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Culto
El viaje de Steven Wilson por Atacama

El viaje de Steven Wilson por Atacama

El inglés grabó su nuevo videoclip en un observatorio de la II Región.

Pese a que se encuentra varios cientos de metros más abajo que sus famosas antenas, llegar hasta el Centro de Operaciones del Observatorio Alma (OSF, por su sigla en inglés), emplazado en pleno desierto de Atacama y a 2.900 metros sobre el nivel del mar, puede convertirse en una odisea para novatos, fumadores y personas con mal estado físico o problemas de salud. Y aunque son varios los turistas que sufren mareos o dolores de cabeza al subir por primera vez al campamento del mayor complejo astronómico del mundo, en su primera visita al recinto Steven Wilson parece totalmente aclimatado.

El inglés, uno de los músicos más celebrados de la escena británica actual y para muchos el mayor ícono del nuevo rock progresivo -aun cuando él mismo rechaza su pertenencia al género- no fuma, no consume drogas ni tampoco come carne. Además, se ejercita a diario y a sólo meses de cumplir 50 años su cuerpo delgado lo hace ver todavía como un treintañero. “Me he sentido bien aquí, más allá de que a ratos falta el aire”, asegura el solista, con un vaso de leche con chocolate en la mano y minutos después de haber ascendido hasta los más de 5 mil metros de altura del Llano de Chajnantor, donde se ubican los 66 radiotelescopios de Alma.

Allí, en la hostil planicie que alberga lo que los técnicos del lugar llaman el AOS (Sitio de Operaciones del Conjunto de Antenas), el ex líder de Porcupine Tree grabó el viernes pasado las primeras escenas de su próximo videoclip. Una serie de imágenes que acompañarán la salida de uno de los sencillos de su quinto álbum en solitario, uno de los lanzamientos más esperados de la temporada tras el éxito de Hand.cannot.erase, el celebrado disco conceptual de 2015 que lo consagró como uno de los nombres más originales y respetados del rock contemporáneo, y que de paso ratificó su particular culto en Chile, reflejado en los tres shows a tablero vuelto que realizó ese año en el Teatro Cariola.

“La canción tiene una temática espacial y me pareció que esta era la locación perfecta para el video. Es un tema que habla del cosmos pero al mismo tiempo es una canción muy personal, con la mirada puesta sobre la humanidad”, cuenta el músico, que estará en el país hasta este martes, junto al realizador danés Lasse Hoile, para seguir registrando escenas en locaciones como el Valle de la Luna, el observatorio Paranal y un cementerio abandonado en pleno desierto de Atacama.

Su visita al norte, por cierto, no ha pasado desapercibida. Luego de los siete conciertos que ha hecho en Santiago desde 2012 -el último de éstos el año pasado frente a un repleto Teatro Caupolicán- la relación de Wilson con el público local se ha ido transformando en algo especial, según él mismo ha declarado. Por esto, pese al hermetismo que ha rodeado su presencia en el país, varios fanáticos locales lo han reconocido y han publicado en redes sociales fotografías del británico en diversos rincones del norte.

“No soy un artista masivo, pero tengo la suerte de tener fans en todas partes del mundo y algunos tienen trabajos increíbles. Uno de ellos trabaja aquí, justamente, en el observatorio”, dice el solista, consultado sobre la génesis de esta sorpresiva octava visita a Chile.


La Pompeya chilena

Mientras se pasea por el campamento, Wilson se entera de una de las grandes leyendas -sino la mayor- de la historia del rock en Chile: el supuesto concierto que sus coterráneos de Pink Floyd habrían dado en el Valle de la Luna a fines de los años 70, para tocar en vivo en el desierto de Atacama The dark side of the moon. “¿Eso ocurrió realmente o es sólo un rumor?”, pregunta el ex Porcupine Tree, quien de alguna forma, con su proyecto en Alma, parece al fin darle un capítulo real a la extensa mitología que por años ha unido al rock anglo con el norte chileno.

La historia, incluso, pudo haber sido mayor: “En un principio estudiamos la posibilidad de grabar aquí un DVD en vivo, algo como lo que hizo Pink Floyd en Pompeya”, revela Wilson. “Después nos dimos cuenta que era muy caro y complicado tocar en las antenas, donde además hay poco aire, hace mucho frío y es casi imposible trasladar los equipos”.

Los problemas de logística, en cualquier caso, no detienen a Wilson, quien con su quinto álbum apuesta por “volver a los grandes discos de pop”, según adelanta. En ese sentido, el LP que marcará su debut en Caroline International -filial del sello Universal Music- y cuyos detalles serán revelados en las próximas semanas, será más ecléctico y con pasajes más ligeros y “pegajosos” en comparación a la densidad de Hand. cannot.erase. “Tengo la reputación de ser un autor algo deprimente en mis canciones, y aunque es casi imposible no referirse a los problemas de este mundo en este disco busqué una mirada más positiva sobre la humanidad y su lugar en la Tierra”, dice el músico sobre el LP, con el que promete un nuevo regreso a Chile “para fines de este año o comienzos del próximo”.

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