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Culto
Los héroes de Jorge González

Los héroes de Jorge González

En Héroe, el ex prisionero no sólo narra su historia íntima a modo de autobiografía, sino que también pone sobre la mesa todas sus referencias musicales, desde Rick Astley, The Stanglers y The Beatles, hasta Bananarama y Salvatore Adamo.

Entre las decenas de fotografías inéditas y el relato al hueso que hace Jorge González en su autobiografía Héroe, lanzada por estos días, asoma una carta brillante escrita en mayo de 1972 por Koke Rey, el padre del hombre de La voz de los 80: “Querido hijo. Cuando llegué anoche tú y tu hermanito estaban durmiendo (…). Les revisé las tareas y las encontré lindas, pero me dijo la mamá que tuvo que pelear con ustedes para que las hicieran, eso no lo encontré lindo. Espero que nunca más haya que retarlos para que cumplan con sus trabajos y así serán tan bonitos como ahora y se superarán al jugar al fútbol (los mejores jugadores son los que más han estudiado, como Tito Fouillioux, que es abogado)”.

Ni Jorge ni su hermano Marco –a cargo de la publicación de Héroe– se convirtieron en abogados ni mucho menos en jugadores de fútbol profesional. Eso sí, el líder de Los Prisioneros postuló a Derecho, aunque como cuarta opción en el proceso de admisión universitaria en 1983. En la antigua ficha que había que llenar para postular a la universidad y que ilustra una de las 79 páginas de esta autobiografía, González puso como primera opción “Licenciatura en Música”, como segunda alternativa “Licenciatura en Sonido” y como tercera postulación “Licenciatura en Literatura”. Todas en la Universidad de Chile.

Héroe transita por estos detalles, en una edición de gran factura, con la conocida pluma de González, que va al grano, sin rodeos, como cuando por ejemplo cuenta que “fuera de la patria vivimos el placer de ser un poco exóticos. En Colombia me hice llamar ‘Capitán Futuro’, como el héroe de la serie de dibujos animados. La pasé pipa, aunque sufría con lo inseguro del setting en vivo; cagaban las máquinas y no podíamos tocar algunas canciones. El ‘unplugged’ no estaba de moda”. Eso, en plena época de La cultura de la basura.

La autobiografía, limitada a sólo mil unidades, contiene un trabajo gráfico que permite ver, cómo no, la evolución histórica de González, con imágenes de memorabilia desconocida hasta ahora. Como pie de página resaltan fotos de casetes, con su consiguiente evolución, desde los IRT grises hasta los de cromo de 90 TDK.

Lo que sí deja “un gusto a poco”, así entrecomillas, es que el relato del ex prisionero llega sólo hasta los dos conciertos de regreso en el Estadio Nacional de 2001. “Nadie estaba tan oxidado aún. Ensayamos los temas con tranquilidad y salimos a la cancha. 27 canciones coreadas en esas dos noches ante un público con la mitad de nuestra edad saltando ante las leyendas. No me costó nada y lo repetimos en estadios de Colombia y Perú. Nació mi hijo Goyito y me llenó de felicidad”, cuenta González sobre ese hito de la banda sanmiguelina.

Como en Demosobra triple publicada a fines de 2016 con nada menos que 53 “maquetas”, descartes, tomas alternativas y canciones inéditas de Jorge González- Héroe refleja una obra “gonzaliana” luminosa, profunda y fruto de un trabajo metódico y profesional. Al mismo tiempo, el cantautor pone sobre la mesa sus principales fuentes de inspiración, no sólo en sus relaciones humanas, sino que también por las bandas que lo cautivaron, desde su infancia en San Miguel a su período más adulto en calle Beauchef.

En su etapa más temprana resaltan las alusiones a “She loves you” y “I’ll get you”, de The Beatles, que escuchaba “en la casa de mi abuela” o “Quiero” y “El lamento de los justos” de Salvatore Adamo. O bien “el excelente I who have nothing, super álbum de Tom Jones”, como narra el mismo González, menciones que bien podrían servir como recomendaciones musicales aunque el propósito no sea precisamente ese.

“Al año siguiente mi padre me trajo un tocadiscos y me dio plata para comprar Creedence Clearwater Revival vol 1., publicado en Chile, creo, por Banglad. Luego mis primeros sencillos fueron ‘Devotion/Sunshine’, ‘You Should be dancing’ y ‘Subway’ de the Bee Gees y anhelaba el disco en vivo de Kiss, amén del de Earth Wind and Fire. Grababa los especiales de medianoche que pasó a Queen, ELO, Kiss o a Vangelis, pero no se me ocurría para nada tocar”, dice el músico, hoy de 52 años. El estallido prisionero, con Claudio Narea y Miguel Tapia, vendría después.

Una vez que González conoció a sus compinches, el espectro musical no hizo más que ampliarse, con casete regrabados que contenían discos como Abbey Road, Sgt. Pepper’s, Rubber Soul y Magical Mistery Tour de los Beatles; Let’s go de The Cars o Cars de Gary Newman. “Con Narea caminamos hasta conocer Providencia y llegar a la disquería Circus, donde nos impresionamos con el sonido de ‘Born to be alive’ por Patrick Hernández y vimos copias cerradas de los álbumes solistas de las estrellas de Kiss”, cuenta “El Jorge”.

Por cierto, González también menciona Sandinista de The Clash, a Devo, a los Sex Pistols, pero también a Carpenter, a Yes, a ELP y a The Stanglers. “Cuando aparecí con la canción ‘Brigada de negro’ todo parecía mucho más en serio, por la obvia calidad de los temas que me surgían, ‘Paramar’, ‘Sexo’ y varios más (…)”, revela. En su relato, la historia personal de González se entreteje precisamente con canciones y bandas. De hecho, cuando conoce a Carlos Fonseca en la universidad, “podía hablar de ThomasDolby y Soft Cell, que son excelentes, amén de superficialidades como Duran Duran o Kajagoogoo”.

Como si fuera poco, cuenta que “No necesitamos banderas” estuvo “bien influenciada por el primer disco de UB 40 y por el Uprising del genial Bob Marley”. “Hice mi primer programa de batería con un drumulator, la máquina de Construction time again de los capos de Depeche Mode y que usamos en ‘Evelyn’ con dispar resultado”, señala. También hay detalles no menores, como que la caja de “La voz de los 80” se pasó por un sintetizador Korg MS 2 para que sonara tipo B-52 o como un remix de Olivia Newton John.

Ya en el tiempo del Pateando piedras (1986), las referencias van para Kraftwerk. “No olvido la triunfal sensación sentida al oírla en la radio”, cuenta al hablar de “Muevan las Industrias”. También da cuenta de cómo pensó que debía ser el sonido de La cultura de la basura (1987): “Yo amaba las producciones de Stock, Aitken and Waterman, así como los remixes de Shep Pettibone. El revival del rockabilly con Robert Gordon y los fabulosos Stray Cats, más el nacimiento del hip hop, Run-D.M.C o Tone Loc, entre muchos (…).

Ya para Corazones (1990), la banda sonora de González era Bananarama, Nitzer Ebb y Rick Astley, “que nació el mismo día que yo”, destaca. Todo lo que viene después, ya es otra historia, aunque tampoco una tan diferente.


Sobre el autor:

Alejandro Tapia |
Editor de Mundo de La Tercera. Ha cubierto los más importantes hitos políticos de América Latina de las últimas dos décadas.