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Culto
Chile en el Festival Cannes: dos mujeres a la deriva

Chile en el Festival Cannes: dos mujeres a la deriva

Nuestro país puso un pie femenino en el festival que empieza el 17 de mayo: Marcela Said dirige a Antonia Zegers en Los Perros y Paulina García protagoniza La novia del desierto, producción argentino-chilena.

En la jerga de ciertos militares, alguien que llega con una orden de detención, especialmente si es de rango inferior, es un “perro”. A veces la expresión se extiende más allá de una situación determinada, y todo queda en plural: se llaman “los perros”, un símil del “perraje” en la sociedad chilena. Aquel término es el que la directora chilena Marcela Said (1972) comenzó a utilizar como título de trabajo para su nueva película y es el que finalmente quedó, casi por derecho consuetudinario. En la película hay militares, muchos de ellos, y hay un ex coronel detenido por graves acusaciones.

El conocimiento de causa de Said es directo y fueron algunas experiencias las que originaron la historia de Los perros, la cinta seleccionada para competir en el Festival de Cannes 2017, dentro de la sección Semana de la Crítica, el próximo jueves 18 de mayo. La Semana de la Crítica es una de las competencias clásicas de Cannes y nació en el año 1962 con el objetivo de privilegiar las primeras y segundas películas. La de Marcela Said es en rigor su quinta cinta, pero es sólo su segunda producción no documental tras El verano de los peces voladores (2013), que estuvo en Cannes 2013 en la sección Quincena de Realizadores. Los acontecimientos biográficos son determinantes para la directora de I love Pinochet (2001) y, de alguna manera, su experiencia como documentalista se infiltra en su ficción. Por esta razón, Los perros es en realidad una consecuencia de su trabajo en El mocito (2011), el retrato de Jorgelino Vergara, sirviente de cafés y sánguches en cuarteles de la Dina y mozo personal del general Manuel Contreras.

“Fue mientras hacía ese documental que conocí al ex coronel de Ejército Juan Morales Salgado. Comencé a tomar clases de equitación con él. Pasaron los años y Morales fue acusado por violaciones a los derechos humanos: estaba involucrado en el Caso Prats. Un día cayó preso y ahora está en Punta Peuco”, comenta Said sobre el ex militar que además fue jefe de la Brigada Lautaro de la Dina.

Probablemente la experiencia de la realizadora daría para un documental aparte, pero a partir de aquellos hechos decidió crear una ficcionalización cuyo centro de gravedad es el personaje de Mariana (Antonia Zegers). Se trata de una mujer de clase acomodada y y con una vida matrimonial al borde del colapso. Su único respiro vital son las clases de equitación que toma con un militar en retiro en el Club Ecuestre. Su nombre es Juan y lo interpreta Alfredo Castro.

La película, que cuenta también con productores de Argentina y Francia entre otros países, convoca además al actor y dramaturgo argentino Rafael Spregelburd (El crítico) como Juan, el esposo distante de Mariana. Y también, nada menos, involucra a Alejandro Sieveking, otro actor y dramaturgo aunque de la vieja escuela, como Francisco, el padre de ella. “Tenía ganas de hablar del papel de los civiles durante el régimen de Pinochet, de la relación de éstos con los militares. Es uno de aquellos temas que no se toca mucho. El personaje de Mariana se siente en principio atraída por Juan, pero súbitamente se enfrenta a la verdad que hay detrás de él, a las acusaciones que se le hacen”, explica la directora.

La relación de Mariana con Juan es sólo parte de una historia mayor que además se bifurca en varios caminos: está la propia y frágil vida emocional de Mariana, una mujer solitaria y cuya vida nunca fue más allá de la burbuja del bienestar financiero; está su padre Francisco, un empresario forestal que colaboró con los militares en acciones que escapan a la ética; está por supuesto Juan, un hombre “divertido, acampado, de carácter fuerte” en palabras de la cineasta, ahora condenado por la historia. Cómo en su filme anterior, otra vez la directora ingresa al territorio del conflicto entre una familia de buen pasar y la realidad a la vuelta de la esquina. Si en El verano de los peces voladores, la joven Manena y su recalcitrante padre (que también se llamaba Francisco) entendían y malentendían respectivamente a la comunidad mapuche, en Los perros, Mariana y su clase lidiarán con la historia de Chile.

