo anzuelo de la resurrección. Ese esperado momento en que el Sol pueda volver a brillar como antes.

Sobre el autor:

Claudio Vergara |
Subeditor de Espectáculos de La Tercera y periodista especializado en música popular.