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Culto
Kendrick Lamar sigue siendo el rey

Kendrick Lamar sigue siendo el rey

El hiphopero vuelve a estar en la cima con su nuevo disco, DAMN., pero seamos honestos, nunca ha bajado de ahí.

Podría decirse que este mes de abril ha sido el mes de Kendrick Lamar, pero también podría decirse lo mismo de el año pasado y del ante pasado. También podría decirse que el 2012 se acabó el hip hop como lo conocíamos y nació el hip hop como volvió a reformularlo Kendrick Lamar.

Entonces de 25 años, Kendrick Lamar Duckworth publicó su segundo disco de estudio, good kid, M.A.A.D city, siendo M.A.A.D una sigla para My Angry Adolescence Divided. Eso fue lo que escuchamos, la juventud de Kendrick en un disco que, cual adolescente, te ponía las reglas claras para que no le arruinaras la onda en una canción pronto convertida en hit: “Bitch Dont Kill My Vibe”. El disco era un vistazo a la vida del joven Duckworth en una ciudad como Compton, lugar clave en la historia del rap; mientras RUN DMC cantaban sobre Adidas, en Compton aparecía N.W.A para decirle a la policía (permiso) que se fuera a la mierda. Lo que hicieron Dr.Dre, Ice Cube, MC Ren, DJ Yella y Eazy E cuando Kendrick era un niño, fue clave para lo que haría Kendrick después. Hablar honestamente, desde uno mismo a lo que te rodea, era algo que apenas había hecho Grandmaster Flash en los 80s con The Message, pero que con N.W.A explotó, y tal como dirían ellos al mismo Kendrick en una entrevista para Billboard años después, hicieron que los artistas se sintieran libres de ser ellos mismos. Y si eso implicaba ser un poco más duros y no tan políticamente correctos, eso también estaba bien.

Kendrick Lamar entendió el mensaje, y años después lo plasmó en su segundo disco, el que dejó a la crítica arrodillada a sus pies y a los demás músicos del mundo también.

Si Kendrick había ido a ver a Dr.Dre y Tupac grabar el video de “California Love” en Compton cuando tenía 8 años, ahora podía compartir con Dre en Aftermath Entertainment, teniendo a su ídolo como productor.

Lo que trajo Kendrick a la industria es una reflexión que se había dejado de hacer. Quizás desde Eminem que no aparecía un rapero con la calidad musical, vocal y lírica de Kendrick Lamar. Su tercer disco se usó en un colegio de New Jersey para enseñar sobre la “Dicotomía de la cultura negra en Estados Unidos”: “To pimp a butterfly” apareció justo cuando explotaba el movimiento de Black Lives Matter, y se convirtió en su soundtrack no oficial.

Con un single como “Alright” -“Quieren matarnos muertos en la calle, Estoy en la puerta del predicador, mis rodillas se están debilitando y mi arma puede estallar, pero vamos a estar bien”-, Lamar hacía frente a las muertes que sucedieron de forma continua en Estados Unidos de negros a manos de la policía, algo que Kendrick ya había presenciado en Compton. De eso se salvó, porque “el hip hop era el contrapeso a la presión de los pares. Si no estaba con mis amigos, estaba en el estudio y mi mamá me dejaba quedarme hasta las 4 AM porque sabía que ahí no tendría problemas”, ha dicho él.
Si sus 3 discos publicados ya habían hecho estremecer a la industria, luego publicó quizás como un bálsamo un EP con demos que no habían quedado en “To Pimp a Butterfly” pero que mantenían la veta política y nos daban de paso un vistazo a un Kendrick más experimental (aún) y más cercano al Jazz que en otros discos.

Kendrick Lamar Duckworth no es de los que callan. El, a través de su música, asume la responsabilidad de generar cambios. En marzo de este año llegó una nueva sorpresa, Lamar publicó “The Heart Part 4”, una canción en la que decía que nos preparáramos para el 7 de abril, día en que aunque el mundo esperaba un disco nuevo, sólo anunció que éste llegaría una semana después y así fue como el viernes 14 llegó DAMN.

“Lo haré por Compton/ La mayoría solo están envidiosos, pero son los celos los que te pueden matar”, canta en “ELEMENT”. Canción en la que deja claro que el rap y el hip hop son sus elementos. No hay músico que se mueva mejor en su estilo que Kendrick Lamar. Nuevamente, ha sido un triunfo en crítica y con los fanáticos. Kendrick Lamar vuelve a estar en la cima, pero seamos honestos, nunca ha bajado de ahí.

Kendrick tiene el poder de hacer una canción con Bono y que a la gente le de lo mismo, ya lo había hecho con Taylor Swift en “Bad Blood” (2014). En DAMN. Kendrick se pone personal (“DNA.”), religioso (“GOD.”) y romántico (“LOVE.”) incluso, pero nunca deja de lado la responsabilidad que tiene de hacer algo. Porque informar y hablar de lo que está pasando ha sido parte fundamental de la historia del hip hop. Si con “To Pimp A Butterfly” ya estaba harto del racismo y los problemas sociales, con la victoria de Trump en las elecciones Kendrick viene y nos dice DAMN.

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