“Me interesa indagar en esta zona de Chile. Es una zona violenta, oscura y que a mi me duele. Me interesa la violencia contenida y explícita de la sociedad, del mundo en que Mariana se mueve. Ella es una mujer insegura, frágil, con enormes carencias afectivas que se siente atraída por este hombre solitario con un pasado oscuro”, dice Said, que en un afán de arriesgada docu-ficción incorporó en el filme una escena donde interviene el propio “mocito” de su documental. “En El mocito, había una escena en que Jorgelino Vergara iba a visitar el auténtico coronel. En Los perros, él se interpreta a sí mismo y recrea ese momento”, cuenta la directora de Opus Dei, una cruzada silenciosa (2006).


El viaje de Paulina García

Poco después de ganar el Oso de Plata a Mejor Actriz en el Festival de Berlín por Gloria (2013), la actriz Paulina García se encontró con dos historias que golpeaban a la puerta de su agenda: una era la de la película Little men (2016), filme del estadounidense Ira Sachs que el año pasado se mostró en Sundance y que en mayo se estrenará en Chile; la otra era la trama de La novia del desierto (2017), una coproducción argentino-chilena de las realizadoras trasandinas Cecilia Atán y Valeria Pivato. Han pasado cuatro años desde que ambas se contactaron por mail con Paulina García y ahora la cinta debutará nada menos que en la Selección Oficial del Festival de Cannes, dentro de la sección Una Cierta Mirada.

“Desde que escribimos el personaje de Teresa, teníamos el afán de buscar actores más allá de la frontera argentina. De alguna manera, el interés de Paulina García por protagonizar La novia del desierto, fue el primer sí a la película, la primera puerta que se abrió. Ella ha estado con nosotros desde el 2013 y en la película aparece en cada uno de los cuadros. Un poco como en Gloria, aunque éste es un personaje totalmente opuesto, contemplativo, silencioso” comenta Cecilia Atán (1978).

“Su personaje es el de una empleada de puertas adentro que desde los 20 años trabaja en esta familia acomodada de Buenos Aires. En un momento todo se desarma, venden la casa y ella queda en una especie de limbo. Es entonces cuando la mandan a San Juan, a la casa de unos parientes. La película justamente muestra este viaje, donde conoce al Gringo (Claudio Rissi), que ella cree tiene un bolso que perdió. En un principio pareciera que el Gringo tiene un carácter muy opuesto al de ella. Todo esto transcurre en el desierto de Cuyo, que es muy singular, porque tiene vegetación”, explica Valeria Pivato (1973).

Con bastantes años de experiencia en el cine de Juan José Campanella y Pablo Trapero, donde trabajaron de asistentes o supervisoras de guión entre otras labores, Atán y Pivato debutan en la dirección con La novia del desierto. La cinta transcurre totalmente en Argentina, pero no sólo cuenta con coproductores chilenos, sino que además obtuvo fondos estatales locales. A Paulina García en el rol protagónico se unen además el director de fotografía Sergio Armstrong (Neruda) y la montajista Valeria Chignoli (No), ambos chilenos.

“Lo que me gustó desde el principio fue la audacia de la historia y las características del personaje de Teresa: es una mujer de pocas palabras, introspectiva y hasta de poca iniciativa. Su vida depende un poco de adónde la manden. Está como ausente de sí misma y si hubiera que llamarla, habría que hacerlo dos veces para que reaccionara”, explica Paulina García (1960) . “Ella es chilena, pero lleva 30 años en Buenos Aires. El único lazo importante de su vida es el que tuvo con el hijo de esta familia, al que crió, pero que ya creció y se casó. Cuando viaja a San Juan, forzada por las circunstancias, pierde su bolso, que es su única pertenencia. Se aferra a él de manera bastante testaruda y ahí entra el personaje de el Gringo, un tipo relajado y abierto, distinto a ella”, cuenta la actriz, que terminó de filmar la cinta en este verano, a veces con 42 grados en pleno desierto cuyano. “Es un paisaje magnífico, con una flora y fauna propia, de cierta manera mucho más amable que nuestro desierto. Las imágenes parecen casi de la prehistoria del mundo”, agrega García.

Coincidentemente Paulina García y Alfredo Castro participaron además en La cordillera, producción argentina de gran presupuesto con Ricardo Darín, que también estará en la sección Una Cierta Mirada del Festival de Cannes. “Los dos vamos con dos películas. Claro que en mi caso es la primera vez en Cannes”, dice la actriz.

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