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Culto
Bryan Adams: sin repetir ni equivocarse

Bryan Adams: sin repetir ni equivocarse

El canadiense no solo conserva la voz intacta, sino que aún irradia un aspecto juvenil, la energía explosiva, el ansia por recorrer el escenario y rasguear la guitarra con fuerza.

Con más de 30 años de éxitos Bryan Adams podría llegar a un reducto como el Movistar Arena repleto de fans maduros y cantar “Run to you”, uno de varios éxitos que inscribió en el espectacular Reckless (1984), desatar un karaoke de inmediato y desechar la oferta de novedades. La semana pasada en el mismo reducto fue la opción de Elton John, despachar un clásico tras otro. Pero el canadiense de 57 años tiene más intereses que manejar las rentas de una estrella pop rock de los 80 y vivir exclusivamente de recuerdos. Adams confía en su nuevo material, esa combinación de chispa y encanto que le identifica, y para eso trajo a Chile un álbum como Get up (2015) producido por Jeff Lyne de Electric light orchestra, un trabajo ejemplar en términos de intención y resultados. Adams dio lo mejor de si como autor e intérprete y Lyne puso su rúbrica, ese sonido romántico y evocativo. Son canciones con la pretensión de demostrar que el rock es suficiente para enamorar y buscar diversión en una misma frecuencia, algo que el género parece haber olvidado con el efecto de un tiro en los pies para su vigencia artística.

Entonces Bryan Adams abrió la noche con “Do what ya gotta do”, una de las nuevas y el público, en vez de contemplar un título desconocido, cogió el ritmo y olvidó los asientos el resto de la cita. El canadiense no solo conserva la voz intacta, sino que aún irradia un aspecto juvenil, la energía explosiva, el ansia por recorrer el escenario y rasguear la guitarra con fuerza. No requiere elementos extras, solo pantalla gigante al fondo y las luces necesarias para concentrar la atención plenamente en él y sus músicos, algunos de ellos compañeros desde los inicios.

El listado de canciones intercaló algunas de las mejores piezas del nuevo álbum como “You belong to me”, un rock & roll con todo el encanto de los arreglos de Lyne, y el medio tiempo “Don’t even try” que también bordea el espíritu del rock de los 50, más los éxitos insoslayables. En “Heaven” y “Summer of 69”, dos de sus mejores composiciones, la asistencia se apropió de las primeras líneas. Keith Scott, eterno compañero del canadiense, hizo aullar la guitarra en el solo de “It’s only love”.

A partir de “Here I am” el concierto bajó revoluciones para adentrarse en las baladas, tanto o más exitosas en el repertorio de Bryan Adams, incluyendo “(Everything I do) I do it for you”, desatando una estela de chillidos y karaoke de comienzo a fin.

El power pop volvió con “Somebody”, un clásico sin fisuras, indemne al tiempo de la misma manera que Bryan Adams luce. La clave que domina y funciona es ser fiel a su historia entregando las canciones que la audiencia atesora y aplicar fina selección de lo nuevo. Aunque es el mismo de siempre no se repite, algo que solo los grandes saben hacer.

Sobre el autor:

Marcelo Contreras |
Periodista. En Twitter es @marcelotreras